30 de juny, 2020
14 de maig, 2020
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #48).
Entrada 48
Un bestiajo que no estaba disfrutando el camino ha debido derrapar y
se ha llevado por delante el km 61 del camino.
¿Será bruto el tipo? Porque los kilómetros están señalizados
con un pilón de hormigón con una base de mas o menos 30 cm. Lo
dicho: o era muy, muy brutete o el paisaje no lo disfrutaba nada,
nada.
Ahora, el km 61 está por ahí tirado, a merced del primer vasco
levantador de piedras que pase por allí y quiera llevárselo de
recuerdo.
09 de maig, 2020
29 de març, 2020
07 de març, 2020
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #47).
Dia 24.
Entrada 47.
Nos estamos acercando a nuestro destino. Parece que no se acaba de
producir el ataque final, y yo tampoco encuentro una excusa plausible
para eliminarla y que no sospechen nada los del seguro. Supongo que
espera al final.
A medida que nos acercamos, decidimos que podemos
aflojar el ritmo, así podemos ir paseando con tranquilidad, viendo
el paisaje y disfrutando de lo mejor que nos ofrece el viajecito: el
camino mismo.
Es por eso que aún no hemos llegado, ¿vale? Otros hacen el camino
con mas rapidez, si, pero son unos zopencos porque NO DISFRUTAN.
Nosotros podríamos ir más rápido pero no queremos, ¿queda claro?
Asi disfrutamos mas. ¿Vale? Y si, es verdad: estamos disfrutando
MUCHO. Somos muy DISFRUTANTES.
09 de febrer, 2020
11 de desembre, 2019
20 d’octubre, 2019
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #46)
Dia 23.
Entrada 46.
Hoy, al salir, había otros peregrinos desayunando en el hotel.
Hablaban de ésto y de lo otro, muy a la suya. Nosotros nos
ocupábamos de nuestros asuntos, como Dios manda. Cuando se han
marchado, no nos han dicho ni adios. Como si no estuviéramos.
Tururú. Ella se lo ha tomado como una ofensa.
Pues nada, nos hemos levantado y hemos comenzado a caminar. Enseguida
nos hemos situado detrás de las dos chicas, que tenían un
parsimonioso caminar. Los tipos no estaban. Hemos imaginado que
estarían por delante, pues su conversación dejaba claro que eran
unos de esos "héroes del camino" capaces de hacer 70Km
diarios a la pata coja.
Pues como nos habían caído mal desde el principio, hemos comenzado
a despotricar de ellos alegremente, con desparpajo. Y en ésto que
nos adelantan dos peregrinos. ¡Releches! ¡Eran ellos! Debían
haberse rezagado visitando otro albergue.
Mientras pasaban junto a nosotros, nos hemos preguntado en silencio
si nos habrían oido, mientras nos corría el sudor por la sien. Nada
parecía indicarlo. Hemos empezado a respirar tranquilos.
Entonces he oído el familiar sonido de la anilla de una granada al
ser arrancada con los dientes. El explosivo ha surgido de entre los
dos caminantes, que no se han dignado ni a darse la vuelta, y ha
caído a nuestros pies. La explosión ha diseminado nuestros cuerpos
a diez metros a la redonda por un bucólico paraje gallego. Fin del
diario.
15 de setembre, 2019
05 de juliol, 2019
04 de juny, 2019
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #45)
Entrada 45.
Los mosquitos son unos cabrones. Unos cabrones de mala especie, buenos para nada. Llevan picándome desde el inicio del viaje. Al principio sus picadas no representaron la más leve molestia, de manera que tuve una desacostumbradamente feliz convivencia con las picadas y los mosquitos que las provocaban. De repente, ésta mañana, todo cambió. Se me han inflado las picadas y me han comenzado a arder cosa mala. Mi cara parecía un mapa. Brazos y piernas estaban tan hinchados que más de uno me ha confundido con el increible Hulk. Aprovechando que ella tenía que ir a la revisión de los 150Km al hospital más cercano, la he acompañado a ver qué podían recetarme para las picadas. Yo, tonto de mí, creía que con una pomadita habría suficiente. Craso error.
El hospital estaba colapsado con las incontables urgencias. Me refiero a colapsado según los estándares gallegos, lo cual significa que hemos tenido que esperar en una sala vacía durante menos de un minuto, hasta que se ha abierto una puerta, ha salido el paciente anterior y una voz ha gritado: "el siguiente".
Ha sido en ese momento cuando un fragmento de mi psique me ha alertado de lo que iba a suceder a continuación. Y he caído en la cuenta de lo estúpido que había sido dejándome arrastrar al hospital sin sopesar siquiera esa posibilidad. Efectivamente. La doctora ha dicho "inyección" ¡Oh, no! ¡Si lo sabía! ¡Lo sabía! ¡¡Haber pillado muerte!!
Pues nada. He tenido que afrontar la circunstancia con energía, valor y toda la dignidad que me permitían mis posaderas descubiertas.
-¿Tienes alergia a algo? -me ha preguntado la enfermera.
¿Por qué me lo preguntaba? ¿Es que había posibilidad de provocarme un shock anafiláctico fatal?
-Esto tal vez duela un poco -ha añadido.
¿¿Pero qué cumbres del dolor iba a alcanzar para recibir tal advertencia por parte de una profesional entrenada para tratar de minimizar los impactos y tranquilizar a los atemorizados pacientes?? ¡Eso sólo podía resultar en una agonía indescriptible, peor que cuando aquellos elefantes me pisotearon por encima de los colchones de fakir!
La enfermera ha procedido al pinchazo cuando yo estaba casi a punto de neutralizarla con una patada voladora y salir huyendo por la ventana. Pero el pinchazo ha sido tan solo un poco molesto y en cuanto al dolor, lo habría sentido mayor al recibir el impacto de una pelota de ping-pong lanzada por un nonagenario.
Mis picadas se han desinflado a la misma velocidad que la sangre abandonaba mi rostro y que el mundo entero se fugaba de mi campo de visión. Me he despertado tendido en la camilla con los pies en alto y la enfermera remojándome el rostro con amor y comprensión. Es una pena que me haya visto en mi momento de mayor vergüenza: tengo una imagen que mantener, de manera que iba a tener que matarla. Y me temo que también debía volar el hospital. No puede haber testigos.
Ahora, después de la masacre, ya estoy algo mejor de las picadas. Se ha rebajado la hinchazón. Lo malo es que el picor sigue. A falta de una solución mejor, ella me ha dado una cremita que podía ayudar a dicho problema, pues se ve que previene contra picores de indeterminada procedencia... en la zona vaginal.
Y así me encuentro ahora, poniéndome en la picadas de los putos mosquitos una cremita diseñada para aliviar los picores en el chocho. Ésta mujer quiere hundirme antes de darme el golpe de gracia.
05 de maig, 2019
09 de febrer, 2019
26 de novembre, 2018
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #44)
Día 22. Entrada 44.
Hoy hemos entrado en el camino por una población y, caminando por
ella, nos ha dado una sensación extraña, familiar. Diríamos que ya
habíamos pasado antes por allí. Hasta hemos empezado a
reconocerlo:¡coño, pues claro! ¡el muy barcelonés barrio de
Sarrià! ¡También está en Galicia! Lo que pasa es que los gallegos
se olvidaron de poner el acento en todos los carteles. Imagino que
debe ser por la ausencia de acento abierto (`) en los teclados
locales. La cuestión es que hemos celebrado la feliz doble ubicación
del entrañable barrio de clase alta para coger el metro, y en 10
minutos nos hemos plantado en casa, donde hemos pasado la tarde
tranquilamente, viendo la tele, regando las plantas y aprovechando
para recoger el correo atrasado. Después hemos cogido el metro de
vuelta a Sarriá, y a seguir el camino.
Desde luego, qué lejos parecen estar las cosas a veces y qué cerca
que están en realidad.
18 de novembre, 2018
03 de setembre, 2018
01 de maig, 2018
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43. Eventualidades de los viajes 8ª y última parte).).
Décimo séptima:
Mujeres. Los recesos
vacacionales son proclives a otro tipo de problemáticas. Se diría
que en temporada alta, las mujeres se vuelven locas: la propia decide
que pasa de tí, mientras que las ajenas empiezan a mirarte de manera
libidinosa y a hacerte propuestas deshonestas de folleteo
desacomplejado.
Yo, para ganar tiempo he optado por la táctica del "si". A
cada propuesta que me llegue, la acepto, y me pongo a satisfacer sin
mas a la fémina en cuestión, porque si no, se acaban acumulando,
formando ruidosos tumultos y así, amigos, no hay manera de salir a
disfrutar de las pirámides.
Después, ya en el hotel, cuando tu mujer te pida el divorcio, yo te
recomiendo continuar con la táctica del “si”. Cada cosa que te
haga ella, la vas respondiendo afirmativamente una y otra vez, una y
otra vez:
-¿Así que quieres el divorcio?
-Si.
-Ya. Lo que aquí pasa en realidad es que te estás viendo con otra,
¿verdad?
-Si.
-¡Ahá! ¡Si ya me lo olía! ¡Se trata de esa mosquita muerta del
departamento comercial con sus contínuas idas y venidas a la máquina
del Nespresso! ¡No, si ya me imaginaba que esos escotazos que me
lleva siempre no eran fruto de la casualidad! ¡Todo forma parte del
plan!
-Si.
-¡Pues que te jodan! ¡Esa tía es una burra, que se va a ir con el
primero que le pase delante conduciendo una moto!
-Si.
-¡Ah, lo admites! ¡Admites que es una fresca, una desvergonzada y
que se va con cualquiera!¡Pues,mira ahora ya es tarde para
arrepentirse! ¡Claramente soy lo mejor a lo que podías aspirar en
vida, y ahora he dejado de estar a tu alcance!
-Si.
-¡Y a decir verdad, no se qué vi en ti! ¡Eres un hijoputa sin
escrúpulos! ¡Un inmaduro! ¡Un bruto sin seso! ¡Un pesimista
patológico incapaz de hacer feliz a una mujer!
-Si.
-...
...y así hasta la saciedad. Si realmente te quiere, llegará un
momento que te pedirá que no la abandones, y tu le responderás que
si, cerrando un círculo vicioso tan aburrido como innecesario. Y si
no te quiere... ¿De verdad pensabas pasar toda la vida junto a un
ser tan despreciable? ¡Ten algo de orgullo, joder!
Décimo octava:
aburrimiento supino. Oh si.
Tarde o temprano lo experimentaréis. De repente, aquél monumento
único en el mundo os parecerá que lo tenéis muy visto. O que os lo
imaginábais mas grande. O no tan roto. Vuestra aventura puede
transformarse en un incordio: todo el día sentados en un incómodo
autocar, acompañados de montones de desconocidos para bajar y pasar
tan solo 15 minutos de vuestra vida en un rincón del mundo, oyendo a
un pavo largando sin pausa acerca de lo que vais a visitar si es que
tiene el tiento de callarse antes de que pasen esos 15 minutos y ya
toque volver al autocar.
Las vacaciones pueden volverse un agobio. De repente, ese monumento
único en el mundo que tanto te emocionaba visitar, te parecerá
insulso y mal cuidado. La playa paradisíaca te parecerá
frustrantemente parecida a Castelldefels, la tribu de indígenas se
te antojará una familia normal disfrazada con taparrabos. Nada te
parecerá auténtico, lo mucho que te ha costado el viaje te vendrá
a la cabeza una y otra vez, y pensarás que te habría valido mas la
pena quedarte en territorio conocido.
No hay que desesperar. El aburrimiento viene y va. Hay que estar
preparado para afrontarlo y tener esperanzas de que la novedad y la
emoción pronto regresarán.
Yo he experimentado ese tipo de aburrimiento cuando huía de la tribu
de los bodrongo: los pigmeos de rabo largo del interior de las selvas
de Gambia, durante la celebración de las bodas de ámbar de su diosa
principal Orotoba, en medio de una lluvia de fuego que solo se
produce una vez cada 10000 años. La misma noche en que las criaturas
de la selva se alzan sobre sus patas traseras y recuperan su
capacidad para hablar con palabras humanas.
El tedio me mataba, y es que tanta persecución y tanto ritual eran
para mi algo ya visto.
Bueno, pues creo que ya he hecho un resumen de todo lo malo que puede
suceder y seguramente acabará sucediendo a lo largo del viaje.
Retomo mi reflexión del principio: ¿Porqué ésta ansia por viajar?
¿A qué responde? ¿Qué nos impulsa ? Pues yo os lo diré: ¡No
importa lo malo que sea ir de viaje, quedarse en casa es
infinitamente peor! ¿Sabeis la de cosas que pueden ocurrir dentro de
casa durante las vacaciones? Yo si. Las he contado. Podría escribir
un libro con todas ellas. Pero eso es algo que dejaré para otro día.
22 d’abril, 2018
23 de febrer, 2018
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