01 de desembre, 2006

La canción del viernes (33) “The last poem” de Sophie Auster per Peix

¡Feliz viernes a todos!

Parece que el otoño ha llegado con retraso a Barcelona, tal como no deseaban los hombres del tiempo de los noticieros de la TV y la radio. ¡No tengáis prisa! ya llegará el mal tiempo, ya. Una angustiosa impaciencia recorre a todos los que aman la meteorología, los cirros y los estratocúmulos, que ya tienen ganas de encarcelar las camisetas de manga corta y las ventanas abiertas. Parece inevitable relacionar la tercera estación del año con los días grises, las bufandas prematuras, las castañas y los boniatos. Esto no deja de ser una imagen un poco, demasiado, romántica de los meses que siguen a las vacaciones. En el otoño, las hojas de los plataneros caen re-cremadas desde las copas desnudas, el viento se vuelve frío y áspero, sacamos los edredones del fondo del armario, no se ven tantos cafés con hielo en los bares y las chicas combinan las minifaldas con botas de invierno, que tan de moda se han puesto estos últimos años. Pero también existe una banda sonora para esta época del año. Acostumbran a conformarla canciones tristes y melancólicas; melodías pausadas y llenas de matices. Canciones como la de hoy, que despiertan las entumecidas emociones, que sucumben ante las nubes, que adornan los salones oscuros y los tazones de café con leche hirviendo. Un anhelada caricia, una pieza de ropa interior olvidada en el parquet, una sonrisa cómplice.

Todo esto y más podemos sentir al escuchar “The last poem” de Sophie Auster. Extraído de su primer larga duración, resplandece con luz propia en un disco elaborado y, francamente, excelente para ser un bautismo de fuego. Dueña de una voz cálida y versátil, la hija de los escritores Siri Hustvedt (“Todo cuanto amé”) y Paul Auster (“La trilogía de Nueva York”, “Leviatán”, “Mr. Vértigo”, “Brooklyn Follies”, etc...), el flamante último Príncipe de Asturias de la letras, ha sido criada para llegar donde ha llegado. Cuando tan solo contaba con diecisiete años, después de media vida en clases de canto y interpretación, su padre se asocia con One Ring Zero (un dúo indie novayorkés) y poco después, en 2004, ve la luz la grabación que lleva por título simplemente “Sophie Auster”. El resultado es un álbum con aromas franceses, instrumentos clásicos de la más glamurosa bohemia europea, las brillantes adaptaciones de poetas franceses (Eluard, Tzara, Soupault y Apollinaire), las letras de de su padre y las de la propia Sophie. El trabajo tiene cierta repercusión en Francia y España, donde no sorprende que lo haga porque son los países europeos que más adoran la creación literaria de papá Auster, pero, sobretodo, contiene los indicadores que permiten establecer las causas por las que se debe seguir la carrera de esta chica.

Sophie Auster nace en Nueva York en julio de 1987. Desde pequeña, y empapada de un ambiente familiar promiscuo con las artes, oye los cantos de sirena de la interpretación, la música y, como no podía ser de otra manera, las letras. En una casa donde la banda sonora corría a cargo de las teclas de las máquinas de escribir de sus progenitores, la chiquilla comienza a despuntar dentro de las artes escénicas. El matrimonio no escatimó en gastos y con los años llegaron los primeros papeles en las películas familiares, “Lulú on the bridge”, y las instantáneas como modelo. Esta americana, además de tener una belleza espectral, tampoco lo ha tenido fácil, una adolescencia complicada y el peso del legado familiar, la arrastraron a una depresión y una anorexia. Todo pareció arreglarse con el ingreso de Sophie en la facultad de literatura de Manhattan y el revuelo de la grabación del disco. Nosotros nos alegramos, los frutos parecen excelentes y los cosecha creativa de la muchacha parece no tener final; acaba de interpretar un papel secundario en la última película de su padre “La vida privada de Martin Frost” y ya ha puesto las miras en su segundo disco, según ella, algo más “underground” que éste último.



Apenas no puede evitar ese deje intelectualoide al que su familia le ha llevado irremediablemente. Una chica, que por sus gustos,parece querer mostrarse más mayor de lo que le toca, como si no pudiera ser menos que la tradición familiar, como si no pudiera permitirse las más mínima frivolidad. Construye un personaje acorde a su condición y bienestar personal. Con ella y su canción nos quedamos hasta la semana que viene.

2 comentaris:

Anònim ha dit...

No dejas de sorprenderme...

Sin ninguna duda, lo mejor del blog!

Peix ha dit...

Gràcies pel comentari!!

Sempre ajuda...