12 de novembre, 2014

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #37).

Dia 19. 

Entrada 37. 

Cae la noche en la frontera galaico-leonesa. Son muchas las historias que hablan de terribles accidentes de tráfico cuyas víctimas vagan, aún en pena, por los alrededores de los lugares donde perecieron.
Éste tipo de historias me pone de un humor de perros. No me gusta nada contra lo que no pueda enfrentarme con mi magnum 45.
La noche de hoy era especialmente tenebrosa. Un viento que helaba el espíritu hacía tintinear un móvil de tubos de hojalata. Nosotros estábamos forcejeando en la oscuridad con la cerradura del siniestro hotel donde nos alojábamos, a pie de carretera.
De repente, hemos visto luces acercándose por la carretera. Eran 4 luces paralelas que se aproximaban a cierta velocidad, 2 delante y dos detrás. Lo que nos faltaba: extraterrestres. Afortunadamente, en mi vida he tenido contactos con algunos agentes de importantes agencias americanas, y me explicaron algunas cosillas. Nos hemos quedado ambos de pie junto a la carretera y hemos puesto cara de alelaos, con la mirada perdida. Es lo que hay que hacer. Ciertas civilizaciones del espacio exterior no pueden distinguirnos si nos quedamos quietos como estatuas. De manera que nos hemos puesto allí, mirándoles, muy quietos.
Y ha resultado que no eran extraterrestres. Mas bien un par de coches que, por alguna razón, después de vernos han comenzado a dar volantazos hasta que uno se la ha pegado contra un alcornoque y el otro se ha despeñado por un barranco.
Nos hemos mirado y los dos nos hemos lanzado a ayudar. Los hemos rematado con misericordia y hemos desaparecido de la zona a toda velocidad.




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