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02 de maig, 2026
04 de gener, 2008
La canción del viernes (46) Los mejores discos del año 2007 según “La canción del viernes” per Peix (3)
Discos varios internacionales
Burial - Untrue (Electrónica)

Silencio ¿podéis oír el sonido de la página pasando? Pues bien, eso es lo que está haciendo este productor anónimo con “Untrue”. Nos encontramos ante un cambio de rumbo en la música electrónica, un contundente golpe de timón en la vanguardia de una de las familias musicales más inquietas del momento. Burial se ha ganado el respeto y la admiración, con solo dos discos, de los gurús de su profesión. Si bien su segunda incursión no ha sorprendido tanto como la primera, ha consolidado la rotura y ha cambiado él solito las normas del juego. “Untrue” es frío, hipnótico, emoción oscura, dub profundo, soul fantasmagórico, ambient y esa voz, esa voz... podría seguir pero me he jurado no pasar de las diez líneas por disco. “Archangel”, “Near Dark”, “Ghost Hardware” y “Raver” te transportarán a lo mejorcito de los clubs de Detroit, Berlin y Manchester. Simplemente indispensable.
Nick Cave & Warren Ellis- “The assessination of Jesse James...” (Banda Sonora)

Nick Cave vuelve al listado de la excelencia con una banda sonora. No es la primera inmersión del australiano en el cine pero sí que es una de las mejores. Con Warren Ellis, uno de sus inseparables “Bad Seeds”, al violín y él al piano se firma la música de uno de los mejores films del año. El trabajo compone fotografías melancólicas, pasajes sobrecogedores y emociones frágiles. Con alguna ayuda de cuerdas pero austeros, al fin y al cabo, Ellis y Cave evocan con suma delicadeza el western crepuscular, tan de moda últimamente en la gran pantalla. Que esté al alza no quiere decir que esté trillado y el género, que parecía saturado, rejuvenece de la mano de los grandes cineastas. A sabiendas de que una banda sonora es más un contexto que temas sueltos, no hay ningún pudor en recomendar la escucha de “Rather lovely thing”, “Carnival” y “Song for Bob”.
Michael Brecker - Pilgrimage (Jazz)

Desafortunadamente, Michael Brecker murió de leucemia el 13 de enero de 2007, tenía 57 años. Poco antes había grabado este último disco que vio la luz en primavera ¿Qué más podemos decir? Pues que sin duda es uno de los mejores trabajos de su carrera y de este año que acaba de terminar. Con unos músicos de sesión de auténtico lujo (Pat Metheny, John Patitucci, Herbie Hancock, Brad Mehldau y Jack DeJohnette) Brecker sopla su último suspiro de gloria en un saxofón que la maldición ha callado para siempre. Enorme obra de jazz, maduro y complejo, donde el smooth y el post-bop se dan la mano con firmeza y tradición. Tocó con muchos grandes: Bruce Springsteen, Elton John, Herbie Hancock, Paul Simon, Frank Sinatra, Frank Zappa, John Lennon, Lou Reed, Dire Straits, Chick Corea... y se le ha comparado con Coltrane y Shorter, ahora le lloramos escuchando su obra póstuma “Pilgrimage”.
Bebo Valdés & Javier Colina - Live at the Village Vanguard (Jazz)

Una producción de Nat Chediak y Fernando Trueba nos trae en plástico el famoso concierto que el patriarca del jazz latino y el contrabajista Colina, venido del universo flamenco, oficiaron en la mítica sala neoyorquina. Piano y contrabajo, codo con codo, dan repaso a un repertorio clásico y formidable, donde sobresalen los boleros (“Sabor a mí”, “Si te contara”), los clásicos de Bebo (“Con poco coco”) e hitos del jazz del siglo pasado (“Waltz for Debby” de Bill Evans). A la vejez viruelas, y por la madre del amor hermoso que Valdés así lo demuestra. Las manos del pianista cubano tienen dedos de ángel, magia arcana y vibraciones divinas. Su estado de gracia es envidiable e imperecedero (recordamos que nació en 1918, eso queda muy lejos ¿eh?) y sus últimas incursiones así lo demuestran. Hay que escuchar a Valdés, es del todo obligatorio.
Daft Punk - Alive 2007 (Electrónica)

Agárrate Catalina que vamos a galopar. La pareja francesa más freakie de la electrónica se viste de largo (con cascos, guantes y chupas ajustadas color platino incluidos) para ofrecernos su nuevo directo. Grabado, allá en su pueblo, el 14 de junio pasado, vuelven a demostrar porqué son quienes son y nos deleitan con una sesión vibrante y demoledora de su repertorio. Mientras que los hermanos chemical comienzan a vivir de rentas pasadas, los parisinos parecen no perder la forma. Y es que los Daft Punk se regalan lo suyo en esta última entrega; en directo son un auténtica fiesta y eso se nota en el resultado final del disco. Si hubieran nobels al baile, ellos ya tendrían uno. Especialmente palpitantes y saladas son las versiones de “Robot rock/Oh yeah”, “Around the world/Harder Better Faster Stronger” y “Da funk/Daftendirekt”.
Os dejamos con Burial y su "Ghost Hardware": feliz primer viernes de año a todos.
Burial - Untrue (Electrónica)

Silencio ¿podéis oír el sonido de la página pasando? Pues bien, eso es lo que está haciendo este productor anónimo con “Untrue”. Nos encontramos ante un cambio de rumbo en la música electrónica, un contundente golpe de timón en la vanguardia de una de las familias musicales más inquietas del momento. Burial se ha ganado el respeto y la admiración, con solo dos discos, de los gurús de su profesión. Si bien su segunda incursión no ha sorprendido tanto como la primera, ha consolidado la rotura y ha cambiado él solito las normas del juego. “Untrue” es frío, hipnótico, emoción oscura, dub profundo, soul fantasmagórico, ambient y esa voz, esa voz... podría seguir pero me he jurado no pasar de las diez líneas por disco. “Archangel”, “Near Dark”, “Ghost Hardware” y “Raver” te transportarán a lo mejorcito de los clubs de Detroit, Berlin y Manchester. Simplemente indispensable.
Nick Cave & Warren Ellis- “The assessination of Jesse James...” (Banda Sonora)

Nick Cave vuelve al listado de la excelencia con una banda sonora. No es la primera inmersión del australiano en el cine pero sí que es una de las mejores. Con Warren Ellis, uno de sus inseparables “Bad Seeds”, al violín y él al piano se firma la música de uno de los mejores films del año. El trabajo compone fotografías melancólicas, pasajes sobrecogedores y emociones frágiles. Con alguna ayuda de cuerdas pero austeros, al fin y al cabo, Ellis y Cave evocan con suma delicadeza el western crepuscular, tan de moda últimamente en la gran pantalla. Que esté al alza no quiere decir que esté trillado y el género, que parecía saturado, rejuvenece de la mano de los grandes cineastas. A sabiendas de que una banda sonora es más un contexto que temas sueltos, no hay ningún pudor en recomendar la escucha de “Rather lovely thing”, “Carnival” y “Song for Bob”.
Michael Brecker - Pilgrimage (Jazz)
Desafortunadamente, Michael Brecker murió de leucemia el 13 de enero de 2007, tenía 57 años. Poco antes había grabado este último disco que vio la luz en primavera ¿Qué más podemos decir? Pues que sin duda es uno de los mejores trabajos de su carrera y de este año que acaba de terminar. Con unos músicos de sesión de auténtico lujo (Pat Metheny, John Patitucci, Herbie Hancock, Brad Mehldau y Jack DeJohnette) Brecker sopla su último suspiro de gloria en un saxofón que la maldición ha callado para siempre. Enorme obra de jazz, maduro y complejo, donde el smooth y el post-bop se dan la mano con firmeza y tradición. Tocó con muchos grandes: Bruce Springsteen, Elton John, Herbie Hancock, Paul Simon, Frank Sinatra, Frank Zappa, John Lennon, Lou Reed, Dire Straits, Chick Corea... y se le ha comparado con Coltrane y Shorter, ahora le lloramos escuchando su obra póstuma “Pilgrimage”.
Bebo Valdés & Javier Colina - Live at the Village Vanguard (Jazz)

Una producción de Nat Chediak y Fernando Trueba nos trae en plástico el famoso concierto que el patriarca del jazz latino y el contrabajista Colina, venido del universo flamenco, oficiaron en la mítica sala neoyorquina. Piano y contrabajo, codo con codo, dan repaso a un repertorio clásico y formidable, donde sobresalen los boleros (“Sabor a mí”, “Si te contara”), los clásicos de Bebo (“Con poco coco”) e hitos del jazz del siglo pasado (“Waltz for Debby” de Bill Evans). A la vejez viruelas, y por la madre del amor hermoso que Valdés así lo demuestra. Las manos del pianista cubano tienen dedos de ángel, magia arcana y vibraciones divinas. Su estado de gracia es envidiable e imperecedero (recordamos que nació en 1918, eso queda muy lejos ¿eh?) y sus últimas incursiones así lo demuestran. Hay que escuchar a Valdés, es del todo obligatorio.
Daft Punk - Alive 2007 (Electrónica)

Agárrate Catalina que vamos a galopar. La pareja francesa más freakie de la electrónica se viste de largo (con cascos, guantes y chupas ajustadas color platino incluidos) para ofrecernos su nuevo directo. Grabado, allá en su pueblo, el 14 de junio pasado, vuelven a demostrar porqué son quienes son y nos deleitan con una sesión vibrante y demoledora de su repertorio. Mientras que los hermanos chemical comienzan a vivir de rentas pasadas, los parisinos parecen no perder la forma. Y es que los Daft Punk se regalan lo suyo en esta última entrega; en directo son un auténtica fiesta y eso se nota en el resultado final del disco. Si hubieran nobels al baile, ellos ya tendrían uno. Especialmente palpitantes y saladas son las versiones de “Robot rock/Oh yeah”, “Around the world/Harder Better Faster Stronger” y “Da funk/Daftendirekt”.
Os dejamos con Burial y su "Ghost Hardware": feliz primer viernes de año a todos.
28 de desembre, 2007
La canción del viernes (45) Los mejores discos del año 2007 según “La canción del viernes” per Peix (2)
Discos de pop internacionales
Spoon - Ga Ga Ga Ga Ga

Hablar del disco del año es hablar de Spoon. Pese a lo naíf del título, nos encontramos con uno de los pelotazos más sonados de este grupo tejano, que, como no, atesora años de oficio y experiencia. Si alguien me escucha desde el otro lado de esta fantástica bitácora, que me haga caso: hay que escuchar a Spoon. Diez composiciones pop exquisitas y sublimes, porque enloquecen y se retuercen en el más difícil todavía a medida que el LP progresa y se consolida, porque son simplemente buenas, porque son obras maestras felices y descaradas. Desde “Don’t make me a target” hasta “Black like me”, asistimos a una demostración de poderío sorprendente; soul, pop, rock, psicodelia y preciosismo. Narrativa incisiva, arriesgada y cercana; una voz que acompaña en las emociones, en el desafío y el desgarro. Es difícil escoger, sin embargo yo recomendaría “The underdog” y las tres primeras canciones del disco.
Robert Wyatt - Comicopera

A Robert hay que contextualizarlo. Ex-batería y cantante del mítico grupo de finales de los sesenta Soft Machine, pionero del sonido de Canterbury, cayó, por el efecto de las drogas, desde la ventana de un tercer piso y quedó inválido en una silla de ruedas para toda la vida. Desde entonces, siempre al lado de su mujer Alfie, sus inquietudes musicales y artísticas se han manifestado, invariablemente, en excelentes discos. Este año nos regala “Comicopera”, un disco brillante dividido en tres actos (hay que tenerlos cuadrados). La poesía de García Lorca, el jazz, la experimentación y las letras comprometidas, se dan la mano en una obra sin igual. Amo de una voz inolvidable, juega con las melodías de sus canciones como nadie, tratando la voz como un instrumento más y alcanzando la perfección en pasajes de extrema belleza. Acompañado por Phil Manzanera, Brian Eno y Paul Weller, Wyatt da la campanada con su ópera cómica. Temas destacados: “Stay tuned”, “Be serious”, “On the town square”, “Out of the blue” y la sorprendente versión de “Hasta siempre comandante”. Obligatorio e indispensable.
Nick Lowe- At my age

Volvemos a la carga con los veteranos. Una imagen de dandy vividor y un pelo completamente blanco son la carta de presentación estética para este grandísimo autor pop. El británico firma un disco elegante, contenido, preciso y genial. No nos avergonzaremos al usar los típicos comentarios para estos casos: “¡Gran reserva!”, “¡Macerado en excelentes barricas de roble!” y “¡Reposado y con buen cuerpo, como los vinos superiores!”. En fin, es mas o menos así, un tipo adulto que sabe hacer canciones y lo borda en cada intento. Seductor y redentor, su sonido puede ser perfectamente americano o smooth pop, soul o jazz, pero, ojo, Lowe tiene su propio estilo, ya no hay vuelta atrás; este tío hace lo que le sale de las pelotas (amén). El canto a las pequeñas cosas nunca fue tan cautivador, tan embriagador. Clásico para algunos, rancio para otros, su disco es uno de los mejores en este año de grandes cosechas (volvemos con los tópicos, que se le va hacer...). Sed generosos y dejaros atrapar por “A better man”, “Long limbed girl” y “I trained her to love me”. En serio, es muy bueno.
Elvis Perkins - Ash Wednesday

Hijo del actor Anthony Perkins, muerto por neumonía en 1992, y de la fotógrafa Berry Berenson, asesinada en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center, el de Los Angeles firma su primer LP en este 2007 con “Ash Wednesday”. Así, de sopetón, todos podríamos pensar: vaya, pobre Elvis, seguro que su trabajo es torturado y doloroso. Tsik, tsik, nada de eso. Evidentemente, hay momentos emotivos y evocadores, sin embargo Perkins graba un disco donde la leyenda del cantautor pop extraordinario se agiganta con las reiteradas escuchas. Conmovedor y alegre, con canciones con lalalalás y todo, los buenos temas se van sucediendo y no queda más remedio que rendirse a los pies de este joven que quiere emular a los Van Morrisons, Leonard Cohens y Bob Dylans que lo han precedido. Elvis Perkins sabe muy bien qué es lo que está haciendo y que nadie se sorprenda al escuchar este gran disco. Estáis avisados, sobretodo con “While you were sleeping”, “All the night without love” y “Sleep sandwich”
Radiohead - In rainbows

Mandangas aparte, sobre la supuesta revolución que supone su disco en descarga directa con precio a la carta (esto lo pueden hacer porque son Radihead y punto; si fueran “Perico de los palotes” o “Fulano de tal”, que ya lo están haciendo hace tiempo, no tendrían tanta repercusión), Radiohead lo ha vuelto a hacer: “In rainbows” es un disco enorme. Sutiles y desgarradores, recuperan el tono de “OK Computer” para sellar un trabajo rico en texturas y capas de expresión. Ya hace tiempo que la banda de Oxford divide a los entendidos, pero si bien es cierto que la corriente de fans que ha generado es insufrible y de soberana bofetada, su trabajo es genial y casi perfecto. Las canciones del nuevo álbum han sido paridas desde la seguridad de las reiteradas pruebas en directo y la firmeza de un sólido y concienzudo trabajo de estudio, toda una declaración de intenciones ¿Qué os esperabais? ¿Cuando han firmado, esta gente, un trabajo flojo? Recomendamos “Bodysnatchers”, “All I need” y “Jigsaw falling into place”.
Feliz viernes y buena entrada de año. Os dejamos con el videoclip "Underdog" de Spoon.
Spoon - Ga Ga Ga Ga Ga

Hablar del disco del año es hablar de Spoon. Pese a lo naíf del título, nos encontramos con uno de los pelotazos más sonados de este grupo tejano, que, como no, atesora años de oficio y experiencia. Si alguien me escucha desde el otro lado de esta fantástica bitácora, que me haga caso: hay que escuchar a Spoon. Diez composiciones pop exquisitas y sublimes, porque enloquecen y se retuercen en el más difícil todavía a medida que el LP progresa y se consolida, porque son simplemente buenas, porque son obras maestras felices y descaradas. Desde “Don’t make me a target” hasta “Black like me”, asistimos a una demostración de poderío sorprendente; soul, pop, rock, psicodelia y preciosismo. Narrativa incisiva, arriesgada y cercana; una voz que acompaña en las emociones, en el desafío y el desgarro. Es difícil escoger, sin embargo yo recomendaría “The underdog” y las tres primeras canciones del disco.
Robert Wyatt - Comicopera

A Robert hay que contextualizarlo. Ex-batería y cantante del mítico grupo de finales de los sesenta Soft Machine, pionero del sonido de Canterbury, cayó, por el efecto de las drogas, desde la ventana de un tercer piso y quedó inválido en una silla de ruedas para toda la vida. Desde entonces, siempre al lado de su mujer Alfie, sus inquietudes musicales y artísticas se han manifestado, invariablemente, en excelentes discos. Este año nos regala “Comicopera”, un disco brillante dividido en tres actos (hay que tenerlos cuadrados). La poesía de García Lorca, el jazz, la experimentación y las letras comprometidas, se dan la mano en una obra sin igual. Amo de una voz inolvidable, juega con las melodías de sus canciones como nadie, tratando la voz como un instrumento más y alcanzando la perfección en pasajes de extrema belleza. Acompañado por Phil Manzanera, Brian Eno y Paul Weller, Wyatt da la campanada con su ópera cómica. Temas destacados: “Stay tuned”, “Be serious”, “On the town square”, “Out of the blue” y la sorprendente versión de “Hasta siempre comandante”. Obligatorio e indispensable.
Nick Lowe- At my age

Volvemos a la carga con los veteranos. Una imagen de dandy vividor y un pelo completamente blanco son la carta de presentación estética para este grandísimo autor pop. El británico firma un disco elegante, contenido, preciso y genial. No nos avergonzaremos al usar los típicos comentarios para estos casos: “¡Gran reserva!”, “¡Macerado en excelentes barricas de roble!” y “¡Reposado y con buen cuerpo, como los vinos superiores!”. En fin, es mas o menos así, un tipo adulto que sabe hacer canciones y lo borda en cada intento. Seductor y redentor, su sonido puede ser perfectamente americano o smooth pop, soul o jazz, pero, ojo, Lowe tiene su propio estilo, ya no hay vuelta atrás; este tío hace lo que le sale de las pelotas (amén). El canto a las pequeñas cosas nunca fue tan cautivador, tan embriagador. Clásico para algunos, rancio para otros, su disco es uno de los mejores en este año de grandes cosechas (volvemos con los tópicos, que se le va hacer...). Sed generosos y dejaros atrapar por “A better man”, “Long limbed girl” y “I trained her to love me”. En serio, es muy bueno.
Elvis Perkins - Ash Wednesday

Hijo del actor Anthony Perkins, muerto por neumonía en 1992, y de la fotógrafa Berry Berenson, asesinada en uno de los aviones que se estrellaron contra el World Trade Center, el de Los Angeles firma su primer LP en este 2007 con “Ash Wednesday”. Así, de sopetón, todos podríamos pensar: vaya, pobre Elvis, seguro que su trabajo es torturado y doloroso. Tsik, tsik, nada de eso. Evidentemente, hay momentos emotivos y evocadores, sin embargo Perkins graba un disco donde la leyenda del cantautor pop extraordinario se agiganta con las reiteradas escuchas. Conmovedor y alegre, con canciones con lalalalás y todo, los buenos temas se van sucediendo y no queda más remedio que rendirse a los pies de este joven que quiere emular a los Van Morrisons, Leonard Cohens y Bob Dylans que lo han precedido. Elvis Perkins sabe muy bien qué es lo que está haciendo y que nadie se sorprenda al escuchar este gran disco. Estáis avisados, sobretodo con “While you were sleeping”, “All the night without love” y “Sleep sandwich”
Radiohead - In rainbows

Mandangas aparte, sobre la supuesta revolución que supone su disco en descarga directa con precio a la carta (esto lo pueden hacer porque son Radihead y punto; si fueran “Perico de los palotes” o “Fulano de tal”, que ya lo están haciendo hace tiempo, no tendrían tanta repercusión), Radiohead lo ha vuelto a hacer: “In rainbows” es un disco enorme. Sutiles y desgarradores, recuperan el tono de “OK Computer” para sellar un trabajo rico en texturas y capas de expresión. Ya hace tiempo que la banda de Oxford divide a los entendidos, pero si bien es cierto que la corriente de fans que ha generado es insufrible y de soberana bofetada, su trabajo es genial y casi perfecto. Las canciones del nuevo álbum han sido paridas desde la seguridad de las reiteradas pruebas en directo y la firmeza de un sólido y concienzudo trabajo de estudio, toda una declaración de intenciones ¿Qué os esperabais? ¿Cuando han firmado, esta gente, un trabajo flojo? Recomendamos “Bodysnatchers”, “All I need” y “Jigsaw falling into place”.
Feliz viernes y buena entrada de año. Os dejamos con el videoclip "Underdog" de Spoon.
20 de desembre, 2007
La canción del viernes (44) Los mejores discos del año 2007 (1) según “La canción del viernes” per Peix
2007 llega a su fin y es de recibo tomarnos el tiempo justo para hacer balance. Desde esta sección, y sin intención de sentar cátedra, queremos recordar cuales han sido los mejores discos del año, aquellos que llegan a las cinco estrellas, según nuestra modesta opinión, en las diversas categorías que, hipotéticamente, nos podrían ocupar. A saber: discos de rock internacionales, discos de pop internacionales, discos varios internacionales (electrónica, jazz, BSO y otros) y discos nacionales. Así pues, empecemos por el principio:
Discos de rock internacionales
The Good, The Bad & The Queen - The Good, The Bad & The Queen

Primer bombazo del año. Damon Albarn, ex-Blur y ex-Gorillaz, recluta a Paul Simonon (The Clash), Simon Tong (The Verve) y, el también veterano, Tony Allen, para grabar un disco en el que no hay sobresaltos pero que en el que todo se acaba hilvanando en un concepto muy significativo. Y es que la política, la denuncia y el pacifismo, tan en auge últimamente, están muy presentes a lo largo de los cuarenta minutos que dura “The Good, the Bad & The Queen”, disco debut de este supergrupo británico. El LP es de los que gana en cada escucha y necesita de reposo y buena letra. Si alguien busca emociones fuertes que no lo compre, si, por contra, te gusta la complejidad y la introspección experimental, este, sin duda, es su álbum. Pese a que no tiene hits, recomendamos “History song”, “Herculean” y “Green fields”.
Shellac - Excellent Italian Greyhound

Steve Albini, además de ser uno de los mejores productores de discos de rock de la historia (“In Utero” de Nirvana y “Surfer Rosa” de Pixies, entre otros), es el guitarrista y cantante de este trío norteamericano, que nos brinda un trabajo de rock que aplasta con todo lo que se le pone por delate desde la primera segundo. Duro, afilado y portentoso, son adjetivos que se quedan cortos para describir lo que la escucha de “Excellent Italian Greyhound” nos depara. Es el disco que tu vecina, la de los geranios, odiara hasta la muerte, el disco que dejará los altavoces de tu salón extenuados, una cabalgata de guitarras y baterías furiosas y demoledoras. Habría que escuchar, aunque sólo sea una vez en al vida, la tríada de canciones que dan el comienzo al LP, la experimental “The end of the radio”, “Steady as she goes” y “Be prepared”. Aunque yo, personalmente, no dejaría escapar la instrumental “Kittypants”. Que nadie se espere un disco sucio; es esencial, simplemente elemental. Bravo.
Grinderman - Grinderman

Alguien podría pensar, al leer los créditos del disco y ver a Nick Cave, que Grinderman podría ser otra propuesta poético-alternativo-preciosista del genio australiano; ni hablar, nada de eso. Si bien las letras continúan reflejando el mundo oscuro e interior de Cave, la música retoma el rock en su vertiente más granítica y, evidentemente, experimental y arriesgada. Arropado por parte de los “The Bad Seeds”, Cave vuelve a la guitarra y nos brinda un trabajo que no cabe, no es coherente, en su carrera en solitario, de ahí la necesidad de generar un proyecto nuevo para integrar la nueva visión; la última criatura. Es un disco cortito y brillante, un nuevo camino por recorrer y un bálsamo para los que no creen ya en el rock. Un sello inconfundible de componer canciones lo promociona, sin embargo no decepciona en absoluto, empezando por la portada: un mono sorprendido por una lluvia repentina. Sobresalen “Get it on”, “Electric Alice” y “Depth charge Ethel”
Arcade Fire - Neon Bible

Para las bandas jóvenes, aquellas que están llamadas a salvar la música rock (siempre según las revistas especializadas), llegar a rayar a un gran nivel en el segundo disco es, si cabe, más jodido que para un restaurante de tendencias dejar de poner rúcula en sus ensaladas. Pero “Arcade Fire” lo ha vuelto a hacer. Si bien “Neon Bible” (título homenaje al primer libro de John Kennedy Toole, muchos lo conoceréis por “La conjura de los necios”) no tiene el mismo registro que “Funeral”, donde los canadienses reventaron el panorama musical con himnos como “Rebellion (Lies)” y “Neighborhood #1 (Tunnels)”, el nuevo trabajo alcanza esa anhelada cima del llamado disco conceptual. Pues es así como nos debemos enfrentar al segundo álbum del grupo indie de moda, como un todo donde las partes justifican una noción de unidad. Anárquicos y contagiosos sobre el escenario (aunque los silbiditos comienzan a hartar), el torrente se vuelve a desatar en la nueva entrega. La épica vuelve a campar a sus anchas sin hacer el ridículo, la rabia rebelde aparece reinventada y los arreglos barrocos explotan por doquier. Confirmado, esta gente tiene lo que hay que tener. Si alguien tiene un poco de tiempo, que escuche “Intervention” y “No cars go”.
Iron & Wine - The Shepherd’s dog

Sam Bean, prestigioso cantautor folk, firma este formidable trabajo, donde, enseguida, la melancolía y las estrofas sutiles acaparan la atención. Hay que seguir a este chico barbudo; su talento va “in crescento” y cada uno de sus discos tienen una huella propia y singular. Los detalles de la cotidianidad, aquellos que todos tenemos y son lugar común, alcanzan con su lirismo un áurea de preciosidad hipnotizante y literaria. Perfecto para el domingo por la mañana lluvioso y tazón de café recién hecho en la mano, “The Shepherd’s dog” aporta un “plus” nada desdeñable. Dicen que cada disco tiene su momento, pues no se crean que este se circunscribe a los días de otoño, que va, se sale para las largas jornadas de coche o las tertulias de sobremesa. Mandangas a parte, este chico de Florida renueva el clásico discurso folk para llevarlo más allá del género acotado. Recomendamos especialmente “Pagan angel and a borrowed car”, “House by the sea” y “Boy with a coin”.
Feliz Navidad a todos y os dejo con un vídeo de “Herculean” de The Good, the Bad and the Queen.
Discos de rock internacionales
The Good, The Bad & The Queen - The Good, The Bad & The Queen

Primer bombazo del año. Damon Albarn, ex-Blur y ex-Gorillaz, recluta a Paul Simonon (The Clash), Simon Tong (The Verve) y, el también veterano, Tony Allen, para grabar un disco en el que no hay sobresaltos pero que en el que todo se acaba hilvanando en un concepto muy significativo. Y es que la política, la denuncia y el pacifismo, tan en auge últimamente, están muy presentes a lo largo de los cuarenta minutos que dura “The Good, the Bad & The Queen”, disco debut de este supergrupo británico. El LP es de los que gana en cada escucha y necesita de reposo y buena letra. Si alguien busca emociones fuertes que no lo compre, si, por contra, te gusta la complejidad y la introspección experimental, este, sin duda, es su álbum. Pese a que no tiene hits, recomendamos “History song”, “Herculean” y “Green fields”.
Shellac - Excellent Italian Greyhound

Steve Albini, además de ser uno de los mejores productores de discos de rock de la historia (“In Utero” de Nirvana y “Surfer Rosa” de Pixies, entre otros), es el guitarrista y cantante de este trío norteamericano, que nos brinda un trabajo de rock que aplasta con todo lo que se le pone por delate desde la primera segundo. Duro, afilado y portentoso, son adjetivos que se quedan cortos para describir lo que la escucha de “Excellent Italian Greyhound” nos depara. Es el disco que tu vecina, la de los geranios, odiara hasta la muerte, el disco que dejará los altavoces de tu salón extenuados, una cabalgata de guitarras y baterías furiosas y demoledoras. Habría que escuchar, aunque sólo sea una vez en al vida, la tríada de canciones que dan el comienzo al LP, la experimental “The end of the radio”, “Steady as she goes” y “Be prepared”. Aunque yo, personalmente, no dejaría escapar la instrumental “Kittypants”. Que nadie se espere un disco sucio; es esencial, simplemente elemental. Bravo.
Grinderman - Grinderman

Alguien podría pensar, al leer los créditos del disco y ver a Nick Cave, que Grinderman podría ser otra propuesta poético-alternativo-preciosista del genio australiano; ni hablar, nada de eso. Si bien las letras continúan reflejando el mundo oscuro e interior de Cave, la música retoma el rock en su vertiente más granítica y, evidentemente, experimental y arriesgada. Arropado por parte de los “The Bad Seeds”, Cave vuelve a la guitarra y nos brinda un trabajo que no cabe, no es coherente, en su carrera en solitario, de ahí la necesidad de generar un proyecto nuevo para integrar la nueva visión; la última criatura. Es un disco cortito y brillante, un nuevo camino por recorrer y un bálsamo para los que no creen ya en el rock. Un sello inconfundible de componer canciones lo promociona, sin embargo no decepciona en absoluto, empezando por la portada: un mono sorprendido por una lluvia repentina. Sobresalen “Get it on”, “Electric Alice” y “Depth charge Ethel”
Arcade Fire - Neon Bible

Para las bandas jóvenes, aquellas que están llamadas a salvar la música rock (siempre según las revistas especializadas), llegar a rayar a un gran nivel en el segundo disco es, si cabe, más jodido que para un restaurante de tendencias dejar de poner rúcula en sus ensaladas. Pero “Arcade Fire” lo ha vuelto a hacer. Si bien “Neon Bible” (título homenaje al primer libro de John Kennedy Toole, muchos lo conoceréis por “La conjura de los necios”) no tiene el mismo registro que “Funeral”, donde los canadienses reventaron el panorama musical con himnos como “Rebellion (Lies)” y “Neighborhood #1 (Tunnels)”, el nuevo trabajo alcanza esa anhelada cima del llamado disco conceptual. Pues es así como nos debemos enfrentar al segundo álbum del grupo indie de moda, como un todo donde las partes justifican una noción de unidad. Anárquicos y contagiosos sobre el escenario (aunque los silbiditos comienzan a hartar), el torrente se vuelve a desatar en la nueva entrega. La épica vuelve a campar a sus anchas sin hacer el ridículo, la rabia rebelde aparece reinventada y los arreglos barrocos explotan por doquier. Confirmado, esta gente tiene lo que hay que tener. Si alguien tiene un poco de tiempo, que escuche “Intervention” y “No cars go”.
Iron & Wine - The Shepherd’s dog

Sam Bean, prestigioso cantautor folk, firma este formidable trabajo, donde, enseguida, la melancolía y las estrofas sutiles acaparan la atención. Hay que seguir a este chico barbudo; su talento va “in crescento” y cada uno de sus discos tienen una huella propia y singular. Los detalles de la cotidianidad, aquellos que todos tenemos y son lugar común, alcanzan con su lirismo un áurea de preciosidad hipnotizante y literaria. Perfecto para el domingo por la mañana lluvioso y tazón de café recién hecho en la mano, “The Shepherd’s dog” aporta un “plus” nada desdeñable. Dicen que cada disco tiene su momento, pues no se crean que este se circunscribe a los días de otoño, que va, se sale para las largas jornadas de coche o las tertulias de sobremesa. Mandangas a parte, este chico de Florida renueva el clásico discurso folk para llevarlo más allá del género acotado. Recomendamos especialmente “Pagan angel and a borrowed car”, “House by the sea” y “Boy with a coin”.
Feliz Navidad a todos y os dejo con un vídeo de “Herculean” de The Good, the Bad and the Queen.
30 de novembre, 2007
La canción del viernes (43) “Jungleland” de Bruce Springsteen per Peix
¡Feliz viernes a todos!
En estos días de colas y aglomeraciones multitudinarias, la figura de Bruce Springsteen vuelve a planear junto a la gloria y la leyenda. A nadie se le escapa que es un artista que ha superado las modas, las etiquetas y los desencantos, con talento, fuerza y trabajo. Hoy, más que nunca, se habla de él y de su futuro concierto en el Camp Nou, donde, si todo continua igual, se espera un lleno hasta la bandera. Es muy difícil, en los tiempos que corren, llenar un estadio de fútbol gigante para un concierto de rock. La época de los grandes grupos ha pasado a la historia. Con la excepción de U2, The Rolling Stones y los reunificados The Police, es muy complicado congregar una parroquia tan extensa.

Como todos los grupos y solistas mayoritarios, Springsteen divide el corazón de los amantes de la música manteniéndoles polarizados. Aborrecido por unos, fanáticamente divinizado por otros, su figura no nos deja indiferente. Hoy este debate no me interesa, desde la precaria objetividad que me da mi no demasiado cariño hacía su música, (no soy fan, ni lo odio a muerte, ni me deja indiferente) os propongo escuchar la que para mi es su mejor canción.
Jungleland se editó en la obra maestra “Born to run” en 1975. Un disco capital en la discografía en el cantante de New Jersey junto a “The River” y “Born in the USA”. Os dejo con su interpretación en el mítico concierto del Hammersmith Odeon, en Londres, de 1975.
Tonight in Jungleland...
En estos días de colas y aglomeraciones multitudinarias, la figura de Bruce Springsteen vuelve a planear junto a la gloria y la leyenda. A nadie se le escapa que es un artista que ha superado las modas, las etiquetas y los desencantos, con talento, fuerza y trabajo. Hoy, más que nunca, se habla de él y de su futuro concierto en el Camp Nou, donde, si todo continua igual, se espera un lleno hasta la bandera. Es muy difícil, en los tiempos que corren, llenar un estadio de fútbol gigante para un concierto de rock. La época de los grandes grupos ha pasado a la historia. Con la excepción de U2, The Rolling Stones y los reunificados The Police, es muy complicado congregar una parroquia tan extensa.

Como todos los grupos y solistas mayoritarios, Springsteen divide el corazón de los amantes de la música manteniéndoles polarizados. Aborrecido por unos, fanáticamente divinizado por otros, su figura no nos deja indiferente. Hoy este debate no me interesa, desde la precaria objetividad que me da mi no demasiado cariño hacía su música, (no soy fan, ni lo odio a muerte, ni me deja indiferente) os propongo escuchar la que para mi es su mejor canción.
Jungleland se editó en la obra maestra “Born to run” en 1975. Un disco capital en la discografía en el cantante de New Jersey junto a “The River” y “Born in the USA”. Os dejo con su interpretación en el mítico concierto del Hammersmith Odeon, en Londres, de 1975.
Tonight in Jungleland...
16 de novembre, 2007
La canción del viernes (42) “Me amo” de Love of Lesbian per Peix
¡Feliz viernes a todos!
Desde Barcelona nos llega esta canción contra la depresión y el desaliento. Un tema de Love of lesbian, una formación catalana caracterizada por unas letras profanas y ricas en universos propios, contra el sinsabor y la apatía. Un electroshock desenfadado y pasado de vueltas que enamora desde la primera escucha.

Hace tiempo que el panorama nacional rompe moldes y suelta lastres sobre los tópicos y prejuicios que se le presupone. La lista de autores y combos de notable calidad es considerable pese a su poca visibilidad. Las TV y las cadenas de radio se empeñan en no darles una oportunidad en pos de otros mucho más mediocres y trillados. Escondidos tras lo establecido se encuentran los verdaderos abanderados de la calidad y la originalidad de nuestra música.
“Me amo” es un himno para el alma sin complejos, un llamamiento a la disidencia del prozac, una letra autocomplaciente con un estribillo inolvidable. Love of lesbian se caracteriza por editar unos discos con brillantes composiciones pop, donde se ensalzan sin contemplaciones las melodías perfectas y las letras poco ortodoxas. “Maniobras de escapismo” (2005) y “Cuentos chinos para niños del Japón” (2007), al cual pertenece el tema de hoy, son un buen ejemplo de la clase de esta banda.
Ningún comentario sobre el vídeo que acompaña la canción, grabado con cuatro chavos por el bajista de la banda en el comedor de su casa; impresionante.
Dedicada a todos aquellos que no lo están pasando nada bien; ellos saben quienes son. Tus complejos a la hoguera !YA!
Desde Barcelona nos llega esta canción contra la depresión y el desaliento. Un tema de Love of lesbian, una formación catalana caracterizada por unas letras profanas y ricas en universos propios, contra el sinsabor y la apatía. Un electroshock desenfadado y pasado de vueltas que enamora desde la primera escucha.

Hace tiempo que el panorama nacional rompe moldes y suelta lastres sobre los tópicos y prejuicios que se le presupone. La lista de autores y combos de notable calidad es considerable pese a su poca visibilidad. Las TV y las cadenas de radio se empeñan en no darles una oportunidad en pos de otros mucho más mediocres y trillados. Escondidos tras lo establecido se encuentran los verdaderos abanderados de la calidad y la originalidad de nuestra música.
“Me amo” es un himno para el alma sin complejos, un llamamiento a la disidencia del prozac, una letra autocomplaciente con un estribillo inolvidable. Love of lesbian se caracteriza por editar unos discos con brillantes composiciones pop, donde se ensalzan sin contemplaciones las melodías perfectas y las letras poco ortodoxas. “Maniobras de escapismo” (2005) y “Cuentos chinos para niños del Japón” (2007), al cual pertenece el tema de hoy, son un buen ejemplo de la clase de esta banda.
Ningún comentario sobre el vídeo que acompaña la canción, grabado con cuatro chavos por el bajista de la banda en el comedor de su casa; impresionante.
Dedicada a todos aquellos que no lo están pasando nada bien; ellos saben quienes son. Tus complejos a la hoguera !YA!
02 de novembre, 2007
La canción del viernes (41) “Hoppípolla” de Sigur Rós per Peix
¡Feliz viernes, de nuevo, a todos!
Más allá de la belleza y del virtuosismo, más allá de la crítica razonable y de los mortales, de la leyenda y la popularidad, allá, en el terreno de los sueños y lo imposible, se encuentran los islandeses Sigur Rós. Un cuarteto capaz de componer canciones tan vibrantes y memorables como la de hoy, una delicia digna del mejor reencuentro para una sección sacada del congelador, resucitada de entre los muertos. Y es que “Hoppípolla” emociona desde su primera nota, desde el primer segundo. Es el testimonio esperanzador de lo que ha de venir, de las sorpresas que nos tiene deparado el futuro incierto de esta música pop, tan maltrecha por la rutina y la mediocridad. Nos llega en este primer viernes de noviembre para pintar el cielo de ocres y turquesas, de nitidez y certidumbre.

Capaces de conmover y renovar, abanderados del post-rock y la música experimental, recogen el testigo de Radiohead para crear una de las músicas más sorprendentes y excelentes de este inicio de siglo XXI.
“Hoppípolla” nace del dico “Takk” en 2005, una masterpiece atronadora e inalcanzable. A la altura, sin duda, de Ágætis byrjun, otro de sus discos cumbre (el primero), llega para no marcharse jamás, para no dejarnos nunca. Una canción que hace enamorarse de la música y de un concepto de arte más allá de los cánones y del prestigio.
Sin complejos, sin prejuicios, sin reparos, hay que dejarse llevar.
Más allá de la belleza y del virtuosismo, más allá de la crítica razonable y de los mortales, de la leyenda y la popularidad, allá, en el terreno de los sueños y lo imposible, se encuentran los islandeses Sigur Rós. Un cuarteto capaz de componer canciones tan vibrantes y memorables como la de hoy, una delicia digna del mejor reencuentro para una sección sacada del congelador, resucitada de entre los muertos. Y es que “Hoppípolla” emociona desde su primera nota, desde el primer segundo. Es el testimonio esperanzador de lo que ha de venir, de las sorpresas que nos tiene deparado el futuro incierto de esta música pop, tan maltrecha por la rutina y la mediocridad. Nos llega en este primer viernes de noviembre para pintar el cielo de ocres y turquesas, de nitidez y certidumbre.

Capaces de conmover y renovar, abanderados del post-rock y la música experimental, recogen el testigo de Radiohead para crear una de las músicas más sorprendentes y excelentes de este inicio de siglo XXI.
“Hoppípolla” nace del dico “Takk” en 2005, una masterpiece atronadora e inalcanzable. A la altura, sin duda, de Ágætis byrjun, otro de sus discos cumbre (el primero), llega para no marcharse jamás, para no dejarnos nunca. Una canción que hace enamorarse de la música y de un concepto de arte más allá de los cánones y del prestigio.
Sin complejos, sin prejuicios, sin reparos, hay que dejarse llevar.
09 de març, 2007
La canción del viernes (40) “El extranjero” de Bunbury per Peix
“Porque allá donde voy
me llaman el extranjero.
Donde quiera que estoy,
el extranjero me siento”
Enrique Bunbury
¡Feliz viernes a todos!
La metáfora, a veces en exceso a veces con maestría. Esa retorcida figura retórica, esa arma arrojadiza en tiempos turbulentos, ese esfuerzo intelectual con premio y zanahoria, que pica con gusto, que purifica y enciende. Más de un censor ha caído de rodillas ante ella, más de uno ha pasado de largo. Miles de significados escondidos, jamás vistos y por descubrir, pequeñas y sutiles representaciones a la sombra. Tal vez en El extranjero de Bunbury encontremos la metáfora del desarraigado en casa, del atentado al significado, por todo lo contrario, por la tangente; tal vez no.
Siempre es difícil saber, al menos yo no lo tengo tan claro, qué ha de tener una buena canción, que elementos alquímicos generan la reacción necesaria e indispensable. Este tema es, sin duda, uno de los grandes del de Zaragoza, con o sin metáfora. El trabajo realizado por Enrique Bunbury en solitario bien merecía un aparte en esta pérdida de tiempo que llamamos la canción del viernes.
Nadando en la autosuficiencia y la pedantería, encontramos en él lo que hemos venido a denominar, humildemente (por supuesto), el desapego condicionado. A saber, los personajes públicos inundan nuestra intimidad por medio de entrevistas, reportajes, grabaciones y cortes publicitarios. Algunos dóciles, otros simpáticos, muchos patéticos, la mayoría guapos o con pose, otros incómodos, irritantes y asquerosos, despiertan en nosotros cariño y odio a partes iguales. Es fácil de entender que ciertas manifestaciones nos molesten y produzcan nuestra irremediablemente repulsa. A menudo se traslada esa tirria a otras categorías o ocupaciones del divo en cuestión; si Julio Iglesias te cae mal será normal aborrecer su música; si Rafa Nadal es del Madrid ya no te agradará tanto que gane; si Cantoná es subnormal igual no te gustará sobre el terreno de juego; si Garci es de derechas es de cajón que no podrás soportar sus películas; por más que sean unos fuera de serie el prejuicio vencerá. Este desapego condicionado es de combate a los puntos, interferencias extra-artísticas alimentan su contagio. Recelo de los condicionados pese a que, a menudo, soy uno de ellos ¡maldita incoherencia! El divismo y el snobismo han sido y serán caldo de cultivo en la creación musical. El ego alimenta el atrevimiento, la desenvoltura, la sensación todopoderosa de infalibilidad. Nos seduce la seguridad del artista, la resolución, pero con cierto peaje de humildad, con los pies en el suelo, bien domadito que en el fondo el dinero es nuestro. La lista de autores cuyo ego no cabría ni el Palau Sant Jordi es larga e inacabable: Roger Waters, Jim Morrison, Miles Davis, Moby, Eminem, Marilyn Manson, etcétera, etcétera y etcétera. Pero, amigos, negar lo innegable es peligroso: muchos de ellos son genios y grandes artistas.
Bunbury no se escapa de esa criba, famosas han sido sus rajadas, de campeonato fueron sus pomposas declaraciones. Héroes del Silencio lo encumbró y lo aburrió, un lavado de imagen y libertad fecundó el psicodélico y electrónico “Radical Sonora”, un brillante trabajo que fue castigado por el público y parte de la crítica.
Luego llegó “Pequeño” y eso fue otro cantar. Conocido como el Tom Waits español, el maño volvió a la cresta de la ola con un trabajo portentoso. De él extraemos este tema, una muestra de su talento para hacer grandes canciones y además buenos LPs. “El extranjero”, que nada tiene que ver con la obra de Albert Camus, nos lleva de viaje por los cabarets con tintes mediterráneos, por la música en mayúsculas. La riqueza armónica del conjunto enamora irremediablemente desde el primer instante y, sí, esa letra no se esconde; perdiendo la grandilocuencia que ostentaba en Héroes del Silencio, Bunbury llega aquí a la cálida y compleja sencillez. Con “Pequeño” el cambio de estilo vuelve a sorprender, si en su pasado rockero pudo notarse encotillado, donde algunos se acomodarían tranquilamente a la espera de los privilegios adquiridos, en solitario parece sentirse completamente libre para maniobrar sin obstáculos, para la creación emancipada.
Enrique Ortiz de Landázuri Yzarduy, si amigos ése es Bunbury, nace en Zaragoza un mes de agosto de 1967. Su apodo llega influenciado por una cita literaria de Oscar Wilde. Pese a ese dato, más o menos intelectual, su etapa estudiantil pasa con más pena que gloria acarreando bares, futbolines y una primera guitarra que adquiere a los trece años. Apocalipsis, Rebel Waltz (ejemplo categóricos de los pretensiosos nombres con los que los adolescentes bautizan a sus combos) fueron sus primeras bandas, más tarde “Proceso Entrópico” y “Zumo de Vidrio”, el germen de “Héroes del Silencio”.
Entonces llegó Phil Manzaneda y todo fueron días de vino y rosas, millones de ventas y conciertos mastodónticos. Pero en 1996 acaba el sueño silencioso, algo ya no iba igual que al principio, todo se había complicado. Bunbury necesitaba respirar, independencia: un cambio. La disolución de la banda dio paso a su extraordinaria carrera en solitario. Después de Radical Sonora y el comentado Pequeño, llegó Flamingos, una bella epopeya sobre el divorcio del artista, de terrible sensibilidad y valiente sinceridad, y Viaje a ninguna parte, con el colofón de la dura gira Freak show, donde Bunbury acusa el cansancio y durante un concierto en Zaragoza abandona el escenario después de la quinta canción (irónicamente el tema se llamaba Sácame de aquí). Todo de un pincelazo, así fácil, cancelación de la gira y disolución de la banda “El Huracán Ambulante”, nueve años al garete y necesito descanso. La tensión y el abatimiento pudieron con el artista aragonés pero no acabaron con él, en 2006 llegó un doble álbum grabado a medias junto a Nacho Vegas: El tiempo de las cerezas. Un espléndido retorno a las ondas y escenarios, seguramente uno de los mejores discos del, 2006. Hace muy poco se ha hecho público el retorno a los escenarios de “Héroes del Silencio”. Al igual que “The Police”, su regreso se materializará tan solo en directo; enhorabuena para los fans de la banda. Pero nosotros nos quedamos con el Bunbury en solitario, con el Bunbury comprometido y arriesgado, experimental y evocador.
me llaman el extranjero.
Donde quiera que estoy,
el extranjero me siento”
Enrique Bunbury
¡Feliz viernes a todos!
La metáfora, a veces en exceso a veces con maestría. Esa retorcida figura retórica, esa arma arrojadiza en tiempos turbulentos, ese esfuerzo intelectual con premio y zanahoria, que pica con gusto, que purifica y enciende. Más de un censor ha caído de rodillas ante ella, más de uno ha pasado de largo. Miles de significados escondidos, jamás vistos y por descubrir, pequeñas y sutiles representaciones a la sombra. Tal vez en El extranjero de Bunbury encontremos la metáfora del desarraigado en casa, del atentado al significado, por todo lo contrario, por la tangente; tal vez no.
Siempre es difícil saber, al menos yo no lo tengo tan claro, qué ha de tener una buena canción, que elementos alquímicos generan la reacción necesaria e indispensable. Este tema es, sin duda, uno de los grandes del de Zaragoza, con o sin metáfora. El trabajo realizado por Enrique Bunbury en solitario bien merecía un aparte en esta pérdida de tiempo que llamamos la canción del viernes.
Nadando en la autosuficiencia y la pedantería, encontramos en él lo que hemos venido a denominar, humildemente (por supuesto), el desapego condicionado. A saber, los personajes públicos inundan nuestra intimidad por medio de entrevistas, reportajes, grabaciones y cortes publicitarios. Algunos dóciles, otros simpáticos, muchos patéticos, la mayoría guapos o con pose, otros incómodos, irritantes y asquerosos, despiertan en nosotros cariño y odio a partes iguales. Es fácil de entender que ciertas manifestaciones nos molesten y produzcan nuestra irremediablemente repulsa. A menudo se traslada esa tirria a otras categorías o ocupaciones del divo en cuestión; si Julio Iglesias te cae mal será normal aborrecer su música; si Rafa Nadal es del Madrid ya no te agradará tanto que gane; si Cantoná es subnormal igual no te gustará sobre el terreno de juego; si Garci es de derechas es de cajón que no podrás soportar sus películas; por más que sean unos fuera de serie el prejuicio vencerá. Este desapego condicionado es de combate a los puntos, interferencias extra-artísticas alimentan su contagio. Recelo de los condicionados pese a que, a menudo, soy uno de ellos ¡maldita incoherencia! El divismo y el snobismo han sido y serán caldo de cultivo en la creación musical. El ego alimenta el atrevimiento, la desenvoltura, la sensación todopoderosa de infalibilidad. Nos seduce la seguridad del artista, la resolución, pero con cierto peaje de humildad, con los pies en el suelo, bien domadito que en el fondo el dinero es nuestro. La lista de autores cuyo ego no cabría ni el Palau Sant Jordi es larga e inacabable: Roger Waters, Jim Morrison, Miles Davis, Moby, Eminem, Marilyn Manson, etcétera, etcétera y etcétera. Pero, amigos, negar lo innegable es peligroso: muchos de ellos son genios y grandes artistas.Bunbury no se escapa de esa criba, famosas han sido sus rajadas, de campeonato fueron sus pomposas declaraciones. Héroes del Silencio lo encumbró y lo aburrió, un lavado de imagen y libertad fecundó el psicodélico y electrónico “Radical Sonora”, un brillante trabajo que fue castigado por el público y parte de la crítica.
Luego llegó “Pequeño” y eso fue otro cantar. Conocido como el Tom Waits español, el maño volvió a la cresta de la ola con un trabajo portentoso. De él extraemos este tema, una muestra de su talento para hacer grandes canciones y además buenos LPs. “El extranjero”, que nada tiene que ver con la obra de Albert Camus, nos lleva de viaje por los cabarets con tintes mediterráneos, por la música en mayúsculas. La riqueza armónica del conjunto enamora irremediablemente desde el primer instante y, sí, esa letra no se esconde; perdiendo la grandilocuencia que ostentaba en Héroes del Silencio, Bunbury llega aquí a la cálida y compleja sencillez. Con “Pequeño” el cambio de estilo vuelve a sorprender, si en su pasado rockero pudo notarse encotillado, donde algunos se acomodarían tranquilamente a la espera de los privilegios adquiridos, en solitario parece sentirse completamente libre para maniobrar sin obstáculos, para la creación emancipada.Enrique Ortiz de Landázuri Yzarduy, si amigos ése es Bunbury, nace en Zaragoza un mes de agosto de 1967. Su apodo llega influenciado por una cita literaria de Oscar Wilde. Pese a ese dato, más o menos intelectual, su etapa estudiantil pasa con más pena que gloria acarreando bares, futbolines y una primera guitarra que adquiere a los trece años. Apocalipsis, Rebel Waltz (ejemplo categóricos de los pretensiosos nombres con los que los adolescentes bautizan a sus combos) fueron sus primeras bandas, más tarde “Proceso Entrópico” y “Zumo de Vidrio”, el germen de “Héroes del Silencio”.
Entonces llegó Phil Manzaneda y todo fueron días de vino y rosas, millones de ventas y conciertos mastodónticos. Pero en 1996 acaba el sueño silencioso, algo ya no iba igual que al principio, todo se había complicado. Bunbury necesitaba respirar, independencia: un cambio. La disolución de la banda dio paso a su extraordinaria carrera en solitario. Después de Radical Sonora y el comentado Pequeño, llegó Flamingos, una bella epopeya sobre el divorcio del artista, de terrible sensibilidad y valiente sinceridad, y Viaje a ninguna parte, con el colofón de la dura gira Freak show, donde Bunbury acusa el cansancio y durante un concierto en Zaragoza abandona el escenario después de la quinta canción (irónicamente el tema se llamaba Sácame de aquí). Todo de un pincelazo, así fácil, cancelación de la gira y disolución de la banda “El Huracán Ambulante”, nueve años al garete y necesito descanso. La tensión y el abatimiento pudieron con el artista aragonés pero no acabaron con él, en 2006 llegó un doble álbum grabado a medias junto a Nacho Vegas: El tiempo de las cerezas. Un espléndido retorno a las ondas y escenarios, seguramente uno de los mejores discos del, 2006. Hace muy poco se ha hecho público el retorno a los escenarios de “Héroes del Silencio”. Al igual que “The Police”, su regreso se materializará tan solo en directo; enhorabuena para los fans de la banda. Pero nosotros nos quedamos con el Bunbury en solitario, con el Bunbury comprometido y arriesgado, experimental y evocador. 02 de març, 2007
La canción del viernes (39) “The Greatest” de Cat Power per Peix
¡Feliz viernes a todos!
La exclusividad de un sistema hecho para triunfadores incuba el desencanto y la desesperación para los que no pueden o no quieren ganar. Inválidos para la competición, incapaces para el juego, marginados obligados o consentidos, todos ellos, perdedores y olvidados, conocen los límites, entre lo correcto y lo defectuoso, entre los de aquí y los de allá. En una civilización donde la solidaridad brilla por su ausencia (si acaso la caridad, la limosna, y apenas...), no hay lugar para los descarrilados. “¡Que se adapten!” dirán algunos, “¡que se lo ganen como todo el mundo!”, “que lo suden”, y quizá lo acompañarán con un proverbial “¡coño!”.
No perder el tren, no apartarse de la carretera, de la línea general, si no: el desprecio, aún peor, el olvido, el aislamiento. Así nos queda de claro desde bien pequeños: dibujando una frontera, los prejuicios juegan su papel divisorio, el corte de la baraja. Fuera de la fronteras, al otra lado, en la cara “mala” del mundo, existe una, otra, sociedad que también vive, ama, odia y teme, que nos habla acerca de los sueños, del anhelo y la aflicción, en fin: de los problemas que siempre han preocupado a la humanidad, pero vistos con otros ojos, mirados desde otra perspectiva. Desde la explosión de los medios de comunicación y el incontestable apogeo del capitalismo, mucho se ha escrito sobre el tema en el siglo XX, Estados Unidos, cuna del sueño americano y el maniqueísmo, es el país donde más expresiones outsiders han acontecido desde el arte en las últimas décadas. Por lo que a la música se refiere hallamos numerosos testimonios que así lo corroboran. De su mano nos sumergimos en la complejidad de ese mundo que algunos se esfuerzan en obviar y otros en relatar. Como ejemplo, y entre otros, que nadie se me vaya a ofender, tenemos a Nirvana, Tom Waits, Neil Young, Nick Cave, PJ Harvey y Cat Power.
Con esta última nos quedamos. Desde su último y aclamado trabajo, The Greatest, nos llega la maravillosa canción de hoy, precisamente The Greatest. Encabezando esta obra maestra del 2006, el tema resulta agridulce, un claroscuro embriagador que con delicadeza nos desarma ante sus majestuosas notas. Allegada al gran público por la benevolencia de ciertos locutores de masas de buen gusto, Chan Marshal (su nombre auténtico) ilumina con este trabajo su discografía de lamentos contenidos y texturas dramáticas.
Arropada con los músicos que hicieron grande el sello Motown, graba en Memphis un álbum de redención, un canto de esperanza y recapitulación. Difícil no emocionarse con su lírica y sensible composición, imposible no rendirse ante la madurez que emana de un disco único y excelente. Arreglado a la vieja usanza, el último disco de la americana resalta de entre la saturación de propuestas por su ternura y debilidad; al borde del llanto, Chan nos canta desde el corazón, sin concesiones, sin sentimentalismos mediocres y lágrimas efectistas. Ardua ha sido la tarea de escoger un tema en tan brillante disco, Lived in bars, Could we, Where is my love, Hate y Love and comunication se lo han puesto muy difícil.
Nacida en el sur de los Estados Unidos hace treinta y cuatro primaveras, Chan Marshal es hija de padres divorciados; su progenitor, un pianista itinerante, se hizo cargo de ella desde muy pequeña. Tras una adolescencia tempestuosa comienza a actuar con el sobrenombre de Cat Power, un ascenso vertiginoso le lleva a Nueva York, a Sonic Youth como padrinos y sus primeras grabaciones,
Dear sir y Mira Lee, en 1995 y 1996, con la discográfica Plain. Desde el principio, y claramente, se pude identificar su particular apuesta taciturna y enigmática por la música. Cantautora oscura y melancólica, sus letras opresivas enseguida despuntaron por la rudeza y la aplastante sinceridad que desprendían. Adorada por los indies y por los críticos, edita Waht would the community think y, sobretodo, Moon pix, con American flag como bandera. Estos trabajos le dan el prestigio necesario para subsistir en el mercado más alejado del star-system convencional y hacerse un nombre de prestigio entre los entendidos. En el 2000 llega Cover records, un álbum de versiones, con temas de Bob Dylan, The Rolling Stones, The Velvet Underground y otros (nunca antes una versión de Satisfaction había sonado tan diferente), en 2003 You are free y finalmente The Greatest. De aspecto frágil y indefenso, con una prosa herida y lastimada, el repertorio de Cat Power posee el veneno corrosivo de los grandes temas, la maldición de los héroes caídos. Brillando con una fuerza demoledora, nos muestra, desde vaya usted a saber que lado, y en el fondo, qué demonios importa, su irresistible y dolorido magnetismo.
La exclusividad de un sistema hecho para triunfadores incuba el desencanto y la desesperación para los que no pueden o no quieren ganar. Inválidos para la competición, incapaces para el juego, marginados obligados o consentidos, todos ellos, perdedores y olvidados, conocen los límites, entre lo correcto y lo defectuoso, entre los de aquí y los de allá. En una civilización donde la solidaridad brilla por su ausencia (si acaso la caridad, la limosna, y apenas...), no hay lugar para los descarrilados. “¡Que se adapten!” dirán algunos, “¡que se lo ganen como todo el mundo!”, “que lo suden”, y quizá lo acompañarán con un proverbial “¡coño!”.
No perder el tren, no apartarse de la carretera, de la línea general, si no: el desprecio, aún peor, el olvido, el aislamiento. Así nos queda de claro desde bien pequeños: dibujando una frontera, los prejuicios juegan su papel divisorio, el corte de la baraja. Fuera de la fronteras, al otra lado, en la cara “mala” del mundo, existe una, otra, sociedad que también vive, ama, odia y teme, que nos habla acerca de los sueños, del anhelo y la aflicción, en fin: de los problemas que siempre han preocupado a la humanidad, pero vistos con otros ojos, mirados desde otra perspectiva. Desde la explosión de los medios de comunicación y el incontestable apogeo del capitalismo, mucho se ha escrito sobre el tema en el siglo XX, Estados Unidos, cuna del sueño americano y el maniqueísmo, es el país donde más expresiones outsiders han acontecido desde el arte en las últimas décadas. Por lo que a la música se refiere hallamos numerosos testimonios que así lo corroboran. De su mano nos sumergimos en la complejidad de ese mundo que algunos se esfuerzan en obviar y otros en relatar. Como ejemplo, y entre otros, que nadie se me vaya a ofender, tenemos a Nirvana, Tom Waits, Neil Young, Nick Cave, PJ Harvey y Cat Power.Con esta última nos quedamos. Desde su último y aclamado trabajo, The Greatest, nos llega la maravillosa canción de hoy, precisamente The Greatest. Encabezando esta obra maestra del 2006, el tema resulta agridulce, un claroscuro embriagador que con delicadeza nos desarma ante sus majestuosas notas. Allegada al gran público por la benevolencia de ciertos locutores de masas de buen gusto, Chan Marshal (su nombre auténtico) ilumina con este trabajo su discografía de lamentos contenidos y texturas dramáticas.
Arropada con los músicos que hicieron grande el sello Motown, graba en Memphis un álbum de redención, un canto de esperanza y recapitulación. Difícil no emocionarse con su lírica y sensible composición, imposible no rendirse ante la madurez que emana de un disco único y excelente. Arreglado a la vieja usanza, el último disco de la americana resalta de entre la saturación de propuestas por su ternura y debilidad; al borde del llanto, Chan nos canta desde el corazón, sin concesiones, sin sentimentalismos mediocres y lágrimas efectistas. Ardua ha sido la tarea de escoger un tema en tan brillante disco, Lived in bars, Could we, Where is my love, Hate y Love and comunication se lo han puesto muy difícil. Nacida en el sur de los Estados Unidos hace treinta y cuatro primaveras, Chan Marshal es hija de padres divorciados; su progenitor, un pianista itinerante, se hizo cargo de ella desde muy pequeña. Tras una adolescencia tempestuosa comienza a actuar con el sobrenombre de Cat Power, un ascenso vertiginoso le lleva a Nueva York, a Sonic Youth como padrinos y sus primeras grabaciones,
Dear sir y Mira Lee, en 1995 y 1996, con la discográfica Plain. Desde el principio, y claramente, se pude identificar su particular apuesta taciturna y enigmática por la música. Cantautora oscura y melancólica, sus letras opresivas enseguida despuntaron por la rudeza y la aplastante sinceridad que desprendían. Adorada por los indies y por los críticos, edita Waht would the community think y, sobretodo, Moon pix, con American flag como bandera. Estos trabajos le dan el prestigio necesario para subsistir en el mercado más alejado del star-system convencional y hacerse un nombre de prestigio entre los entendidos. En el 2000 llega Cover records, un álbum de versiones, con temas de Bob Dylan, The Rolling Stones, The Velvet Underground y otros (nunca antes una versión de Satisfaction había sonado tan diferente), en 2003 You are free y finalmente The Greatest. De aspecto frágil y indefenso, con una prosa herida y lastimada, el repertorio de Cat Power posee el veneno corrosivo de los grandes temas, la maldición de los héroes caídos. Brillando con una fuerza demoledora, nos muestra, desde vaya usted a saber que lado, y en el fondo, qué demonios importa, su irresistible y dolorido magnetismo.23 de febrer, 2007
La canción del viernes (38) “In the air tonight” de Phil Collins per Peix
¡Feliz viernes a todos!
Tristeza, dolor y venganza, muchas canciones tienen que ver con esas palabras. Algunas grandiosas, otras mediocres, estas composiciones se sustentan en una atmósfera agria y resentida. Una amargura que emerge de los malos tiempos, una redención anhelada y perturbada. La cíclica ruptura de los enamorados, el lastimoso desengaño, la traicionera infidelidad y el aplastante desamor son el substrato que bautiza las grandes composiciones. Canciones con las que nos identificamos, con las que aprendemos a olvidar.
La música rock es muy proclive a este tipo de expresiones, habida cuenta tenemos en nuestro país (Los Planetas, Nacho Vegas, Joaquín Sabina, por poner algunos, los más bestias) y en el extranjero (The Rolling Stones, The Cure...), de hecho, no se entiende el movimiento aglutinador y mesiánico del rock sin esos versos envenenados, sin ese eterno lamento. Seguro que todos tenemos esa canción que habla mejor que nosotros sobre aquello que nos pasó y nos arrasó, seguro que entre los reproches cantamos esa tonada que nos viene a la cabeza porque sí, porque es eso; la banda sonora de nuestras vidas recopila las luces y sombras, lo mejor y lo peor. En tiempos de apatía e insensibilidad expulsar los demonios es casi una insolencia, un atrevimiento. Como en el mito del eterno retorno, los buenos tiempos volverán, mientras: caguémonos en todo. Para algunos críticos y observadores cantar al dolor es un paso hacía la madurez, tal vez (se ve que Alejandro Sanz ahora es más maduro porque en su última grabación se filtra la oscuridad de un corazón partido de verdad), pero la madurez está para eso y mucho más, si no que se lo digan a los Dylan, Knopfler, Van Morrison y otros, que se han cansado de buscar la gran canción y se han obsesionado con acaraciar lo sencillo. La música imita a la vida, no se entiende sin ella, es absurda sin su existencia. Bailes, recuerdos, sonrisas, lágrimas, emoción, epopeyas, bucólicas, poesías, todo está en ella, todo lo recoge; nada se escapa.
Como si de un latigazo se tratase, la canción de hoy sacude este plácido viernes de febrero, la inusual “In the air tonight” (cuya letra va acompañada de una leyenda urbana, totalmente falsa, acerca de un hombre que se ahoga en el mar y otro que le niega su ayuda), de Phil Collins, se manifiesta especialmente brutal e incómoda entre el repertorio al que nos tiene acostumbrado el ex-cantante y baterista de Genesis. Poco después del divorcio de su primer matrimonio, el bueno de Collins publica este tema en el, no menos extraordinario, álbum “Face Value” de 1981.
Todo el LP está influenciado por este convulso acontecimiento y temas con el de hoy y “If leave me is easy” completan un trabajo complejo e introspectivo. Con la composición de este tema, el inglés esboza un previo, una visión, del trip-hop y del movimiento musical que aconteció a finales de los ochenta. A caballo entre Genesis y su carrera en solitario, “In the air tonight” posicionó a Phil Collins en el star-system del momento, casi un millón de ventas arroparon la arriesgada propuesta de “Face Value”, público y crítica estuvieron de nuevo de acuerdo.
Philip David Charles Collins nació en Londres el 30 de enero de 1951. Con cinco años y un tambor entre sus manos, la plácida familia Collins comenzó a padecer las consecuencias de un regalo, a priori, inocente y apropiado. Con la adolescencia adquirió la deseada batería, los primeros escarceos con bandas adolescentes y el teatro amateur, Collins actuó en diversas obras de cierto renombre. En 1970 entró a formar parte de Genesis, liderada en aquel entonces por el genial Peter Gabriel, cuando el grupo buscaba un baterista para substituir la plaza que dejaba vacante John Mayhew.
Aportando su buen humor y un buen hacer incomparable en la composición y el arreglo de los temas, Collins se integró perfectamente en el equipo y trabajó a la sombra de Gabriel junto a Banks, Hackett y Rutherford. Tras “The lamb lies down on Broadway” (uno de los álbumes conceptuales más valorados de la formación) Gabriel abandona la banda para iniciar una proclive carrera en solitario, Phil tomó su relevo para coger las riendas de Genesis. Pero las inquietudes personales puedieron más que el trabajo coral y con el mencionado “Face Value”, Collins inicia también su aventura en solitario. Llena de éxitos y altibajos, la compagina con el trabajo de Genesis hasta 1997, cuando finalmente deja el grupo para centrarse en sus creaciones personales. De su discografía cabe destacar “No jacket required” y “But seriously”, donde el apogeo creativo de este singular autor tontea de manera magistral con la calidad y lo comercial, y encontramos, sin duda, al mejor Collins.
Os dejamos con una novedad: desde hoy intentaremos, siempre que sea posible, añadir un vídeo o un audio de la canción que comentamos con esmero y cariño desde esta sección “semanal”.
Tristeza, dolor y venganza, muchas canciones tienen que ver con esas palabras. Algunas grandiosas, otras mediocres, estas composiciones se sustentan en una atmósfera agria y resentida. Una amargura que emerge de los malos tiempos, una redención anhelada y perturbada. La cíclica ruptura de los enamorados, el lastimoso desengaño, la traicionera infidelidad y el aplastante desamor son el substrato que bautiza las grandes composiciones. Canciones con las que nos identificamos, con las que aprendemos a olvidar.
La música rock es muy proclive a este tipo de expresiones, habida cuenta tenemos en nuestro país (Los Planetas, Nacho Vegas, Joaquín Sabina, por poner algunos, los más bestias) y en el extranjero (The Rolling Stones, The Cure...), de hecho, no se entiende el movimiento aglutinador y mesiánico del rock sin esos versos envenenados, sin ese eterno lamento. Seguro que todos tenemos esa canción que habla mejor que nosotros sobre aquello que nos pasó y nos arrasó, seguro que entre los reproches cantamos esa tonada que nos viene a la cabeza porque sí, porque es eso; la banda sonora de nuestras vidas recopila las luces y sombras, lo mejor y lo peor. En tiempos de apatía e insensibilidad expulsar los demonios es casi una insolencia, un atrevimiento. Como en el mito del eterno retorno, los buenos tiempos volverán, mientras: caguémonos en todo. Para algunos críticos y observadores cantar al dolor es un paso hacía la madurez, tal vez (se ve que Alejandro Sanz ahora es más maduro porque en su última grabación se filtra la oscuridad de un corazón partido de verdad), pero la madurez está para eso y mucho más, si no que se lo digan a los Dylan, Knopfler, Van Morrison y otros, que se han cansado de buscar la gran canción y se han obsesionado con acaraciar lo sencillo. La música imita a la vida, no se entiende sin ella, es absurda sin su existencia. Bailes, recuerdos, sonrisas, lágrimas, emoción, epopeyas, bucólicas, poesías, todo está en ella, todo lo recoge; nada se escapa.Como si de un latigazo se tratase, la canción de hoy sacude este plácido viernes de febrero, la inusual “In the air tonight” (cuya letra va acompañada de una leyenda urbana, totalmente falsa, acerca de un hombre que se ahoga en el mar y otro que le niega su ayuda), de Phil Collins, se manifiesta especialmente brutal e incómoda entre el repertorio al que nos tiene acostumbrado el ex-cantante y baterista de Genesis. Poco después del divorcio de su primer matrimonio, el bueno de Collins publica este tema en el, no menos extraordinario, álbum “Face Value” de 1981.
Todo el LP está influenciado por este convulso acontecimiento y temas con el de hoy y “If leave me is easy” completan un trabajo complejo e introspectivo. Con la composición de este tema, el inglés esboza un previo, una visión, del trip-hop y del movimiento musical que aconteció a finales de los ochenta. A caballo entre Genesis y su carrera en solitario, “In the air tonight” posicionó a Phil Collins en el star-system del momento, casi un millón de ventas arroparon la arriesgada propuesta de “Face Value”, público y crítica estuvieron de nuevo de acuerdo.Philip David Charles Collins nació en Londres el 30 de enero de 1951. Con cinco años y un tambor entre sus manos, la plácida familia Collins comenzó a padecer las consecuencias de un regalo, a priori, inocente y apropiado. Con la adolescencia adquirió la deseada batería, los primeros escarceos con bandas adolescentes y el teatro amateur, Collins actuó en diversas obras de cierto renombre. En 1970 entró a formar parte de Genesis, liderada en aquel entonces por el genial Peter Gabriel, cuando el grupo buscaba un baterista para substituir la plaza que dejaba vacante John Mayhew.
Aportando su buen humor y un buen hacer incomparable en la composición y el arreglo de los temas, Collins se integró perfectamente en el equipo y trabajó a la sombra de Gabriel junto a Banks, Hackett y Rutherford. Tras “The lamb lies down on Broadway” (uno de los álbumes conceptuales más valorados de la formación) Gabriel abandona la banda para iniciar una proclive carrera en solitario, Phil tomó su relevo para coger las riendas de Genesis. Pero las inquietudes personales puedieron más que el trabajo coral y con el mencionado “Face Value”, Collins inicia también su aventura en solitario. Llena de éxitos y altibajos, la compagina con el trabajo de Genesis hasta 1997, cuando finalmente deja el grupo para centrarse en sus creaciones personales. De su discografía cabe destacar “No jacket required” y “But seriously”, donde el apogeo creativo de este singular autor tontea de manera magistral con la calidad y lo comercial, y encontramos, sin duda, al mejor Collins.Os dejamos con una novedad: desde hoy intentaremos, siempre que sea posible, añadir un vídeo o un audio de la canción que comentamos con esmero y cariño desde esta sección “semanal”.
12 de gener, 2007
La canción del viernes (37) “Birdland” de Weather Report per Peix
¡Feliz y helado viernes a todos!
Para muchos, la música jazz es uno de los principales causantes, además del estrés, de la jaqueca común, también conocida como hemialgia. Una exposición intensa a la música de Herbie Hancock o Charlie Parker puede causar un profundo dolor (pulsátil) en la cavidad craneal, fotobia (molestia a la luz), fonofobia (molestia al ruido) y severas náuseas que suelen ir acompañadas de dolores abdominales.
Además de crisis cefálicas de cierta importancia, el rechazo a este tipo de música es probable que desencadene, en individuos o colectivos poco tolerantes, estados de sopor alarmantes y enajenación mental. Por tanto, se recomienda la no audición de temas o composiciones que puedan clasificarse como jazz o sucedáneos (pese que en algunos discos de chill-out no se han registrado incidentes), y la extrema precaución en las bandas sonoras de los films de Woody Allen y Clint Eastwood. En fin, entiendo, que con criterio, gusto o disgusto, uno pueda o no satisfacerle un tipo de música, pero me resulta extraño tanto desprecio hacia el jazz. ¿Se requiere cierto esfuerzo para escucharlo? No que yo sepa ¿Es fácil de digerir? Depende de muchos factores. Con esto quiero decir que, evidentemente, no es una música sencilla y ligera pero, viendo la evolución, influencias y envergadura del jazz a lo largo de todo el siglo XX, me parece precipitado juzgarlo tan desfavorablemente. Me parece, también, que en la sociedad de la globalización y la inmediatez, donde comer en un fast-food es una costumbre y la demora de la carga de una página web unos segundos de más, provoca malhumores y bufidos, el jazz no tiene ninguna oportunidad. En esta vorágine de velocidad, la música con algo de complicación y de densidad no puede ser reconocida; no cabe, es un “palo” y da dolores de cabeza. Pero cualquiera que tenga paciencia y algo de curiosidad puede descubrir paisajes sonoros que nunca antes habrá podido apreciar, que jamás habrá soñado escuchar.
Como muestra de una hoja de ruta particular para los curiosos y no iniciados, recomendamos escuchar “la canción del viernes” de hoy, “Birdland” de Weather Report. Esta formación fue, sin duda alguna, junto a Return to Forever, el grupo de jazz de referencia en la década de los setenta.
Un sonido único y particular, sumado al talento interpretativo y compositivo de sus componentes, hizo que durante más de diez años Weather Report fuera una propuesta de vanguardia e innovación. Nacidos de los discos más polémicos de Miles Davis, “In a Silent Way” y “Bitches Brew”, el por entonces, grupo de jóvenes promesas que estuvieron a las órdenes del trompetista de Saint Louis, se emanciparon del genio para dar rienda suelta a su poder creativo. Buena prueba de ello es “Birdland”, una composición excelente y vibrante que iniciaba uno de los discos de referencia de la banda, “Heavy Weather” de 1977. Más tarde, este tema, fue versionado por el popular grupo de jazz vocal, “Manhattan Transfer”, donde Joe Hendricks puso letra a la célebre tonada de Joe Zawinul. Los años pasan pero esta canción continúa fresca y joven como el primer día que se ensayó; acostumbra ocurrirle a las grandes canciones. El título hace referencia a un club de jazz de Nueva York, que se bautizó de esta manera en claro homenaje a Charlie Parker, uno de los creadores de bebop y, junto a John Coltrane, el saxo más influyente del siglo XX.
Weather Report se formó en 1970 con Joe Zawinul a los teclados y Wayne Shorter (miembro fijo de los combos de Miles Davis en esos últimos siete años) al saxofón. Durante los quince años que duró la banda fueron acompañados por músicos de renombre como: Miroslav Vitous al bajo eléctrico, Alex Acuña a la percusión, Dom Um Romao a la percusión, y muchos más, pero si tenemos de resaltar a alguien de esta lista éste es Jaco Pastorious.
Claro que Jaco es otra historia muy particular, ya nos centraremos en él más adelante con un artículo completo. Solo recordar que estuvo con ellos desde 1975 hasta 1982 y que fue una leyenda del del instrumento de las cuatro cuerdas. Que revolucionó el mundo del jazz y el rock, inaugurando una escuela de bajistas que se caracterizaban por extraer sonidos jamás escuchados hasta entonces. Con él y otros (Stanley Clarke, Marcus Miller, Mark King...) el bajo dejó de ser el instrumento insípido que acompañaba a la batería en la sección rítmica, para madurar y pasar a ser un elemento de peso compositivo e interpretativo.
“Black market”, “Mysterious traveller”, el propio “Heavy weather" y el magnífico directo “8:30”, son algunos de sus mejores LPs. Una producción que cesó en 1985 cuando Joe Zaeinul y Wayne Shorter decidieron cerrar el proyecto y continuar sus carreras en solitario.
Para muchos, la música jazz es uno de los principales causantes, además del estrés, de la jaqueca común, también conocida como hemialgia. Una exposición intensa a la música de Herbie Hancock o Charlie Parker puede causar un profundo dolor (pulsátil) en la cavidad craneal, fotobia (molestia a la luz), fonofobia (molestia al ruido) y severas náuseas que suelen ir acompañadas de dolores abdominales.
Además de crisis cefálicas de cierta importancia, el rechazo a este tipo de música es probable que desencadene, en individuos o colectivos poco tolerantes, estados de sopor alarmantes y enajenación mental. Por tanto, se recomienda la no audición de temas o composiciones que puedan clasificarse como jazz o sucedáneos (pese que en algunos discos de chill-out no se han registrado incidentes), y la extrema precaución en las bandas sonoras de los films de Woody Allen y Clint Eastwood. En fin, entiendo, que con criterio, gusto o disgusto, uno pueda o no satisfacerle un tipo de música, pero me resulta extraño tanto desprecio hacia el jazz. ¿Se requiere cierto esfuerzo para escucharlo? No que yo sepa ¿Es fácil de digerir? Depende de muchos factores. Con esto quiero decir que, evidentemente, no es una música sencilla y ligera pero, viendo la evolución, influencias y envergadura del jazz a lo largo de todo el siglo XX, me parece precipitado juzgarlo tan desfavorablemente. Me parece, también, que en la sociedad de la globalización y la inmediatez, donde comer en un fast-food es una costumbre y la demora de la carga de una página web unos segundos de más, provoca malhumores y bufidos, el jazz no tiene ninguna oportunidad. En esta vorágine de velocidad, la música con algo de complicación y de densidad no puede ser reconocida; no cabe, es un “palo” y da dolores de cabeza. Pero cualquiera que tenga paciencia y algo de curiosidad puede descubrir paisajes sonoros que nunca antes habrá podido apreciar, que jamás habrá soñado escuchar. Como muestra de una hoja de ruta particular para los curiosos y no iniciados, recomendamos escuchar “la canción del viernes” de hoy, “Birdland” de Weather Report. Esta formación fue, sin duda alguna, junto a Return to Forever, el grupo de jazz de referencia en la década de los setenta.
Un sonido único y particular, sumado al talento interpretativo y compositivo de sus componentes, hizo que durante más de diez años Weather Report fuera una propuesta de vanguardia e innovación. Nacidos de los discos más polémicos de Miles Davis, “In a Silent Way” y “Bitches Brew”, el por entonces, grupo de jóvenes promesas que estuvieron a las órdenes del trompetista de Saint Louis, se emanciparon del genio para dar rienda suelta a su poder creativo. Buena prueba de ello es “Birdland”, una composición excelente y vibrante que iniciaba uno de los discos de referencia de la banda, “Heavy Weather” de 1977. Más tarde, este tema, fue versionado por el popular grupo de jazz vocal, “Manhattan Transfer”, donde Joe Hendricks puso letra a la célebre tonada de Joe Zawinul. Los años pasan pero esta canción continúa fresca y joven como el primer día que se ensayó; acostumbra ocurrirle a las grandes canciones. El título hace referencia a un club de jazz de Nueva York, que se bautizó de esta manera en claro homenaje a Charlie Parker, uno de los creadores de bebop y, junto a John Coltrane, el saxo más influyente del siglo XX.Weather Report se formó en 1970 con Joe Zawinul a los teclados y Wayne Shorter (miembro fijo de los combos de Miles Davis en esos últimos siete años) al saxofón. Durante los quince años que duró la banda fueron acompañados por músicos de renombre como: Miroslav Vitous al bajo eléctrico, Alex Acuña a la percusión, Dom Um Romao a la percusión, y muchos más, pero si tenemos de resaltar a alguien de esta lista éste es Jaco Pastorious.
Claro que Jaco es otra historia muy particular, ya nos centraremos en él más adelante con un artículo completo. Solo recordar que estuvo con ellos desde 1975 hasta 1982 y que fue una leyenda del del instrumento de las cuatro cuerdas. Que revolucionó el mundo del jazz y el rock, inaugurando una escuela de bajistas que se caracterizaban por extraer sonidos jamás escuchados hasta entonces. Con él y otros (Stanley Clarke, Marcus Miller, Mark King...) el bajo dejó de ser el instrumento insípido que acompañaba a la batería en la sección rítmica, para madurar y pasar a ser un elemento de peso compositivo e interpretativo. “Black market”, “Mysterious traveller”, el propio “Heavy weather" y el magnífico directo “8:30”, son algunos de sus mejores LPs. Una producción que cesó en 1985 cuando Joe Zaeinul y Wayne Shorter decidieron cerrar el proyecto y continuar sus carreras en solitario.
29 de desembre, 2006
La canción del viernes (36) “Part of the process” de Morcheeba per Peix
¡Feliz viernes a todos!
Música y economía han estado ligados desde que todos nos hemos beneficiado de la comercialización de la primera. Cuando hablamos de comercialización no estamos hablando de comercial, nos referimos a aquellos dispositivos industriales que han permitido a todo el mundo escuchar tanto un disco de Wolfgang Amadeus Mozart, Miles Davis, Sigur Rós o de la Oreja de Van Gogh.
Es decir, sin todo este entramado mercantil seguramente no hubiéramos tenido las influencias que hemos tenido o los buenos momentos y recuerdos que hemos vivido con la música. La discusión no está, creo yo, tanto en el “sistema” que mueve la música como en como la mueve. Qué criterios se siguen para producir un disco, como se promocionan, que canales de distribución y por qué, que papel juega la música en directo. Como suele pasar muy a menudo, esto está en manos de gente que no entiende para nada de música, que solo sabe de dólares e inversiones. La pela es la pela y sus imperativos caprichos, junto a una pesada maquinaria de promoción y beneficios, afectan a la música haciéndola girar por la rueda de la fortuna que imponen la casas discográficas. El hecho es que los países europeos tienen, desde hace años, una circuito musico-cultural que vive y se alimenta al margen de la industria; disfrutan de una buena salud independientemente de los gustos que se imponen en los programas de vídeos musicales, las listas de ventas y los programas televisivos de corte popular.
En nuestro país esto existe pero, para variar, el olfato de los productores va por otra lado; “pero si es lo que “la gente” quiere, lo que a todo el mundo le gusta” argumentaran, pero, como los habitantes de la caverna de Platón, “la gente” no puede escoger. Lo jodido es que se piensan que sí. Y no es que el paladar no esté preparado, no, ese no es el problema. Si una canción difícil (dícese de aquellas que no son “comerciales”) llega a un anuncio de televisión o aparece como la sintonía de un programa, “la gente” anda loca por saber de quién es, donde puede encontrarla o bajársela de internet. Entonces, fenómenos enteros de músicas alternativas salen a la palestra para repartirse el pastel. Para algunos, cuando esto pasa, el fenómeno se desvirtúa, se vende. Algo así pasó con la música “Chill-out”, allá por los finales de los noventa, millones de recopilatorios navideños invadieron los centros comerciales y las tiendas de discos para explotar el nuevo descubrimiento.
Con la canción de hoy queremos salvar algunos muebles de la quema del chill-out. En su momento, todo lo que sonora a tranquilo y con algo de electrónica (si tenía los típicos scratch de los DJ, mejor) era catalogado como chill-out. A tanta paranoia se llegó, que incluso el oportunista de Mike Oldfield, muy listo él, se sacó de la chistera un disco con el mismo nombre. En aquellos días, si querías promocionar algo, tenías de etiquetarlo como la música de moda, la música del “relax”. Inevitablemente, los Morcheeba quedaron afectados por esta vorágine insufrible. Pero vayamos por partes, la música de Morcheeba se podría catalogar como “Trip-hop”, aquel sonido de Bristol que fundaron los magníficos Massive Attack (de los quién, más adelante, nos tomaremos el tiempo que se merecen). Un estilo característico por mezclar el hip-hop con el house. Nacido en los clubs y forjado por los DJ’s, este estilo creció y maduró con el abrazo del jazz, el soul, el dub y el reggae.
Al abrigo de la poderosa electrónica, se dejaba oír, sobretodo, entre los sofás de los club-lounge del norte de Europa. Y aquí aparecen los Morcheeba, con su elegante y trabajado “downtempo”. Para identificarlos no hay mejor ejemplo que la canción de hoy, “Part of the process”, extraída de su maravilloso álbum “Big calm”, una pieza de bella armonía. Con capas y capas de fluidas texturas, la sugerente y sensual voz de Skye, la ex-vocalista de la banda, nos atrapa en un pasaje onírico y hipnótico. Tomamos esta canción del valioso LP pero no ha sido tarea fácil, “The sea”, “Blindfold” y “The music that we here” se lo han puesto difícil. “Big calm” es un trabajo soberbio y aclamado que se publicó en 1998 y que puede que sea una de los más importantes en las agonías del siglo pasado.
Morcheeba nace en Londres a mediados de los noventa. Con los hermanos Godfrey, Paul, DJ y escritor de las letras, y Ross, guitarras y teclados, al mando, contactan con Skye Edwards para poner voz a sus creaciones. Sus dos primeros álbumes son, sin duda, los mejores trabajos. “Who can you trust?” y “Big calm” aparecen como el legado más interesante de la banda británica. Le siguen el más flojo, “Fragment of freedon” y el revitalizante “Charango”, otra pieza de coleccionista digna de mención.
Todo va viento en popa, las ventas se cuentan por millones, la crítica los trata bien y son reverenciados y estimados como un grupo de culto entre los amantes de la electrónica. Pero aparecen los primeros problemas y Skye, la sedosa voz que había caracterizado los trabajos de la formación, ya no aparece en los títulos de créditos de su último disco: “Antidote”. La suple Daisy Martey pero no es lo mismo, los fans de la banda no les perdonan este cambio y son muy criticados por este inesperado giro. Para la gira que sigue al disco surge la siguiente sorpresa, Jody Sternberg reemplaza a Daisy; tampoco es la extrañada vocalista de los primeros larga duración pero en directo se desenvuelve fantásticamente bien y, para sorpresa de todos, toca el saxo de fábula. A la espera de su nuevo trabajo, para el cual han anunciado un cambio radical, nos complacemos con la relectura de sus clásicos
¡Que paséis una buena noche de fin de año!
Música y economía han estado ligados desde que todos nos hemos beneficiado de la comercialización de la primera. Cuando hablamos de comercialización no estamos hablando de comercial, nos referimos a aquellos dispositivos industriales que han permitido a todo el mundo escuchar tanto un disco de Wolfgang Amadeus Mozart, Miles Davis, Sigur Rós o de la Oreja de Van Gogh.
Es decir, sin todo este entramado mercantil seguramente no hubiéramos tenido las influencias que hemos tenido o los buenos momentos y recuerdos que hemos vivido con la música. La discusión no está, creo yo, tanto en el “sistema” que mueve la música como en como la mueve. Qué criterios se siguen para producir un disco, como se promocionan, que canales de distribución y por qué, que papel juega la música en directo. Como suele pasar muy a menudo, esto está en manos de gente que no entiende para nada de música, que solo sabe de dólares e inversiones. La pela es la pela y sus imperativos caprichos, junto a una pesada maquinaria de promoción y beneficios, afectan a la música haciéndola girar por la rueda de la fortuna que imponen la casas discográficas. El hecho es que los países europeos tienen, desde hace años, una circuito musico-cultural que vive y se alimenta al margen de la industria; disfrutan de una buena salud independientemente de los gustos que se imponen en los programas de vídeos musicales, las listas de ventas y los programas televisivos de corte popular.
En nuestro país esto existe pero, para variar, el olfato de los productores va por otra lado; “pero si es lo que “la gente” quiere, lo que a todo el mundo le gusta” argumentaran, pero, como los habitantes de la caverna de Platón, “la gente” no puede escoger. Lo jodido es que se piensan que sí. Y no es que el paladar no esté preparado, no, ese no es el problema. Si una canción difícil (dícese de aquellas que no son “comerciales”) llega a un anuncio de televisión o aparece como la sintonía de un programa, “la gente” anda loca por saber de quién es, donde puede encontrarla o bajársela de internet. Entonces, fenómenos enteros de músicas alternativas salen a la palestra para repartirse el pastel. Para algunos, cuando esto pasa, el fenómeno se desvirtúa, se vende. Algo así pasó con la música “Chill-out”, allá por los finales de los noventa, millones de recopilatorios navideños invadieron los centros comerciales y las tiendas de discos para explotar el nuevo descubrimiento.Con la canción de hoy queremos salvar algunos muebles de la quema del chill-out. En su momento, todo lo que sonora a tranquilo y con algo de electrónica (si tenía los típicos scratch de los DJ, mejor) era catalogado como chill-out. A tanta paranoia se llegó, que incluso el oportunista de Mike Oldfield, muy listo él, se sacó de la chistera un disco con el mismo nombre. En aquellos días, si querías promocionar algo, tenías de etiquetarlo como la música de moda, la música del “relax”. Inevitablemente, los Morcheeba quedaron afectados por esta vorágine insufrible. Pero vayamos por partes, la música de Morcheeba se podría catalogar como “Trip-hop”, aquel sonido de Bristol que fundaron los magníficos Massive Attack (de los quién, más adelante, nos tomaremos el tiempo que se merecen). Un estilo característico por mezclar el hip-hop con el house. Nacido en los clubs y forjado por los DJ’s, este estilo creció y maduró con el abrazo del jazz, el soul, el dub y el reggae.
Al abrigo de la poderosa electrónica, se dejaba oír, sobretodo, entre los sofás de los club-lounge del norte de Europa. Y aquí aparecen los Morcheeba, con su elegante y trabajado “downtempo”. Para identificarlos no hay mejor ejemplo que la canción de hoy, “Part of the process”, extraída de su maravilloso álbum “Big calm”, una pieza de bella armonía. Con capas y capas de fluidas texturas, la sugerente y sensual voz de Skye, la ex-vocalista de la banda, nos atrapa en un pasaje onírico y hipnótico. Tomamos esta canción del valioso LP pero no ha sido tarea fácil, “The sea”, “Blindfold” y “The music that we here” se lo han puesto difícil. “Big calm” es un trabajo soberbio y aclamado que se publicó en 1998 y que puede que sea una de los más importantes en las agonías del siglo pasado.Morcheeba nace en Londres a mediados de los noventa. Con los hermanos Godfrey, Paul, DJ y escritor de las letras, y Ross, guitarras y teclados, al mando, contactan con Skye Edwards para poner voz a sus creaciones. Sus dos primeros álbumes son, sin duda, los mejores trabajos. “Who can you trust?” y “Big calm” aparecen como el legado más interesante de la banda británica. Le siguen el más flojo, “Fragment of freedon” y el revitalizante “Charango”, otra pieza de coleccionista digna de mención.
Todo va viento en popa, las ventas se cuentan por millones, la crítica los trata bien y son reverenciados y estimados como un grupo de culto entre los amantes de la electrónica. Pero aparecen los primeros problemas y Skye, la sedosa voz que había caracterizado los trabajos de la formación, ya no aparece en los títulos de créditos de su último disco: “Antidote”. La suple Daisy Martey pero no es lo mismo, los fans de la banda no les perdonan este cambio y son muy criticados por este inesperado giro. Para la gira que sigue al disco surge la siguiente sorpresa, Jody Sternberg reemplaza a Daisy; tampoco es la extrañada vocalista de los primeros larga duración pero en directo se desenvuelve fantásticamente bien y, para sorpresa de todos, toca el saxo de fábula. A la espera de su nuevo trabajo, para el cual han anunciado un cambio radical, nos complacemos con la relectura de sus clásicos¡Que paséis una buena noche de fin de año!
22 de desembre, 2006
La canción del viernes (35) “Happy Xmas” de John Lennon per Peix
“Una muy feliz navidad/ Y un feliz año nuevo/ Esperemos que sea uno bueno/ Sin temerle a nada/ La guerra terminó, si tu lo quieres/ La guerra terminó justo ahora.” John Lennon.
Época odiada y querida a partes iguales, la navidad irrumpe a finales de año como un terremoto que todo lo desmorona. Una simbología incuestionable se instala, como parásitos caninos, en las calles de medio planeta: árboles de hoja perenne con adornos ridículos, absurdos Papá Noeles, indignas estrellas de belén, rancios nacimientos, troncos tradicionales medio muertos y, por supuesto, los detestables villancicos.
¿Hay algo más navideño que los villancicos? No. Se mezclan entre la muchedumbre que consume por doquier en las calles comerciales, aparecen irremediablemente en todas las radios, se cantan en las escuelas... ¡Son inevitables! Allá donde vayas están ellos, esperando cual depredador desalmado. Como es mejor adaptarse que perecer ante tal ataque de mal gusto, hemos decidido preparar a nuestros lectores para este desbocado tropel de despropósitos llamado canciones de remanso y sosiego ¡Y un cuerno! Compañeros, que lo sepamos: seremos atacados en el flanco izquierdo por el esperpéntico “Fum, fum, fum” y “El Rabadà”; de frente, y sin ningún tipo de compasión, sufriremos los embistes de “Los peces en el río” y “Campana sobre campana”; por la derecha nos horrorizaremos ante “Arre borriquito” y la maquiavélica “La Marimorena”; cuidaremos la, siempre preocupante, retaguardia de “Feliz Navidad” (por la cual debemos agradecer a Jose Feliciano su pérfida existencia) y la engañosa “Noche de paz”. Siempre habrá quien quiera parecer elegante y nos torture con los “Adeste Fideles”, “Jingle Bells” y “Let it snow” de turno. ¡Que no sucumba nuestra entereza! Dispuestos para el calvario, esperaremos la hora fatal con nuestro “kit” salvavidas en la mochila. La fiestas del solsticio de invierno (que no vengan ahora los católicos a apropiarse de unos jolgorios que se celebraban milenios antes de la llegada del Mesías) pueden ser una trampa inapelable.
Y para colmo nosotros, incoherentes, nos dejamos contagiar por el virus navideño y escogemos, para un día tan indicado, un villancico de John Lennon. Con bastante más clase que los arriba reseñados, el ex-beatle, sorprendió en la navidad de 1971 con este single que grabó junto a su esposa, Yoko Ono, y las voces infantiles de “The Harlem Community Choir”. Un tema evocador, que se deja llevar por un ambiente, efectivamente, muy navideño y que no puede evitar tener “ese” matiz tan inconfundible del cuarteto de Liverpool.
Pero “Happy Xmas (war is over)” tiene un sentido mucho más profundo que el que el aspecto formal de la composición nos sugiere. A finales de la década de los sesenta, Lennon y Ono, con el compromiso político a flor de piel, lanzan una contundente campaña contra la guerra del Vietnam y de la violencia generalizada en el planeta. Una mañana de diciembre, algunas de las capitales más importantes del mundo (Londres, Amsterdam, Berlín, París, Atenas, Nueva York, Los Angeles, Montreal, Tokio, etc...) despertaron con unos enormes carteles que ocupaban los clásicos espacios promocionales de la calle. En ellos se podía leer: ¡LA GUERRA TERMINÓ! “Si ustedes lo quieren” Feliz Navidad, de John y Yoko. Con este mensaje tan directo, el matrimonio más mediático de la era rock, sacudía a los gobiernos que toleraban el conflicto entre los EE.UU. y el Vietnam, y alimentaban la maquinaria de la guerra. Evidentemente, a la administración Nixon no le gustó nada el cartelito y consideró a Lennon una amenza. Desde entonces trató desesperadamente de expulsarlo del país. Más tarde llegó el “molesto” villancico”, con una letra que una vez más era corrosiva y crítica con el sistema; un canto a la paz y la esperanza, un reivindicación por la igualdad entre todos los hombres, independientemente de su color, condición y credo.
John Winston Lennon nace en Liverpool el 9 de octubre de 1940. Sus padres, Julia Stanley y Fred Lennon, no eran el clásico matrimonio de la época; el padre, marinero y pasando largas temporadas fuera de casa, y la madre, un espíritu libre, no pudieron hacerse cargo de su educación y pasaron la custodia a la estricta tía Mary Smith, hermana de la madre, y el tío George, a quién John quiso como un padre.
Siendo un niño rebelde y poco estudioso, el dibujo y la música pronto despertaron su curiosidad. Sus tíos le compraron la primera guitarra y pudo hacer sus primeros pinitos como músico, mientras fastidiaba a los vecinos con los acordes de sus ídolos: Elvis Prestley, Carl Perkins, Buddy Holly y el gran Chuck Berry. Entonces pasaron dos hechos que marcaron la vida y el carácter de Lennon, primero la muerte de su tío y después, muy seguido, el fallecimiento de su madre, cuando fue atropellada por el coche de un policía que conducía ebrio. El agravante fue que, en los últimos años, ella había vuelto a tener relación con su hijo, pasaban más tiempo juntos y John admiraba la personalidad de su madre. En 1955 formó su primer grupo y en 1957 le presentaron a Paul McCartney, con quién conectó al instante y forjó una amistad que parecía a prueba de bombas. El resto de la historia todos la conocemos.
En 1962 contrae matrimonio con Cynthia Powell, un año más tarde nace Julian, su primer hijo. Desde 1966, mantiene relaciones con la artista plástica japonesa Yoko Ono, en opinión de algunos, el germen que precipitó la desaparición de “The Beatles”, para finalmente divorciarse de su primera esposa en 1968.
Los conciertos en solitario, los festivales y las experimentaciones varias de John, finiquitan definitivamente la vida del grupo más importante y popular de la pasada centuria. Entonces llegaron los primeros discos en solitario, los geniales “Plastic Ono band” de 1970 y “Imagine” de 1971, los actos por la paz y el activismo político. En 1975 nace Sean, su segundo y último hijo. Durante la década de los setenta, aparecen varios LPs notables de John Lennon con la colaboración habitual de los amigos del matrimonio: Eric Clapton, Elton John, David Bowie, Billy Preston. A las once de la noche de un fatal 8 de diciembre de 1980, delante los apartamentos Dakota House, Mark David Chapman asesinó a Lennon vaciando el cargador de su revólver en el cuerpo del de Liverpool, cuando éste volvía del estudio de grabación. Con este hecho acabó la vida de uno de los músicos más influyentes de la era rock y comenzó la leyenda, que 25 años después, todos los amantes de la música aún recordamos y veneramos.
Feliz Navidad.
Época odiada y querida a partes iguales, la navidad irrumpe a finales de año como un terremoto que todo lo desmorona. Una simbología incuestionable se instala, como parásitos caninos, en las calles de medio planeta: árboles de hoja perenne con adornos ridículos, absurdos Papá Noeles, indignas estrellas de belén, rancios nacimientos, troncos tradicionales medio muertos y, por supuesto, los detestables villancicos.

¿Hay algo más navideño que los villancicos? No. Se mezclan entre la muchedumbre que consume por doquier en las calles comerciales, aparecen irremediablemente en todas las radios, se cantan en las escuelas... ¡Son inevitables! Allá donde vayas están ellos, esperando cual depredador desalmado. Como es mejor adaptarse que perecer ante tal ataque de mal gusto, hemos decidido preparar a nuestros lectores para este desbocado tropel de despropósitos llamado canciones de remanso y sosiego ¡Y un cuerno! Compañeros, que lo sepamos: seremos atacados en el flanco izquierdo por el esperpéntico “Fum, fum, fum” y “El Rabadà”; de frente, y sin ningún tipo de compasión, sufriremos los embistes de “Los peces en el río” y “Campana sobre campana”; por la derecha nos horrorizaremos ante “Arre borriquito” y la maquiavélica “La Marimorena”; cuidaremos la, siempre preocupante, retaguardia de “Feliz Navidad” (por la cual debemos agradecer a Jose Feliciano su pérfida existencia) y la engañosa “Noche de paz”. Siempre habrá quien quiera parecer elegante y nos torture con los “Adeste Fideles”, “Jingle Bells” y “Let it snow” de turno. ¡Que no sucumba nuestra entereza! Dispuestos para el calvario, esperaremos la hora fatal con nuestro “kit” salvavidas en la mochila. La fiestas del solsticio de invierno (que no vengan ahora los católicos a apropiarse de unos jolgorios que se celebraban milenios antes de la llegada del Mesías) pueden ser una trampa inapelable.
Y para colmo nosotros, incoherentes, nos dejamos contagiar por el virus navideño y escogemos, para un día tan indicado, un villancico de John Lennon. Con bastante más clase que los arriba reseñados, el ex-beatle, sorprendió en la navidad de 1971 con este single que grabó junto a su esposa, Yoko Ono, y las voces infantiles de “The Harlem Community Choir”. Un tema evocador, que se deja llevar por un ambiente, efectivamente, muy navideño y que no puede evitar tener “ese” matiz tan inconfundible del cuarteto de Liverpool.

Pero “Happy Xmas (war is over)” tiene un sentido mucho más profundo que el que el aspecto formal de la composición nos sugiere. A finales de la década de los sesenta, Lennon y Ono, con el compromiso político a flor de piel, lanzan una contundente campaña contra la guerra del Vietnam y de la violencia generalizada en el planeta. Una mañana de diciembre, algunas de las capitales más importantes del mundo (Londres, Amsterdam, Berlín, París, Atenas, Nueva York, Los Angeles, Montreal, Tokio, etc...) despertaron con unos enormes carteles que ocupaban los clásicos espacios promocionales de la calle. En ellos se podía leer: ¡LA GUERRA TERMINÓ! “Si ustedes lo quieren” Feliz Navidad, de John y Yoko. Con este mensaje tan directo, el matrimonio más mediático de la era rock, sacudía a los gobiernos que toleraban el conflicto entre los EE.UU. y el Vietnam, y alimentaban la maquinaria de la guerra. Evidentemente, a la administración Nixon no le gustó nada el cartelito y consideró a Lennon una amenza. Desde entonces trató desesperadamente de expulsarlo del país. Más tarde llegó el “molesto” villancico”, con una letra que una vez más era corrosiva y crítica con el sistema; un canto a la paz y la esperanza, un reivindicación por la igualdad entre todos los hombres, independientemente de su color, condición y credo.
John Winston Lennon nace en Liverpool el 9 de octubre de 1940. Sus padres, Julia Stanley y Fred Lennon, no eran el clásico matrimonio de la época; el padre, marinero y pasando largas temporadas fuera de casa, y la madre, un espíritu libre, no pudieron hacerse cargo de su educación y pasaron la custodia a la estricta tía Mary Smith, hermana de la madre, y el tío George, a quién John quiso como un padre.
Siendo un niño rebelde y poco estudioso, el dibujo y la música pronto despertaron su curiosidad. Sus tíos le compraron la primera guitarra y pudo hacer sus primeros pinitos como músico, mientras fastidiaba a los vecinos con los acordes de sus ídolos: Elvis Prestley, Carl Perkins, Buddy Holly y el gran Chuck Berry. Entonces pasaron dos hechos que marcaron la vida y el carácter de Lennon, primero la muerte de su tío y después, muy seguido, el fallecimiento de su madre, cuando fue atropellada por el coche de un policía que conducía ebrio. El agravante fue que, en los últimos años, ella había vuelto a tener relación con su hijo, pasaban más tiempo juntos y John admiraba la personalidad de su madre. En 1955 formó su primer grupo y en 1957 le presentaron a Paul McCartney, con quién conectó al instante y forjó una amistad que parecía a prueba de bombas. El resto de la historia todos la conocemos.En 1962 contrae matrimonio con Cynthia Powell, un año más tarde nace Julian, su primer hijo. Desde 1966, mantiene relaciones con la artista plástica japonesa Yoko Ono, en opinión de algunos, el germen que precipitó la desaparición de “The Beatles”, para finalmente divorciarse de su primera esposa en 1968.
Los conciertos en solitario, los festivales y las experimentaciones varias de John, finiquitan definitivamente la vida del grupo más importante y popular de la pasada centuria. Entonces llegaron los primeros discos en solitario, los geniales “Plastic Ono band” de 1970 y “Imagine” de 1971, los actos por la paz y el activismo político. En 1975 nace Sean, su segundo y último hijo. Durante la década de los setenta, aparecen varios LPs notables de John Lennon con la colaboración habitual de los amigos del matrimonio: Eric Clapton, Elton John, David Bowie, Billy Preston. A las once de la noche de un fatal 8 de diciembre de 1980, delante los apartamentos Dakota House, Mark David Chapman asesinó a Lennon vaciando el cargador de su revólver en el cuerpo del de Liverpool, cuando éste volvía del estudio de grabación. Con este hecho acabó la vida de uno de los músicos más influyentes de la era rock y comenzó la leyenda, que 25 años después, todos los amantes de la música aún recordamos y veneramos.Feliz Navidad.
15 de desembre, 2006
La canción del viernes (34) “Toxicosmos” de Los Planetas per Peix
¡Feliz viernes a todos!
“Sexo, drogas y rock’n’roll”, las tres palabras mágicas. Invocadas hasta la saciedad por los sacerdotes de la libertad del siglo XX, emergen como un pequeño catálogo de verdades incuestionables entre la juventud occidental. Conforman lo políticamente correcto (y por tanto son susceptibles de ser atacadas desde este “blog”) de muchas generaciones de soñadores y alternativos. Hoy nos centraremos en la segunda palabra, las drogas. Muchas son las referencias que existen en los temas de rock y pop acerca de las substancias que alteran el yo para transportarlo a “otra” lugar.
Alcohol, tabaco, marihuana, bencedrina, cocaína, heroína y demás, han colocado a los compositores y músicos, desde que el jazz hizo su puesta en escena allá por los principios de siglo pasado. Jim Morrison, Jimi Hendrix, The Beatles, Pink Floyd y otros grandes han elaborado verdaderos himnos a las drogas y sus consecuentes viajes sensoriales. Mucho se ha hablado de sus efectos nocivos e insanos para la salud, sus categorías se han jerarquizado dependiendo de su peligrosidad. El estado las ha perseguido y condenado, la sociedad ha rechazado algunas de ellas (no olvidemos que vivimos en el país del carajillo y el “ducados”) para marcar una frontera entre lo que es decente y no lo es. Los factores de riesgo son elevados y las consecuencias, a veces, devastadoras. Las adicciones que provocan anulan la persona y entierran la consciencia en el letargo para consternación de amigos y familiares. Después de esta enumeración implacable, es necesario decir que, incluso así, las drogas continúan escandalizando, sorprendiendo, consumiéndose y vendiéndose. La prohibición no es la solución para los problemas que el exceso puede provocar. Y aunque a los poderes fácticos les parezca intolerable, la droga hace feliz a la gente, si no ¿Por qué cojones se consume? Como un papá o una mamá, el gobierno nos dice qué podemos hacer y qué no, no se fía de nosotros y prefiere cortar por lo sano. Aún así, la percepción de los ciudadanos es diferente: para muchos las drogas divierten, a menudo hacen ver con claridad y desconectan de un mundo por el cual, dicen algunos, no vale la pena molestarse. ¿Podemos vivir sin ellas? Tal vez, pero esa no es la pregunta.
Hoy escuchamos uno de esos temas monumentales que aniquilan las almas más sensibles. “Toxicosmos” es una canción difícil y estremecedora. Su incomodidad resalta, además, en una belleza melódica y sinfónica magistralmente ejecutada por “Los Planetas”. Editada en su álbum “Una semana en el motor de un autobús” de 1998, contiene las frases, ciertas y demoledoras, que susurra al micrófono la voz de “J”, el cantante y compositor de la banda granadina, acerca de los detalles de un viaje lisérgico.
Sentencias que desgarran, estilo marca de la casa del grupo andaluz, por su crudeza y belleza. Y qué decir del resto del disco, seguramente su mejor y más respetado trabajo. A finales de la década de los noventa, sorprenden con este larga duración que contiene excelentes canciones como “Segundo premio”, “La Playa”, “Línea 1” y “La copa de Europa”. Un disco que responde a una unidad de planteamiento, a una aventura experimental; un disco de los grandes. Cantos al dolor, el alienamiento, las drogas y las miserias generacionales, llenan de un lirismo conmovedor los doce temas del LP. Una portada sugerente (el símbolo de substancia tóxica), avisa de un contenido que puede ser perjudicial para la salud.
Los Planetas nacen a principios de los noventa en Granada, sus componentes son Juan Rodríguez (“Jota”), guitarra y voz, Florent Múñoz guitarra, May Oliver bajo y Paco Rodríguez batería. En 1993 ganan el concurso de maquetas de Radio 3 con el sencillo “Mi hermana pequeña”, más tarde, ya con contrato firmado con un sello discográfico independiente, aparece el “Medusa EP” y en 1994 el primer LP, “Super 8”, convirtiéndose en un referente de la música indie nacional de la década de los noventa. A éste trabajo le siguieron el más incompleto “Pop” de 1996, el propio “Una semana en el...” (ya con el cambio de Kieran Stephen al bajo, Erick Jiménez a la batería y la ampliación de Banin a los teclados y sintetizadores), “Unidad de desplazamiento” en el 2000, “Encuentros con entidades” de 2002 y “Contra la ley de la gravedad” en 2004. A éstos hay que sumarle varios discos de remezclas y compilaciones.
Es difícil explicar que representa este grupo para la historia de la música nacional. Para muchos es un grupo sobrevalorado y excesivamente mitificado, para otros es la genial aportación de una formación al margen del establishment comercial y industrial. Quitando la enfermizas, infantiles y estúpidas discusiones de escolares por saber quien es el “mejor” grupo de la música española; el elitismo de los fans de la banda, que parecen llegar al orgasmo cuando se sienten diferentes a los demás por escuchar un grupo minoritario (patética tradición hedonista esta de identificarse desde los demás y no desde uno mismo); y la autosuficiencia del propio grupo, algo característico y requisito indispensable para entrar en el “star-system” de los iconos musicales, repito, quitando todos estos daños colaterales, la música de “Los Planetas” no solo es una de las más representativas de todo un periodo generacional, si no que es auténtica, propia, y endiabladamente buena.
Otro tema son los casos de plagio. Algunas canciones del grupo, como “Segundo Premio” y “Pegado a ti”, y, trsitemente, la lista se agranda, han resultado ser plagios de “With a girl like you” de The Troggs y “Promesses” de Ethienne Daho. Algo francamente lamentable y que, ni, incomprensiblemente, las publicaciones especializadas, ni la propia banda han comentado o publicado algo al respecto.
“Sexo, drogas y rock’n’roll”, las tres palabras mágicas. Invocadas hasta la saciedad por los sacerdotes de la libertad del siglo XX, emergen como un pequeño catálogo de verdades incuestionables entre la juventud occidental. Conforman lo políticamente correcto (y por tanto son susceptibles de ser atacadas desde este “blog”) de muchas generaciones de soñadores y alternativos. Hoy nos centraremos en la segunda palabra, las drogas. Muchas son las referencias que existen en los temas de rock y pop acerca de las substancias que alteran el yo para transportarlo a “otra” lugar.
Alcohol, tabaco, marihuana, bencedrina, cocaína, heroína y demás, han colocado a los compositores y músicos, desde que el jazz hizo su puesta en escena allá por los principios de siglo pasado. Jim Morrison, Jimi Hendrix, The Beatles, Pink Floyd y otros grandes han elaborado verdaderos himnos a las drogas y sus consecuentes viajes sensoriales. Mucho se ha hablado de sus efectos nocivos e insanos para la salud, sus categorías se han jerarquizado dependiendo de su peligrosidad. El estado las ha perseguido y condenado, la sociedad ha rechazado algunas de ellas (no olvidemos que vivimos en el país del carajillo y el “ducados”) para marcar una frontera entre lo que es decente y no lo es. Los factores de riesgo son elevados y las consecuencias, a veces, devastadoras. Las adicciones que provocan anulan la persona y entierran la consciencia en el letargo para consternación de amigos y familiares. Después de esta enumeración implacable, es necesario decir que, incluso así, las drogas continúan escandalizando, sorprendiendo, consumiéndose y vendiéndose. La prohibición no es la solución para los problemas que el exceso puede provocar. Y aunque a los poderes fácticos les parezca intolerable, la droga hace feliz a la gente, si no ¿Por qué cojones se consume? Como un papá o una mamá, el gobierno nos dice qué podemos hacer y qué no, no se fía de nosotros y prefiere cortar por lo sano. Aún así, la percepción de los ciudadanos es diferente: para muchos las drogas divierten, a menudo hacen ver con claridad y desconectan de un mundo por el cual, dicen algunos, no vale la pena molestarse. ¿Podemos vivir sin ellas? Tal vez, pero esa no es la pregunta.Hoy escuchamos uno de esos temas monumentales que aniquilan las almas más sensibles. “Toxicosmos” es una canción difícil y estremecedora. Su incomodidad resalta, además, en una belleza melódica y sinfónica magistralmente ejecutada por “Los Planetas”. Editada en su álbum “Una semana en el motor de un autobús” de 1998, contiene las frases, ciertas y demoledoras, que susurra al micrófono la voz de “J”, el cantante y compositor de la banda granadina, acerca de los detalles de un viaje lisérgico.
Sentencias que desgarran, estilo marca de la casa del grupo andaluz, por su crudeza y belleza. Y qué decir del resto del disco, seguramente su mejor y más respetado trabajo. A finales de la década de los noventa, sorprenden con este larga duración que contiene excelentes canciones como “Segundo premio”, “La Playa”, “Línea 1” y “La copa de Europa”. Un disco que responde a una unidad de planteamiento, a una aventura experimental; un disco de los grandes. Cantos al dolor, el alienamiento, las drogas y las miserias generacionales, llenan de un lirismo conmovedor los doce temas del LP. Una portada sugerente (el símbolo de substancia tóxica), avisa de un contenido que puede ser perjudicial para la salud.Los Planetas nacen a principios de los noventa en Granada, sus componentes son Juan Rodríguez (“Jota”), guitarra y voz, Florent Múñoz guitarra, May Oliver bajo y Paco Rodríguez batería. En 1993 ganan el concurso de maquetas de Radio 3 con el sencillo “Mi hermana pequeña”, más tarde, ya con contrato firmado con un sello discográfico independiente, aparece el “Medusa EP” y en 1994 el primer LP, “Super 8”, convirtiéndose en un referente de la música indie nacional de la década de los noventa. A éste trabajo le siguieron el más incompleto “Pop” de 1996, el propio “Una semana en el...” (ya con el cambio de Kieran Stephen al bajo, Erick Jiménez a la batería y la ampliación de Banin a los teclados y sintetizadores), “Unidad de desplazamiento” en el 2000, “Encuentros con entidades” de 2002 y “Contra la ley de la gravedad” en 2004. A éstos hay que sumarle varios discos de remezclas y compilaciones.
Es difícil explicar que representa este grupo para la historia de la música nacional. Para muchos es un grupo sobrevalorado y excesivamente mitificado, para otros es la genial aportación de una formación al margen del establishment comercial y industrial. Quitando la enfermizas, infantiles y estúpidas discusiones de escolares por saber quien es el “mejor” grupo de la música española; el elitismo de los fans de la banda, que parecen llegar al orgasmo cuando se sienten diferentes a los demás por escuchar un grupo minoritario (patética tradición hedonista esta de identificarse desde los demás y no desde uno mismo); y la autosuficiencia del propio grupo, algo característico y requisito indispensable para entrar en el “star-system” de los iconos musicales, repito, quitando todos estos daños colaterales, la música de “Los Planetas” no solo es una de las más representativas de todo un periodo generacional, si no que es auténtica, propia, y endiabladamente buena. Otro tema son los casos de plagio. Algunas canciones del grupo, como “Segundo Premio” y “Pegado a ti”, y, trsitemente, la lista se agranda, han resultado ser plagios de “With a girl like you” de The Troggs y “Promesses” de Ethienne Daho. Algo francamente lamentable y que, ni, incomprensiblemente, las publicaciones especializadas, ni la propia banda han comentado o publicado algo al respecto.
01 de desembre, 2006
La canción del viernes (33) “The last poem” de Sophie Auster per Peix
¡Feliz viernes a todos!
Parece que el otoño ha llegado con retraso a Barcelona, tal como no deseaban los hombres del tiempo de los noticieros de la TV y la radio. ¡No tengáis prisa! ya llegará el mal tiempo, ya. Una angustiosa impaciencia recorre a todos los que aman la meteorología, los cirros y los estratocúmulos, que ya tienen ganas de encarcelar las camisetas de manga corta y las ventanas abiertas. Parece inevitable relacionar la tercera estación del año con los días grises, las bufandas prematuras, las castañas y los boniatos. Esto no deja de ser una imagen un poco, demasiado, romántica de los meses que siguen a las vacaciones. En el otoño, las hojas de los plataneros caen re-cremadas desde las copas desnudas, el viento se vuelve frío y áspero, sacamos los edredones del fondo del armario, no se ven tantos cafés con hielo en los bares y las chicas combinan las minifaldas con botas de invierno, que tan de moda se han puesto estos últimos años. Pero también existe una banda sonora para esta época del año. Acostumbran a conformarla canciones tristes y melancólicas; melodías pausadas y llenas de matices. Canciones como la de hoy, que despiertan las entumecidas emociones, que sucumben ante las nubes, que adornan los salones oscuros y los tazones de café con leche hirviendo. Un anhelada caricia, una pieza de ropa interior olvidada en el parquet, una sonrisa cómplice.
Todo esto y más podemos sentir al escuchar “The last poem” de Sophie Auster. Extraído de su primer larga duración, resplandece con luz propia en un disco elaborado y, francamente, excelente para ser un bautismo de fuego. Dueña de una voz cálida y versátil, la hija de los escritores Siri Hustvedt (“Todo cuanto amé”) y Paul Auster (“La trilogía de Nueva York”, “Leviatán”, “Mr. Vértigo”, “Brooklyn Follies”, etc...), el flamante último Príncipe de Asturias de la letras, ha sido criada para llegar donde ha llegado.
Cuando tan solo contaba con diecisiete años, después de media vida en clases de canto y interpretación, su padre se asocia con One Ring Zero (un dúo indie novayorkés) y poco después, en 2004, ve la luz la grabación que lleva por título simplemente “Sophie Auster”. El resultado es un álbum con aromas franceses, instrumentos clásicos de la más glamurosa bohemia europea, las brillantes adaptaciones de poetas franceses (Eluard, Tzara, Soupault y Apollinaire), las letras de de su padre y las de la propia Sophie. El trabajo tiene cierta repercusión en Francia y España, donde no sorprende que lo haga porque son los países europeos que más adoran la creación literaria de papá Auster, pero, sobretodo, contiene los indicadores que permiten establecer las causas por las que se debe seguir la carrera de esta chica.
Sophie Auster nace en Nueva York en julio de 1987. Desde pequeña, y empapada de un ambiente familiar promiscuo con las artes, oye los cantos de sirena de la interpretación, la música y, como no podía ser de otra manera, las letras. En una casa donde la banda sonora corría a cargo de las teclas de las máquinas de escribir de sus progenitores, la chiquilla comienza a despuntar dentro de las artes escénicas. El matrimonio no escatimó en gastos y con los años llegaron los primeros papeles en las películas familiares, “Lulú on the bridge”, y las instantáneas como modelo. Esta americana, además de tener una belleza espectral, tampoco lo ha tenido fácil, una adolescencia complicada y el peso del legado familiar, la arrastraron a una depresión y una anorexia. Todo pareció arreglarse con el ingreso de Sophie en la facultad de literatura de Manhattan y el revuelo de la grabación del disco. Nosotros nos alegramos, los frutos parecen excelentes y los cosecha creativa de la muchacha parece no tener final; acaba de interpretar un papel secundario en la última película de su padre “La vida privada de Martin Frost” y ya ha puesto las miras en su segundo disco, según ella, algo más “underground” que éste último.

Apenas no puede evitar ese deje intelectualoide al que su familia le ha llevado irremediablemente. Una chica, que por sus gustos,parece querer mostrarse más mayor de lo que le toca, como si no pudiera ser menos que la tradición familiar, como si no pudiera permitirse las más mínima frivolidad. Construye un personaje acorde a su condición y bienestar personal. Con ella y su canción nos quedamos hasta la semana que viene.
Parece que el otoño ha llegado con retraso a Barcelona, tal como no deseaban los hombres del tiempo de los noticieros de la TV y la radio. ¡No tengáis prisa! ya llegará el mal tiempo, ya. Una angustiosa impaciencia recorre a todos los que aman la meteorología, los cirros y los estratocúmulos, que ya tienen ganas de encarcelar las camisetas de manga corta y las ventanas abiertas. Parece inevitable relacionar la tercera estación del año con los días grises, las bufandas prematuras, las castañas y los boniatos. Esto no deja de ser una imagen un poco, demasiado, romántica de los meses que siguen a las vacaciones. En el otoño, las hojas de los plataneros caen re-cremadas desde las copas desnudas, el viento se vuelve frío y áspero, sacamos los edredones del fondo del armario, no se ven tantos cafés con hielo en los bares y las chicas combinan las minifaldas con botas de invierno, que tan de moda se han puesto estos últimos años. Pero también existe una banda sonora para esta época del año. Acostumbran a conformarla canciones tristes y melancólicas; melodías pausadas y llenas de matices. Canciones como la de hoy, que despiertan las entumecidas emociones, que sucumben ante las nubes, que adornan los salones oscuros y los tazones de café con leche hirviendo. Un anhelada caricia, una pieza de ropa interior olvidada en el parquet, una sonrisa cómplice. Todo esto y más podemos sentir al escuchar “The last poem” de Sophie Auster. Extraído de su primer larga duración, resplandece con luz propia en un disco elaborado y, francamente, excelente para ser un bautismo de fuego. Dueña de una voz cálida y versátil, la hija de los escritores Siri Hustvedt (“Todo cuanto amé”) y Paul Auster (“La trilogía de Nueva York”, “Leviatán”, “Mr. Vértigo”, “Brooklyn Follies”, etc...), el flamante último Príncipe de Asturias de la letras, ha sido criada para llegar donde ha llegado.
Cuando tan solo contaba con diecisiete años, después de media vida en clases de canto y interpretación, su padre se asocia con One Ring Zero (un dúo indie novayorkés) y poco después, en 2004, ve la luz la grabación que lleva por título simplemente “Sophie Auster”. El resultado es un álbum con aromas franceses, instrumentos clásicos de la más glamurosa bohemia europea, las brillantes adaptaciones de poetas franceses (Eluard, Tzara, Soupault y Apollinaire), las letras de de su padre y las de la propia Sophie. El trabajo tiene cierta repercusión en Francia y España, donde no sorprende que lo haga porque son los países europeos que más adoran la creación literaria de papá Auster, pero, sobretodo, contiene los indicadores que permiten establecer las causas por las que se debe seguir la carrera de esta chica.Sophie Auster nace en Nueva York en julio de 1987. Desde pequeña, y empapada de un ambiente familiar promiscuo con las artes, oye los cantos de sirena de la interpretación, la música y, como no podía ser de otra manera, las letras. En una casa donde la banda sonora corría a cargo de las teclas de las máquinas de escribir de sus progenitores, la chiquilla comienza a despuntar dentro de las artes escénicas. El matrimonio no escatimó en gastos y con los años llegaron los primeros papeles en las películas familiares, “Lulú on the bridge”, y las instantáneas como modelo. Esta americana, además de tener una belleza espectral, tampoco lo ha tenido fácil, una adolescencia complicada y el peso del legado familiar, la arrastraron a una depresión y una anorexia. Todo pareció arreglarse con el ingreso de Sophie en la facultad de literatura de Manhattan y el revuelo de la grabación del disco. Nosotros nos alegramos, los frutos parecen excelentes y los cosecha creativa de la muchacha parece no tener final; acaba de interpretar un papel secundario en la última película de su padre “La vida privada de Martin Frost” y ya ha puesto las miras en su segundo disco, según ella, algo más “underground” que éste último.

Apenas no puede evitar ese deje intelectualoide al que su familia le ha llevado irremediablemente. Una chica, que por sus gustos,parece querer mostrarse más mayor de lo que le toca, como si no pudiera ser menos que la tradición familiar, como si no pudiera permitirse las más mínima frivolidad. Construye un personaje acorde a su condición y bienestar personal. Con ella y su canción nos quedamos hasta la semana que viene.
17 de novembre, 2006
La canción del viernes (32) “Downtown train” de Tom Waits per Peix
"No quiero que alguien oiga una canción mía y piense en hamburguesas", Tom Waits
¡Hola a todos y feliz viernes!
Disidentes, alborotadores, desechos, marginados, borrachos, prostitutas, vagabundos, drogadictos, usureros, chulos, madams, parados, malditos, y demás, constituyen un entramado olvidado y escondido que palidece bajo la indiferencia del establishment social.
Un submundo con unos protagonistas, a los que alguien denominó “outsiders”, que para muchos resultan incómodos y miserables. Una realidad que en los EE.UU. la ha borrado el sueño americano mediante sus barras y estrellas. El Underground, que algunos artistas han reivindicado como un estilo de vida auténtico y fuera de los cánones establecidos por la sociedad occidental, aparece con respeto y devoción en las composiciones que salen de la fabulosa pluma de Tom Waits. Desde las cloacas, emerge un imaginario pertinaz y complejo que lleva hasta la primera línea de la trinchera musical, sin concesiones a la mercadotecnia, la reivindicación de otras existencias, de otras coordenadas. En este viaje vamos de la mano de bueno de Waits, un trovador, un cantautor, que se desenvuelve como pez en el agua porque él mismo vivió esos románticos momentos, esas inquietantes historias. Sus canciones son un pasado que, por fortuna o desgracia, conoció perfectamente hasta la llegada del aburguesamiento, como a él le gusta denominarlo.
Pero vayamos por partes: Tom Waits nació, para gloria de todos nosotros, en el asiento trasero de un taxi el siete de diciembre de 1.949, cuando el vehículo en cuestión se encontraba estacionado en Pomoda (California) por casualidades de la vida. De ascendencia irlandesa-escocesa y noruega, no tardó en descubrir un entorno familiar cuando menos curioso.
A los siete años, durante la cena navideña que la familia Waits gustaba celebrar anualmente, su tío vomitó unas tijeras, que en una operación reciente un incompetente médico dejó olvidadas en su garganta, en el plato de pavo asado. Así los años iban pasando y Tom solo quería que su voz se pareciera a la de su tío. Y a fe cierta que lo consiguió, dos paquetes de tabaco al día y una buena dosis de tragos en tabernas baratas le ayudaron. Porque la oscuridad y el humo de los antros de jazz californianos embrujaron desde muy joven a Thomas Allen Waits. Viviendo en moteles de carretera por Santa Monica, Los Angeles y San Diego, se aferró a un piano y una botella de bourbon para conocer todos secretos de los locales de mala muerte del oeste americano. Siguiendo los pasos de la Beat Generation, a la estela de “On the road” de Jack Kerouac, y los poemas de Charles Bukowski, el remolino de la vida lo llevaba aquí y allá con lo puesto. Fue entonces cuando se fraguó el subconsciente que más tarde desencadenó un torrente interminable de notas magnéticas y hipnotizantes, de letras desgarradoras e inclementes. Firmó un contrato con el diablo y publicó sus primeras obras maestras. Los imprescindibles “Closing Time” de 1.973, y “Small Change” de 1.976, son el testimonio del talento creativo del autor para hacer grandes canciones.
Pero el alcohol y las drogas eran los precarios jueces de una autodestrucción constante que, inevitablemente, debía de acabar mal. Con los críticos dándole la espalda, editó tres LPs más, pero él y sus circunstancias parecieron llegar a un punto sin retorno; Tom no salía del agujero. Entonces aparecieron los amigotes para darle algo de estabilidad y un poco de aire fresco: Francis Ford Coppola le encargó la banda sonora de su película “Corazonada” y obtuvo pequeños papeles en películas de cierto renombre como “La cocina del infierno” de Sylvester Stallone. Esto le fue muy bien, las alarmas pasaron a Defcon 1 y todos respiraron más tranquilos. Su relación con el cine no quedó ahí, continuó con más papeles en films de Jim Jarmusch, “Coffe and cigarrettes” y Down by the law”, y otra vez con Coppola en “Cotton Club” y “Dracula”. Bandas sonoras para Wim Wenders, Terry Gilliam, Tim Robbins y muchos más, han dejado su imborrable huella en el mundo del celuloide. Porque el teatro y la interpretación siempre han estado muy presentes en la obra de Waits; componen un indispensable dispositivo transversal para ilustrar, en discos y directos, el universo caótico y complejo que emana de sus canciones
Pero fue el encuentro con una mujer lo que cambió la vida de Tom Waits, en 1.981 se casó con Katheleen Brennan.
Con ella ha tenido tres hijos y han trabajado juntos en discos, películas y obras de teatro. Desde entonces su capacidad creativa se quintuplicó y vieron la luz trabajos como el excepcional “Rain Dogs”, “Swordfishtrombones”, “Bone Machine” y “Mule Variations”. Desde “Rain dogs” escuchamos el tema de hoy: “Downtown train”, seguramente su tema más conocido. Una poesía cruda y precisa, un amor por lo experimental y un repertorio ecléctico y fascinante, son, tal vez, las tres aproximaciones más sintéticas para definir este sorprendente artista californiano. Sorprendente, entre otras cosas, porque siendo el padre más ocioso de los que llevan a sus hijos a una escuela infantil de San Francisco, éstos le confían su descendencia para que los lleve a menudo de excursión y a eventos culturales; pagaría por colarme en una de ellas.
El próximo lunes, 20 de noviembre, saldrá a la venta el último disco de Tom Waits, “Orphans (brawlers, bawlers & bastards)” un triple disco que recomendamos enérgicamente.
¡Larga vida Tom, larga vida! Brindamos por ti desde esta humilde bitácora.
¡Hola a todos y feliz viernes!
Disidentes, alborotadores, desechos, marginados, borrachos, prostitutas, vagabundos, drogadictos, usureros, chulos, madams, parados, malditos, y demás, constituyen un entramado olvidado y escondido que palidece bajo la indiferencia del establishment social.
Un submundo con unos protagonistas, a los que alguien denominó “outsiders”, que para muchos resultan incómodos y miserables. Una realidad que en los EE.UU. la ha borrado el sueño americano mediante sus barras y estrellas. El Underground, que algunos artistas han reivindicado como un estilo de vida auténtico y fuera de los cánones establecidos por la sociedad occidental, aparece con respeto y devoción en las composiciones que salen de la fabulosa pluma de Tom Waits. Desde las cloacas, emerge un imaginario pertinaz y complejo que lleva hasta la primera línea de la trinchera musical, sin concesiones a la mercadotecnia, la reivindicación de otras existencias, de otras coordenadas. En este viaje vamos de la mano de bueno de Waits, un trovador, un cantautor, que se desenvuelve como pez en el agua porque él mismo vivió esos románticos momentos, esas inquietantes historias. Sus canciones son un pasado que, por fortuna o desgracia, conoció perfectamente hasta la llegada del aburguesamiento, como a él le gusta denominarlo.Pero vayamos por partes: Tom Waits nació, para gloria de todos nosotros, en el asiento trasero de un taxi el siete de diciembre de 1.949, cuando el vehículo en cuestión se encontraba estacionado en Pomoda (California) por casualidades de la vida. De ascendencia irlandesa-escocesa y noruega, no tardó en descubrir un entorno familiar cuando menos curioso.
A los siete años, durante la cena navideña que la familia Waits gustaba celebrar anualmente, su tío vomitó unas tijeras, que en una operación reciente un incompetente médico dejó olvidadas en su garganta, en el plato de pavo asado. Así los años iban pasando y Tom solo quería que su voz se pareciera a la de su tío. Y a fe cierta que lo consiguió, dos paquetes de tabaco al día y una buena dosis de tragos en tabernas baratas le ayudaron. Porque la oscuridad y el humo de los antros de jazz californianos embrujaron desde muy joven a Thomas Allen Waits. Viviendo en moteles de carretera por Santa Monica, Los Angeles y San Diego, se aferró a un piano y una botella de bourbon para conocer todos secretos de los locales de mala muerte del oeste americano. Siguiendo los pasos de la Beat Generation, a la estela de “On the road” de Jack Kerouac, y los poemas de Charles Bukowski, el remolino de la vida lo llevaba aquí y allá con lo puesto. Fue entonces cuando se fraguó el subconsciente que más tarde desencadenó un torrente interminable de notas magnéticas y hipnotizantes, de letras desgarradoras e inclementes. Firmó un contrato con el diablo y publicó sus primeras obras maestras. Los imprescindibles “Closing Time” de 1.973, y “Small Change” de 1.976, son el testimonio del talento creativo del autor para hacer grandes canciones.
Pero el alcohol y las drogas eran los precarios jueces de una autodestrucción constante que, inevitablemente, debía de acabar mal. Con los críticos dándole la espalda, editó tres LPs más, pero él y sus circunstancias parecieron llegar a un punto sin retorno; Tom no salía del agujero. Entonces aparecieron los amigotes para darle algo de estabilidad y un poco de aire fresco: Francis Ford Coppola le encargó la banda sonora de su película “Corazonada” y obtuvo pequeños papeles en películas de cierto renombre como “La cocina del infierno” de Sylvester Stallone. Esto le fue muy bien, las alarmas pasaron a Defcon 1 y todos respiraron más tranquilos. Su relación con el cine no quedó ahí, continuó con más papeles en films de Jim Jarmusch, “Coffe and cigarrettes” y Down by the law”, y otra vez con Coppola en “Cotton Club” y “Dracula”. Bandas sonoras para Wim Wenders, Terry Gilliam, Tim Robbins y muchos más, han dejado su imborrable huella en el mundo del celuloide. Porque el teatro y la interpretación siempre han estado muy presentes en la obra de Waits; componen un indispensable dispositivo transversal para ilustrar, en discos y directos, el universo caótico y complejo que emana de sus cancionesPero fue el encuentro con una mujer lo que cambió la vida de Tom Waits, en 1.981 se casó con Katheleen Brennan.
Con ella ha tenido tres hijos y han trabajado juntos en discos, películas y obras de teatro. Desde entonces su capacidad creativa se quintuplicó y vieron la luz trabajos como el excepcional “Rain Dogs”, “Swordfishtrombones”, “Bone Machine” y “Mule Variations”. Desde “Rain dogs” escuchamos el tema de hoy: “Downtown train”, seguramente su tema más conocido. Una poesía cruda y precisa, un amor por lo experimental y un repertorio ecléctico y fascinante, son, tal vez, las tres aproximaciones más sintéticas para definir este sorprendente artista californiano. Sorprendente, entre otras cosas, porque siendo el padre más ocioso de los que llevan a sus hijos a una escuela infantil de San Francisco, éstos le confían su descendencia para que los lleve a menudo de excursión y a eventos culturales; pagaría por colarme en una de ellas.El próximo lunes, 20 de noviembre, saldrá a la venta el último disco de Tom Waits, “Orphans (brawlers, bawlers & bastards)” un triple disco que recomendamos enérgicamente.
¡Larga vida Tom, larga vida! Brindamos por ti desde esta humilde bitácora.
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