12 de gener, 2016

Relats: Luchadora (part 1), per escoltainvisible


No se si lo conocéis, es un juego que tiene el éxito asegurado en cualquier convención en la que se reúna una buena manada de chicos y chicas de entre 16 y 25 años... O en cualquier otro ambiente joven donde abunde la soltería. Se separa a varones y féminas en dos grupos de tamaño similar. A cada uno de ellos se les otorga un número y a cada una de ellas, una letra. Si no os gusta lo de los números y las letras también pueden usarse los nombres, pero entonces hay que asegurarse de que los participantes conocen los nombres de todos sus compañeros.

Ambos grupos forman un corro, intercalándose unos con otras excepto una persona escogida al azar, que se queda en medio. El juego comienza cuando la persona del centro llama a dos jugadores (o grita un número y una letra), que rápidamente se levantan y corren hacia el centro. Uno de ellos tiene el peregrino objetivo de darle un besito -en la mejilla, en principio- a la persona central. El otro, del sexo opuesto, tiene que tratar de impedirlo... por todos los medios a su alcance. Se considera que gana el segundo cuando consiga plantar otro beso -en la cara, de nuevo- al primero. Bueno, primera.

Ni que decir tiene que el juego es muy, muy bruto. Está prohibido pegarse, claro, pero la inexistencia de mayores reglas represoras hace que a lo largo del juego uno sea testigo de luchas encarnizadas y primigenias: persecuciones, inmovilizaciones, fugas, y mas de un severo batacazo se escapa siempre...

Por lo general suelen vencer los chicos. Y además suelen hacerlo con grandes alardes de superioridad física. Las victorias de las chicas, en cambio, suelen ser de otra índole: las hay que, con astucia y agilidad, son capaces de robar el beso antes de que los otros se den cuenta; hay algunas lo suficientemente rápidas (o pillan a sus contrincantes lo suficientemente empanaos) como para llegar al centro antes de que sus contrapartidas levanten siquiera el culo del suelo; y también hay unas pocas, las menos, que son capaces de imponerse en el plano físico.

Yo soy una de ellas.

03 de desembre, 2015

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (eventualidades de los viajes 3ª parte).

 Octava: policías. Las más diversas razones suelen llevar a los agentes de “la ley” a tocar las pelotas al sufrido viajero. Igual les molesta que lleves un pasaporte que no te pertenece, como les da por registrarte la maleta y confiscarte esa marihuana de primera que tanto te costó, o te impiden cruzar el arco de seguridad llevando tu inocente machete, tu magnum o el Kalashnikov.

En ocasiones se pondrán algo menos quisquillosos si aflojas la mosca, aunque yo, la verdad, prefiero cogerlos por el pescuezo y meterlos dentro del aparato de rayos X, que como todo el mundo sabe, son radiactivos y te fríen el cerebro. Si lo haces con rapidez y disimulo, podrás pasar el control de seguridad sin que nadie se de cuenta.

Novena: accidentes. Amigos, los desastres aéreos, terrestres y marítimos ocurren. Es una gran verdad. Así que cuando alguien intente convenceros de que no tenéis nada que temer al subir a un vehículo, desconfiad: en realidad no os quiere, y espera que os muráis para quedarse con la herencia.

Yo de vosotros cogería a ese alguien, lo ataría y amordazaría, lo metería en un saco y lo tiraría en la cuneta. Algún sopapo extra nunca está de más.

La cuestión no es si va a producirse un accidente, sino cuando. Las leyes de la probabilidad y la estadística están ahí para usarlas. Si se conoce que un 0.001% de los vuelos se estrellan, entonces procurad estar dentro del 99.999% restante.

Cada vez que se produce un accidente, el contador de probabilidades vuelve a ponerse a 0. ¡Si coges el avión al día siguiente en que otro se la pegó, las probabilidades de que le pase algo a tu aparato serán casi nulas!

Entonces, todo se reduce a saber cuando se la va a pegar un avión, ¿no? Bueno, pues te daré una pista: no hay que esperar. Si no quieres sufrir un accidente, provoca uno tu mismo el día anterior.

27 de juliol, 2015

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (eventualidades de los viajes 2ª parte).

Quinta: atracos a mano armada. Cuando los cacos pasan al siguiente nivel y van armados, lo primero que hago es repasar su arsenal en el catálogo de mi mente. Entonces yo saco el mío y empieza el tiroteo. No suele durar más de 20 minutos, pasados los cuales, si veo que los asaltantes llevaban algún elemento digno de figurar en mi colección, me lo agencio.

Sexta: secuestros. Son siempre un contratiempo que puede llegar a hacerte perder alguna conexión. Recuerda que un secuestrador siempre quiere dinero. Siempre hay que llevar un fajo de billetes o dos a mano para hacer el trámite lo más rápido posible. Para eso, tener contactos en el tráfico de drogas, de órganos, de armas o de pipas saladas, ayuda bastante. También el haberse fraguado una cierta reputación en dichos ambientillos.

Séptima: terroristas. Los reconocereis facilmente: uniformes militares, armamento como para conquistar un país pequeño, mucha mala leche y tendencia insana a destruirlo todo, incluyendo vehículos, personas, sus propios compañeros y, lo peor de todo: mi pasaporte.
Contra un ataque terrorista, lo que hay que hacer es no perder la calma. Nada hay que altere más a un terrorista como comprobar que sus acciones no consiguen su objetivo primordial: despertar el terror. Y entonces es cuando empiezan a cometer errores: en cuanto el uso de granadas, bombas, metralletas y subfusiles deja de tener efecto, entonces intentan razonar. Y ahí, seguro que les pillas.

27 de maig, 2015

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (1ª parte).

Entrada 43. 

¿Porqué nos gustará tanto viajar? Viajar es terrible. ¿Sabeis cuantas cosas pueden ocurrir durante un viaje? Yo sí. Las he contado. Es más: las he experimentado. Todas. Dejad que os cuente tan solo las más importantes:
La primera: el stress. Vas siempre con stress. Estás pendiente del reloj porque siempre hay un horario que cumplir, un tren que coger o un vuelo que perder.
Segunda: pérdida de equipaje. Esto quizá sea lo de menos. Yo viajo con varios seguros e intento no separarme de mis cosas. Y si todo falla, cojo al empleado del aeropuerto y le encañono con la magnum en el agujero derecho de la nariz. Os aseguro que el tipo suele volverse muy colaborativo.


Tercera: overbooking. Si no tienes prisa, esto puede convertirse más en una ventaja que en un inconveniente: te alojan en un hotel mejor, vuelas en primera, te dan dinero... Si tienes prisa, siempre se puede aplicar la misma solución que al problema anterior. También suele ir bien en este caso...

Cuarta: hurtos. No comprendo la extraña razón que impulsa a tantos amigos de lo ajeno a hacer de los turistas sus víctimas. Contra eso, nada como unos buenos reflejos de combate. Cualquiera que se aproxime a menos de un metro de mi espacio vital, sufre automáticamente una luxación traumática y terriblemente dolorosa que le deja el miembro inútil durante no menos de 48 horas.

19 d’abril, 2015

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #42)

Entrada 42. 

Al final de cada etapa siempre vivimos un momento de máxima incertidumbre. Se escucha cierto redoble de tambores cada vez que preguntamos al llegar al hotel “¿Tienen habitaciones libres?”. Invariablemente, las personas que encontramos en recepción nos miran con cara de pasmo, como si no supieran de qué les hablamos, como si ni siquiera tuvieran claro que regentan un hotel. Nos regalan la misma expresión que si les hubiéramos preguntado si tenían una berenjena en el culo. ¡Mecachis! Hombre, si tuvieran decenas de clientes... Pero me da la impresión que los hoteles a los que hemos ido, no hemos visto indicios de que hubieran ocupadas muchas mas habitaciones aparte de la nuestra.
Bueno, pues hoy, harto de la cara de berenjena, me he abalanzado sobre el tipo, lo he cogido por la solapa, lo he alzado en vilo...
Y el estampido de un trabuco ha roto el tenso silencio. Me ha cosido a perdigones. He comenzado a perder sangre por 15000 agujeros. Me he desplomado mientras mi señora le entregaba el DNI para empezar a rellenar la ficha. El dolor era terrible. He empezado a arrastrarme con las uñas hasta el hospital más próximo, el que está a 95Km. Tal vez, si llego a tiempo, podré conservar la vida. Si no, puede que esto pueda suponer el fin del diario.


18 de març, 2015

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #41).

Entrada 41. 

A la salida de uno de tantos pueblos leoneses de cuyo nombre ya no consigo acordarme, hemos visto cierto cartel que nos ha llamado la atención: “PEATÓN: en carretera circula por la izquierda”.
Debo decir que estoy completamente de acuerdo con la advertencia. Es mas: muchos peregrinos guiris tienen el puto vicio de circular por la derecha. Me pregunto porqué es así. ¿Acaso en sus paises de procedencia se circula por el lado contrario? En fin, creo que la campaña de información viaria del cartel va en la buena dirección, si bien se ha quedado un poco corta en cuanto a contundencia. Si dependiera de mí, hubiese puesto algo como “PEATÓN, ve por la izquierda, no seás MAMÓN”, o “PEATONES, caminando por la derecha, sereis unos CABRONES”, o tal vez “CAMINANTE, circula por donde toca, no seas TUNANTE” o quizás “PEREGRINO, si te pillo a la derecha, te voy a dejar FINO”, o incluso “EXCURSIONISTA te voy a dar un palo si te sales de tu PISTA”.


20 de gener, 2015

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #40).

Dia 20. 

Entrada 40. 

Siguen los obstáculos surrealistas. Por el camino donde bajábamos nosotros ha aparecido una estampida de vacas lanzadas a la carrera, con los cuernos por delante y muy mala leche (estas cosas se intuyen. Algo sé de vacas). Era como en los sanfermines, si los toros fuesen todos en un sentido y los mozos en el contrario.
Hemos tenido que esquivarlas una por una, a velocidad supersónica: una por un lado, otra por el otro, pasando hábilmente entre otras dos...
Como puede intuirse, el ataque era premeditado. Un tipejo con un perro iba azuzando a las vacas contra nosotros. Al verle, hemos saltado a lo “tigre y dragón” y hemos eliminado al tipo con el “soplamocos de la grulla que te pone mirando a Cuenca”.
Sin el fantoche para dirigirlas, las vacas han continuado su estampida sin rumbo ni dirección. De todas maneras, justo antes de pasar, la última de ellas ha soltado un traicionero latigazo con la cola a mi pareja, con tan mala pata que la ha hecho girar con triple tirabuzón y me ha caido encima. Auch.
Me ha roto lo menos 9 costillas. Se acabó el viaje.


13 de desembre, 2014

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #38).

Entrada 38. 

Me da la impresión que alguien nos sigue. Si, no es una manía persecutoria. Mientras andamos por el camino, me giro con cierta frecuencia y siempre encuentro allí a alguien que se aproxima. Intentan disimular. Lo se. Tratan de parecer peregrinos, pero creo saber quienes son. Me parece que siguen tratando de atraparme después de aquél asunto de los misiles nucleares que vendí a una pirotecnia cuyos propietarios tenían cierto acento caucasiano.
He hablado con ella del asunto. Juntos, hemos preparado una trampa para osos, de esas con estacas en el fondo. Nos hemos emboscado y hemos esperado a los espías. Por fin, han caido. Hemos salido del escondrijo y hemos acabado de rematarles con un yunque que hemos encontrado por ahí.
Pensaba que serían del MOSSAD, del KGB o de la CIA, pero no ha habido manera de encontrar sus identificaciones. Tal vez las hayan cambiado y ya no sepa reconocerlas. En fin: hemos tapado la trampa lo mejor que hemos podido y, ya con más tranquilidad, hemos continuado el camino. Al poco me he girado. ¡Maldición! ¡Dos tipos más nos seguían!
La mañana ha sido muy larga.



12 de novembre, 2014

Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #37).

Dia 19. 

Entrada 37. 

Cae la noche en la frontera galaico-leonesa. Son muchas las historias que hablan de terribles accidentes de tráfico cuyas víctimas vagan, aún en pena, por los alrededores de los lugares donde perecieron.
Éste tipo de historias me pone de un humor de perros. No me gusta nada contra lo que no pueda enfrentarme con mi magnum 45.
La noche de hoy era especialmente tenebrosa. Un viento que helaba el espíritu hacía tintinear un móvil de tubos de hojalata. Nosotros estábamos forcejeando en la oscuridad con la cerradura del siniestro hotel donde nos alojábamos, a pie de carretera.
De repente, hemos visto luces acercándose por la carretera. Eran 4 luces paralelas que se aproximaban a cierta velocidad, 2 delante y dos detrás. Lo que nos faltaba: extraterrestres. Afortunadamente, en mi vida he tenido contactos con algunos agentes de importantes agencias americanas, y me explicaron algunas cosillas. Nos hemos quedado ambos de pie junto a la carretera y hemos puesto cara de alelaos, con la mirada perdida. Es lo que hay que hacer. Ciertas civilizaciones del espacio exterior no pueden distinguirnos si nos quedamos quietos como estatuas. De manera que nos hemos puesto allí, mirándoles, muy quietos.
Y ha resultado que no eran extraterrestres. Mas bien un par de coches que, por alguna razón, después de vernos han comenzado a dar volantazos hasta que uno se la ha pegado contra un alcornoque y el otro se ha despeñado por un barranco.
Nos hemos mirado y los dos nos hemos lanzado a ayudar. Los hemos rematado con misericordia y hemos desaparecido de la zona a toda velocidad.