23 de juliol, 2021

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (Entrada #51)

 Entrada 51.

Por la tarde hemos salido a pasear. Hay que reconocer que una vez ya te has habituado a ver formosas jovencitas remojándose, contorneándose y comiéndose la boca ocasionalmente, Lavacoches es un lugar de lo más anodino. Tras pasar parte de la tarde en un bar, hemos estado paseando por los alrededores, disfrutando del sol ya bajo.

De repente, un perrazo ha surgido en lo alto de una valla elevada y ha empezado a ladrar cogiéndonos por sorpresa. No me gusta que me cojan por sorpresa, de manera que he rodado por el suelo mientras desenfundaba mi U-ZI, y acto seguido he empezado a disparar. No he parado hasta vaciar tres cargadores. Sin embargo el perro ha esquivado todas las balas. Un verdadero profesional digno de papel propio en Matrix.

Extrañamente, al perro no le ha dado por saltar la valla, que le quedaba más bien baja, lo cual no hacía de sus ladridos más que amenazas vacías. Nos hemos alejado con sus ladridos perdiendo fuerza detrás nuestro.

Tenía que haber sospechado su próximo movimiento. Efectivamente. El perrazo ha aprovechado para saltar en cuanto le hemos dado la espalda y, simulando un ladrido cada vez más lejano, nos ha atacado por la espalda, consiguiendo nuevamente el factor sorpresa. Me ha cogido por un pie. He oido mis huesos astillarse. Seguro que me lo tendrán que amputar. Otra vez.

He visto que contra el perro profesional no valdría la pena luchar cara a cara. He lanzado una bomba de humo. Hemos aprovechado la confusión para huir. Ella, por pies. Yo, por pie y muñón.

Justo antes de la aparición del perro profesional, habíamos estado observando la gran cantidad de perros, perritos y perrotes que tienen en las propiedades. La mayor parte de ellos te ladran. Otros, lo único que hacen es mirarte al pasar (a éstos últimos seguro que les han hecho fijos). Me pregunto porqué los dueños de los perros mantienen en éste lugar a tantas y tan ruidosas mascotas. Y entonces todo se ha hecho claro como el agua: cuando de repente, de cada una de las casas de los alrededores se han abierto las puertas y, uno tras otro, todos los perros de la zona han salido sin dejar de ladrar y han formado una jauría que ha formado, amenazadora, delante nuestro.

Ya está. Ya lo se. Los dueños de los perros ODIAN a los peregrinos. Llegada cierta hora sueltan los animales para que acaben con todos aquellos que aún no se han retirado a sus albergues. Y ahora nos tocaba a nosotros. Perros de todos los tamaños, razas y colores formaban una densa barrera ante nosotros. Todos mostraban los colmillos, gruñendo con cara de pocos amigos, los ojos inyectados en sangre, fijos en nosotros. ¿Cuantos había en total? Imposible saberlo. Entre 150 y 300, según la guardia urbana. Si me preguntais a mi, diría que habían 5000.

Cualquiera habría dicho que dos inocentes ex-miembros de varios cuerpos secretos, curtidos en 100 guerras, no tendríamos nada que hacer ante semejante reunión de colmillos salvajes...

Pues tendrían razón.

Los perros nos han estado persiguiendo durante un par de kilometros. Luego nos han interceptado, se ha formado la típica nube de humo que oculta un confuso tumulto en cualquier cómic o dibujo animado que se precie. Hemos peleado contra los canes como posesos.

Pos eso: que nos han destrozado, se han comido nuestras entrañas, han roído nuestros huesos y se han peío después, los muy guarros. Nos espera un futuro de abonar los árboles del pueblo. Bueno éste solo puede ser el fin del diario.

10 d’abril, 2021

Diario de Jack Murphy (El de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (Entrada #50)


 Dia 28


Entrada 50.

Me sorprenden constantemente los topónimos locales. El otro día pasamos, durante una misma etapa por pueblos como “LAMEIROS”. Claro, desprevenidos como estábamos, nos tomamos el cartel a la entrada del pueblo como una voz imperativa en gallego, de manera que nos desnudamos ambos y empezamos a lamernos todo el cuerpo, no fuera a mosquearse el personal. Yo, con las costumbres locales, todo el respeto del mundo, oiga. Después, con sus vidas, ya hablaremos.

Algo más tarde llegamos al siguiente, “LIGONDE”, cuyo nombre ya te da una idea del talante de sus habitantes. Tan solo me quedaba una incógnita: ¿ligón de qué? ¿De playa? ¿De piscina? ¿De pueblo? ¿De feria? La verdad es que el suspense no me dejaba vivir. Y siempre que eso me ocurre, tengo que incendiar algo. Ya no busquéis LIGONDE en el mapa. Ahora solo encontrareis restos carbonizados.

Al poco hemos entrado en otro pueblo: un bonito lugar donde las peregrinas del camino se quitan la ropa para dejarse chupetear por el viajero masculino, como bien se indica en el letrero de la entrada: “LAMELAS”.

Lástima de estar viajando con la parienta. A la que mi obediente lengua ha salido de la boca, una patada voladora que tumbaría un elefante ha surgido de la nada, proyectándome 5m en lo alto. A continuación, a las chicas lamibles les ha venido un hostión de mano abierta (en circunstancias especiales, a mi señora se le dilata la mano como al doble o triple de su tamaño habitual) que las ha vuelto del revés.

Tras un improvisado vendaje para conservar juntas las cuatro partes de mi segmentado cráneo, atravesamos por fin “CASANOVA”: un pueblecillo parecido a LIGONDE, pero con un personal algo más maduro y sofisticado. Aunque claro, tienen un problemilla: la malsana tendencia a levantar parientas ajenas. Cuando en la plaza del pueblo lo han intentado con la mía, ha llegado de repente un extraño fenómeno atmosférico que sólo ocurre en su presencia: el “tornado de sopapo cuántico”. A 15 Km mas adelante todavía íbamos viendo lugareños de CASANOVA, colgando inconscientes de un alcornoque.

En cuanto al pueblo donde hemos entrado hoy, última etapa de nuestro tránsito hasta Santiago, tenía un nombre que sonaba algo así como “LAVACOCHES”.

La curiosidad de ésta exquisita población rural, es que sus habitantes son chicas de entre 17 y 23 años, sin más ropa que un escueto bikini, a las que les gusta juntarse en grupitos de hasta 4 para lanzarse sobre los vehículos aparcados y dejarlos como los chorros del oro tras horas de intensa frotación, remojo y enjabonamiento tanto del coche como de sí mismas, y que tienen cierto hábito de usar su propio cuerpo como esponja.

De adolescente sabía que un lugar así tenía que existir. Y ahora que estoy casado, mi mujer me dice que no, que no existe. O que si existe, está tan solo en mi imaginación. ¡Ay...! Mi imaginación es un bello lugar.


11 d’octubre, 2020

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #49).

Entrada 49

Hace unos días, un nuevo cartel llamó mi atención. Junto al margen de algunos ríos, señalaban el siguiente mensaje misterioso: “tramo libre sin muerte”. Me he indignado. ¿Cómo tramo sin muerte? Eso si que no lo había visto en la vida. ¿Como es posible que existan lugares en el mundo que estén exentos de la mayor de las certidumbres de la vida? ¡Eso no puede ser, hombre! ¿Y si resulta que necesitas cargarte a alguien urgentemente y estás en un “tramo libre sin muerte”? ¿Entonces qué? ¿Te chinchas? ¡Es injusto! ¿Y como puede hacer valer uno sus derechos ante otro tipo si no puede cargárselo para asegurarse de que no le pisotea? ¡Es lo peor que he oído en la vida! ¡Hasta ahí podíamos llegar!

En un movimiento reflejo, he sacado la Magnum para comprobar que, efectivamente aquél tramo estaba sin muerte. ¿Donde se meterán los peregrinos cuando los necesitas? He esperado. El cabrón se ha hecho esperar. Iba xino-xano, como si tuviera todo el tiempo del mundo para aguantar su lentitud.

La bala de la Magnum ha entrado en su cavidad torácica y ha salido por el otro lado con un gran salpicoteo de sangre y menudillos. El pavo ha seguido caminando a pesar del tiro. Efectivamente es un tramo sin muerte.

Pero quería una segunda opinión: me he puesto el pistolón en la sien y he apretado el gatillo. PUM.

Bueno, pues parece que definitivamente era un tramo sin muerte, ya que sigo aquí. De todas maneras nadie había dicho que fuera un tramo sin dolor. El dolor estaba ahí y era intenso. Y también lo era la pérdida de masa encefálica.

Sin embargo, debo reconocer que a medida que mi cerebro se iba colando por el agujero abierto por la bala, mi mente iba quedando en blanco: una sensación pacífica y placentera, la verdad. Preocupaciones, tensiones y otras miserias han ido escapando por el agujero junto con mi capacidad para hablar, pensar, leer y como no, escribir. Me temo, pues, que esto sea el fin del diario.



14 de maig, 2020

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #48).

Entrada 48
Un bestiajo que no estaba disfrutando el camino ha debido derrapar y se ha llevado por delante el km 61 del camino.
¿Será bruto el tipo? Porque los kilómetros están señalizados con un pilón de hormigón con una base de mas o menos 30 cm. Lo dicho: o era muy, muy brutete o el paisaje no lo disfrutaba nada, nada.
Ahora, el km 61 está por ahí tirado, a merced del primer vasco levantador de piedras que pase por allí y quiera llevárselo de recuerdo.



07 de març, 2020

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #47).

Dia 24.

Entrada 47.

Nos estamos acercando a nuestro destino. Parece que no se acaba de producir el ataque final, y yo tampoco encuentro una excusa plausible para eliminarla y que no sospechen nada los del seguro. Supongo que espera al final.  
A medida que nos acercamos, decidimos que podemos aflojar el ritmo, así podemos ir paseando con tranquilidad, viendo el paisaje y disfrutando de lo mejor que nos ofrece el viajecito: el camino mismo.
Es por eso que aún no hemos llegado, ¿vale? Otros hacen el camino con mas rapidez, si, pero son unos zopencos porque NO DISFRUTAN. Nosotros podríamos ir más rápido pero no queremos, ¿queda claro? Asi disfrutamos mas. ¿Vale? Y si, es verdad: estamos disfrutando MUCHO. Somos muy DISFRUTANTES.



20 d’octubre, 2019

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #46)


Dia 23.

Entrada 46.

Hoy, al salir, había otros peregrinos desayunando en el hotel. Hablaban de ésto y de lo otro, muy a la suya. Nosotros nos ocupábamos de nuestros asuntos, como Dios manda. Cuando se han marchado, no nos han dicho ni adios. Como si no estuviéramos. Tururú. Ella se lo ha tomado como una ofensa.
Pues nada, nos hemos levantado y hemos comenzado a caminar. Enseguida nos hemos situado detrás de las dos chicas, que tenían un parsimonioso caminar. Los tipos no estaban. Hemos imaginado que estarían por delante, pues su conversación dejaba claro que eran unos de esos "héroes del camino" capaces de hacer 70Km diarios a la pata coja.
Pues como nos habían caído mal desde el principio, hemos comenzado a despotricar de ellos alegremente, con desparpajo. Y en ésto que nos adelantan dos peregrinos. ¡Releches! ¡Eran ellos! Debían haberse rezagado visitando otro albergue.
Mientras pasaban junto a nosotros, nos hemos preguntado en silencio si nos habrían oido, mientras nos corría el sudor por la sien. Nada parecía indicarlo. Hemos empezado a respirar tranquilos.
Entonces he oído el familiar sonido de la anilla de una granada al ser arrancada con los dientes. El explosivo ha surgido de entre los dos caminantes, que no se han dignado ni a darse la vuelta, y ha caído a nuestros pies. La explosión ha diseminado nuestros cuerpos a diez metros a la redonda por un bucólico paraje gallego. Fin del diario.