10 d’abril, 2021

Diario de Jack Murphy (El de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (Entrada #50)


 Dia 28


Entrada 50.

Me sorprenden constantemente los topónimos locales. El otro día pasamos, durante una misma etapa por pueblos como “LAMEIROS”. Claro, desprevenidos como estábamos, nos tomamos el cartel a la entrada del pueblo como una voz imperativa en gallego, de manera que nos desnudamos ambos y empezamos a lamernos todo el cuerpo, no fuera a mosquearse el personal. Yo, con las costumbres locales, todo el respeto del mundo, oiga. Después, con sus vidas, ya hablaremos.

Algo más tarde llegamos al siguiente, “LIGONDE”, cuyo nombre ya te da una idea del talante de sus habitantes. Tan solo me quedaba una incógnita: ¿ligón de qué? ¿De playa? ¿De piscina? ¿De pueblo? ¿De feria? La verdad es que el suspense no me dejaba vivir. Y siempre que eso me ocurre, tengo que incendiar algo. Ya no busquéis LIGONDE en el mapa. Ahora solo encontrareis restos carbonizados.

Al poco hemos entrado en otro pueblo: un bonito lugar donde las peregrinas del camino se quitan la ropa para dejarse chupetear por el viajero masculino, como bien se indica en el letrero de la entrada: “LAMELAS”.

Lástima de estar viajando con la parienta. A la que mi obediente lengua ha salido de la boca, una patada voladora que tumbaría un elefante ha surgido de la nada, proyectándome 5m en lo alto. A continuación, a las chicas lamibles les ha venido un hostión de mano abierta (en circunstancias especiales, a mi señora se le dilata la mano como al doble o triple de su tamaño habitual) que las ha vuelto del revés.

Tras un improvisado vendaje para conservar juntas las cuatro partes de mi segmentado cráneo, atravesamos por fin “CASANOVA”: un pueblecillo parecido a LIGONDE, pero con un personal algo más maduro y sofisticado. Aunque claro, tienen un problemilla: la malsana tendencia a levantar parientas ajenas. Cuando en la plaza del pueblo lo han intentado con la mía, ha llegado de repente un extraño fenómeno atmosférico que sólo ocurre en su presencia: el “tornado de sopapo cuántico”. A 15 Km mas adelante todavía íbamos viendo lugareños de CASANOVA, colgando inconscientes de un alcornoque.

En cuanto al pueblo donde hemos entrado hoy, última etapa de nuestro tránsito hasta Santiago, tenía un nombre que sonaba algo así como “LAVACOCHES”.

La curiosidad de ésta exquisita población rural, es que sus habitantes son chicas de entre 17 y 23 años, sin más ropa que un escueto bikini, a las que les gusta juntarse en grupitos de hasta 4 para lanzarse sobre los vehículos aparcados y dejarlos como los chorros del oro tras horas de intensa frotación, remojo y enjabonamiento tanto del coche como de sí mismas, y que tienen cierto hábito de usar su propio cuerpo como esponja.

De adolescente sabía que un lugar así tenía que existir. Y ahora que estoy casado, mi mujer me dice que no, que no existe. O que si existe, está tan solo en mi imaginación. ¡Ay...! Mi imaginación es un bello lugar.


11 d’octubre, 2020

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #49).

Entrada 49

Hace unos días, un nuevo cartel llamó mi atención. Junto al margen de algunos ríos, señalaban el siguiente mensaje misterioso: “tramo libre sin muerte”. Me he indignado. ¿Cómo tramo sin muerte? Eso si que no lo había visto en la vida. ¿Como es posible que existan lugares en el mundo que estén exentos de la mayor de las certidumbres de la vida? ¡Eso no puede ser, hombre! ¿Y si resulta que necesitas cargarte a alguien urgentemente y estás en un “tramo libre sin muerte”? ¿Entonces qué? ¿Te chinchas? ¡Es injusto! ¿Y como puede hacer valer uno sus derechos ante otro tipo si no puede cargárselo para asegurarse de que no le pisotea? ¡Es lo peor que he oído en la vida! ¡Hasta ahí podíamos llegar!

En un movimiento reflejo, he sacado la Magnum para comprobar que, efectivamente aquél tramo estaba sin muerte. ¿Donde se meterán los peregrinos cuando los necesitas? He esperado. El cabrón se ha hecho esperar. Iba xino-xano, como si tuviera todo el tiempo del mundo para aguantar su lentitud.

La bala de la Magnum ha entrado en su cavidad torácica y ha salido por el otro lado con un gran salpicoteo de sangre y menudillos. El pavo ha seguido caminando a pesar del tiro. Efectivamente es un tramo sin muerte.

Pero quería una segunda opinión: me he puesto el pistolón en la sien y he apretado el gatillo. PUM.

Bueno, pues parece que definitivamente era un tramo sin muerte, ya que sigo aquí. De todas maneras nadie había dicho que fuera un tramo sin dolor. El dolor estaba ahí y era intenso. Y también lo era la pérdida de masa encefálica.

Sin embargo, debo reconocer que a medida que mi cerebro se iba colando por el agujero abierto por la bala, mi mente iba quedando en blanco: una sensación pacífica y placentera, la verdad. Preocupaciones, tensiones y otras miserias han ido escapando por el agujero junto con mi capacidad para hablar, pensar, leer y como no, escribir. Me temo, pues, que esto sea el fin del diario.



14 de maig, 2020

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #48).

Entrada 48
Un bestiajo que no estaba disfrutando el camino ha debido derrapar y se ha llevado por delante el km 61 del camino.
¿Será bruto el tipo? Porque los kilómetros están señalizados con un pilón de hormigón con una base de mas o menos 30 cm. Lo dicho: o era muy, muy brutete o el paisaje no lo disfrutaba nada, nada.
Ahora, el km 61 está por ahí tirado, a merced del primer vasco levantador de piedras que pase por allí y quiera llevárselo de recuerdo.



07 de març, 2020

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #47).

Dia 24.

Entrada 47.

Nos estamos acercando a nuestro destino. Parece que no se acaba de producir el ataque final, y yo tampoco encuentro una excusa plausible para eliminarla y que no sospechen nada los del seguro. Supongo que espera al final.  
A medida que nos acercamos, decidimos que podemos aflojar el ritmo, así podemos ir paseando con tranquilidad, viendo el paisaje y disfrutando de lo mejor que nos ofrece el viajecito: el camino mismo.
Es por eso que aún no hemos llegado, ¿vale? Otros hacen el camino con mas rapidez, si, pero son unos zopencos porque NO DISFRUTAN. Nosotros podríamos ir más rápido pero no queremos, ¿queda claro? Asi disfrutamos mas. ¿Vale? Y si, es verdad: estamos disfrutando MUCHO. Somos muy DISFRUTANTES.



20 d’octubre, 2019

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #46)


Dia 23.

Entrada 46.

Hoy, al salir, había otros peregrinos desayunando en el hotel. Hablaban de ésto y de lo otro, muy a la suya. Nosotros nos ocupábamos de nuestros asuntos, como Dios manda. Cuando se han marchado, no nos han dicho ni adios. Como si no estuviéramos. Tururú. Ella se lo ha tomado como una ofensa.
Pues nada, nos hemos levantado y hemos comenzado a caminar. Enseguida nos hemos situado detrás de las dos chicas, que tenían un parsimonioso caminar. Los tipos no estaban. Hemos imaginado que estarían por delante, pues su conversación dejaba claro que eran unos de esos "héroes del camino" capaces de hacer 70Km diarios a la pata coja.
Pues como nos habían caído mal desde el principio, hemos comenzado a despotricar de ellos alegremente, con desparpajo. Y en ésto que nos adelantan dos peregrinos. ¡Releches! ¡Eran ellos! Debían haberse rezagado visitando otro albergue.
Mientras pasaban junto a nosotros, nos hemos preguntado en silencio si nos habrían oido, mientras nos corría el sudor por la sien. Nada parecía indicarlo. Hemos empezado a respirar tranquilos.
Entonces he oído el familiar sonido de la anilla de una granada al ser arrancada con los dientes. El explosivo ha surgido de entre los dos caminantes, que no se han dignado ni a darse la vuelta, y ha caído a nuestros pies. La explosión ha diseminado nuestros cuerpos a diez metros a la redonda por un bucólico paraje gallego. Fin del diario.


04 de juny, 2019

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #45)


Entrada 45.

Los mosquitos son unos cabrones. Unos cabrones de mala especie, buenos para nada. Llevan picándome desde el inicio del viaje. Al principio sus picadas no representaron la más leve molestia, de manera que tuve una desacostumbradamente feliz convivencia con las picadas y los mosquitos que las provocaban. De repente, ésta mañana, todo cambió. Se me han inflado las picadas y me han comenzado a arder cosa mala. Mi cara parecía un mapa. Brazos y piernas estaban tan hinchados que más de uno me ha confundido con el increible Hulk. Aprovechando que ella tenía que ir a la revisión de los 150Km al hospital más cercano, la he acompañado a ver qué podían recetarme para las picadas. Yo, tonto de mí, creía que con una pomadita habría suficiente. Craso error.

El hospital estaba colapsado con las incontables urgencias. Me refiero a colapsado según los estándares gallegos, lo cual significa que hemos tenido que esperar en una sala vacía durante menos de un minuto, hasta que se ha abierto una puerta, ha salido el paciente anterior y una voz ha gritado: "el siguiente".
Ha sido en ese momento cuando un fragmento de mi psique me ha alertado de lo que iba a suceder a continuación. Y he caído en la cuenta de lo estúpido que había sido dejándome arrastrar al hospital sin sopesar siquiera esa posibilidad. Efectivamente. La doctora ha dicho "inyección" ¡Oh, no! ¡Si lo sabía! ¡Lo sabía! ¡¡Haber pillado muerte!!

Pues nada. He tenido que afrontar la circunstancia con energía, valor y toda la dignidad que me permitían mis posaderas descubiertas.


-¿Tienes alergia a algo? -me ha preguntado la enfermera.

¿Por qué me lo preguntaba? ¿Es que había posibilidad de provocarme un shock anafiláctico fatal?


-Esto tal vez duela un poco -ha añadido.

¿¿Pero qué cumbres del dolor iba a alcanzar para recibir tal advertencia por parte de una profesional entrenada para tratar de minimizar los impactos y tranquilizar a los atemorizados pacientes?? ¡Eso sólo podía resultar en una agonía indescriptible, peor que cuando aquellos elefantes me pisotearon por encima de los colchones de fakir!

La enfermera ha procedido al pinchazo cuando yo estaba casi a punto de neutralizarla con una patada voladora y salir huyendo por la ventana. Pero el pinchazo ha sido tan solo un poco molesto y en cuanto al dolor, lo habría sentido mayor al recibir el impacto de una pelota de ping-pong lanzada por un nonagenario. 

 



Mis picadas se han desinflado a la misma velocidad que la sangre abandonaba mi rostro y que el mundo entero se fugaba de mi campo de visión. Me he despertado tendido en la camilla con los pies en alto y la enfermera remojándome el rostro con amor y comprensión. Es una pena que me haya visto en mi momento de mayor vergüenza: tengo una imagen que mantener, de manera que iba a tener que matarla. Y me temo que también debía volar el hospital. No puede haber testigos.
Ahora, después de la masacre, ya estoy algo mejor de las picadas. Se ha rebajado la hinchazón. Lo malo es que el picor sigue. A falta de una solución mejor, ella me ha dado una cremita que podía ayudar a dicho problema, pues se ve que previene contra picores de indeterminada procedencia... en la zona vaginal.

Y así me encuentro ahora, poniéndome en la picadas de los putos mosquitos una cremita diseñada para aliviar los picores en el chocho.
Ésta mujer quiere hundirme antes de darme el golpe de gracia.

26 de novembre, 2018

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #44)

Día 22. Entrada 44.

Hoy hemos entrado en el camino por una población y, caminando por ella, nos ha dado una sensación extraña, familiar. Diríamos que ya habíamos pasado antes por allí. Hasta hemos empezado a reconocerlo:¡coño, pues claro! ¡el muy barcelonés barrio de Sarrià! ¡También está en Galicia! Lo que pasa es que los gallegos se olvidaron de poner el acento en todos los carteles. Imagino que debe ser por la ausencia de acento abierto (`) en los teclados locales. La cuestión es que hemos celebrado la feliz doble ubicación del entrañable barrio de clase alta para coger el metro, y en 10 minutos nos hemos plantado en casa, donde hemos pasado la tarde tranquilamente, viendo la tele, regando las plantas y aprovechando para recoger el correo atrasado. Después hemos cogido el metro de vuelta a Sarriá, y a seguir el camino.
Desde luego, qué lejos parecen estar las cosas a veces y qué cerca que están en realidad.