04 de novembre, 2016
24 d’agost, 2016
04 de juny, 2016
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (eventualidades de los viajes 4ª parte).
Décima: terremotos, maremotos, huracanes o volcanes. No
falla. Allí donde yo voy, siempre se presenta uno de estos
inconvenientes del viaje que acaban alterando ese bello paisaje que
tantas ganas tenías de fotografiar.
Los terremotos no son un gran obstáculo. Cualquiera que tenga un
sobrino muy movido, sabrá de lo que hablo. Un terremoto de 7 en la
escala de Richter equivale al berrinche que se lleva si en navidad
olvidas regalarle la playstation “ultimate definitiva de verdad de
la buena que si que si y si no que me muera aquí mismito” version.
Para los tsunamis, nada como una buena tabla de surf. La mayor ola es
la única buena. Lo demás es de mariquitas.
Los volcanes pueden estar muy calientes, cierto, pero nada que no
haya podido experimentar cualquiera que estuviera de servicio en el
delta del Mekong en 1972, cuando la aviación llenaba la selva con
napalm. Además, a la mayoría de los turistas os gusta poneros al
sol para pasar calor como unos capullos, eh, pillines? Pues en ningún
lugar va a hacer mas calor que bajo las cenizas de un volcan en
erupción. De manera que no os pongais tiquismiquis, poneros mejor el
bikini, preparad un cocktail de fantasía y a disfrutar! Eso si,
procurad que el cocktail tenga sombrilla. La ceniza volcánica le
deja un regusto horrible.
Décimo primera:
Abducciones extraterrestres. Esta es la incidencia vacacional más
impredecible de todas, si bien puedo asegurar que suele producirse
cuando menos te lo esperas. O sea: procurad tener siempre en mente
esta posibilidad. Si lo esperais, tal vez no se produzca.
En todo caso, cuando
sí se produzca, os informo de como será: estareis en una carretera
solitaria, de noche. En coche o sin él. La radio del coche, el motor
o cualquier otro tipo de máquina se parará como por arte de magia.
Luego aparecerá un misterioso foco de luz y tu, tus acompañantes y
tu vehiculo experimentareis una sensación de ingravidez.
Lo primero que
debeis hacer cuando esteis a bordo de la nave es preguntar la
procedencia del invasor. Es muy importante saber con quien estais
hablando y no perder ocasión para hacerle la pelota. Hay dos grandes
grupos de extraterrestres: los cabezones y los repugnantes. La
mayoría de los cabezones vereis que provienen de alfa-centauri. Es
normal, ya que son vecinos nuestros.
Algunos otros
proceden de la nebulosa shop'ernakuhn (o algo así). No debeis
confundirlos. Es muy importante ya que se odian bastante. Por lo
visto el alfa-centauri FC ganó la liga pasada con bastantes malas
artes la pasada temporada y los shop'ernakuhn aún no se lo han
perdonado.
Bien. Con el debido
peloteo, tendríais que ser capaces de llevar la conversación al
tema que mas les distrae. El futbol, por supuesto. Cuando hayais
logrado crear la adecuada atmosfera de intimidad y compadreo, podreis
convencerles de cualquier cosa. Vereis, aunque parezcan una
civilización la mar de avanzada y tecnificada, tanto los cabezones
como los repugnantes están constantemente buscando excusas para el
escaqueo. Yo me libré de ellos convenciendoles de que la especie
dominante del planeta tierra eran las sardinas en escabeche. De
manera que despues de volver a juntar todos los pedazos de mi cuerpo
que tenían ordenadamente diseminados en la mesa de exploración, me
devolcieron a mi planeta sano y salvo. El único reucerdo que guardo
de ellos es una especie de rubí brillante que me pusieron en el
cogote, que brilla con luz propia y que a veces hace "pip".11 de maig, 2016
12 d’abril, 2016
06 de febrer, 2016
Relats: "Luchadora" part 2 (i última), per escoltainvisible
A los pocos días entraba en casa de un perfecto desconocido para realizar la que iba a ser mi primera experiencia de lucha casera propiamente dicha. Era un muchacho que tendría a lo sumo dos o tres años más que yo, bastante alto y de pelo rizado, aunque corto en la nuca y en los laterales de la cabeza. Era muy majo y hospitalario: no dejó de hacer bromas todo el rato y me ofreció algo de beber. Se notaba que quería que me encontrara a gusto, cosa que agradecí, pues estaba algo tensa. Se llamaba Marcel. Hablamos un poco. Le expliqué que era primeriza en ésto y que no debía esperar mucho de mi. Estuvo encantado. Para él no suponía la primera vez del todo, aunque sí con una desconocida. Había luchado contra amigas suyas que no acababan de entender su extraña afición. Le dije que por mi parte no había problema. Yo si le entendía. Poco mas dijimos: había llegado el momento.
Marcel tenía el comedor preparado: disponíamos de un espacio muy amplio para pelear. Marcel se había pasado la mañana apartando muebles y había cubierto el suelo de colchones y mantas. Se lo había currado mucho: realmente allí había alguien que tenía al menos tantas ganas de combatir como yo misma.
Me propuso ir a una habitación para cambiarme si prefería, pero rehusé: al fin y al cabo había venido con todo lo que hacía falta puesto. Me despojé de la camiseta y los pantalones: debajo llevaba un sostén de deporte negro y unas bragas a rayas azules que no entrarían dentro de mi concepción de "ropa interior sexy" pero que eran muy cómodas y sufridas.
-¡Uau! -se le escapó a él, celebrando la contemplación de mi cuerpo y demostrando una vez más que los ojos de los tíos nunca se fijan en la ropa interior.
Marcel tenía el comedor preparado: disponíamos de un espacio muy amplio para pelear. Marcel se había pasado la mañana apartando muebles y había cubierto el suelo de colchones y mantas. Se lo había currado mucho: realmente allí había alguien que tenía al menos tantas ganas de combatir como yo misma.
Me propuso ir a una habitación para cambiarme si prefería, pero rehusé: al fin y al cabo había venido con todo lo que hacía falta puesto. Me despojé de la camiseta y los pantalones: debajo llevaba un sostén de deporte negro y unas bragas a rayas azules que no entrarían dentro de mi concepción de "ropa interior sexy" pero que eran muy cómodas y sufridas.
-¡Uau! -se le escapó a él, celebrando la contemplación de mi cuerpo y demostrando una vez más que los ojos de los tíos nunca se fijan en la ropa interior.
12 de gener, 2016
Relats: Luchadora (part 1), per escoltainvisible
No se si lo conocéis, es un juego que tiene el éxito asegurado en cualquier convención en la que se reúna una buena manada de chicos y chicas de entre 16 y 25 años... O en cualquier otro ambiente joven donde abunde la soltería. Se separa a varones y féminas en dos grupos de tamaño similar. A cada uno de ellos se les otorga un número y a cada una de ellas, una letra. Si no os gusta lo de los números y las letras también pueden usarse los nombres, pero entonces hay que asegurarse de que los participantes conocen los nombres de todos sus compañeros.
Ambos grupos forman un corro, intercalándose unos con otras excepto una persona escogida al azar, que se queda en medio. El juego comienza cuando la persona del centro llama a dos jugadores (o grita un número y una letra), que rápidamente se levantan y corren hacia el centro. Uno de ellos tiene el peregrino objetivo de darle un besito -en la mejilla, en principio- a la persona central. El otro, del sexo opuesto, tiene que tratar de impedirlo... por todos los medios a su alcance. Se considera que gana el segundo cuando consiga plantar otro beso -en la cara, de nuevo- al primero. Bueno, primera.
Ni que decir tiene que el juego es muy, muy bruto. Está prohibido pegarse, claro, pero la inexistencia de mayores reglas represoras hace que a lo largo del juego uno sea testigo de luchas encarnizadas y primigenias: persecuciones, inmovilizaciones, fugas, y mas de un severo batacazo se escapa siempre...
Por lo general suelen vencer los chicos. Y además suelen hacerlo con grandes alardes de superioridad física. Las victorias de las chicas, en cambio, suelen ser de otra índole: las hay que, con astucia y agilidad, son capaces de robar el beso antes de que los otros se den cuenta; hay algunas lo suficientemente rápidas (o pillan a sus contrincantes lo suficientemente empanaos) como para llegar al centro antes de que sus contrapartidas levanten siquiera el culo del suelo; y también hay unas pocas, las menos, que son capaces de imponerse en el plano físico.
Yo soy una de ellas.
Ambos grupos forman un corro, intercalándose unos con otras excepto una persona escogida al azar, que se queda en medio. El juego comienza cuando la persona del centro llama a dos jugadores (o grita un número y una letra), que rápidamente se levantan y corren hacia el centro. Uno de ellos tiene el peregrino objetivo de darle un besito -en la mejilla, en principio- a la persona central. El otro, del sexo opuesto, tiene que tratar de impedirlo... por todos los medios a su alcance. Se considera que gana el segundo cuando consiga plantar otro beso -en la cara, de nuevo- al primero. Bueno, primera.
Ni que decir tiene que el juego es muy, muy bruto. Está prohibido pegarse, claro, pero la inexistencia de mayores reglas represoras hace que a lo largo del juego uno sea testigo de luchas encarnizadas y primigenias: persecuciones, inmovilizaciones, fugas, y mas de un severo batacazo se escapa siempre... Por lo general suelen vencer los chicos. Y además suelen hacerlo con grandes alardes de superioridad física. Las victorias de las chicas, en cambio, suelen ser de otra índole: las hay que, con astucia y agilidad, son capaces de robar el beso antes de que los otros se den cuenta; hay algunas lo suficientemente rápidas (o pillan a sus contrincantes lo suficientemente empanaos) como para llegar al centro antes de que sus contrapartidas levanten siquiera el culo del suelo; y también hay unas pocas, las menos, que son capaces de imponerse en el plano físico.
Yo soy una de ellas.
03 de desembre, 2015
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (eventualidades de los viajes 3ª parte).
Octava: policías. Las más diversas razones suelen llevar a los
agentes de “la ley” a tocar las pelotas al sufrido viajero. Igual
les molesta que lleves un pasaporte que no te pertenece, como les da
por registrarte la maleta y confiscarte esa marihuana de primera que
tanto te costó, o te impiden cruzar el arco de seguridad llevando
tu inocente machete, tu magnum o el Kalashnikov.
En ocasiones se pondrán algo menos quisquillosos si aflojas la
mosca, aunque yo, la verdad, prefiero cogerlos por el pescuezo y
meterlos dentro del aparato de rayos X, que como todo el mundo sabe,
son radiactivos y te fríen el cerebro. Si lo haces con rapidez y
disimulo, podrás pasar el control de seguridad sin que nadie se de
cuenta.
Novena: accidentes. Amigos, los desastres aéreos, terrestres y
marítimos ocurren. Es una gran verdad. Así que cuando alguien
intente convenceros de que no tenéis nada que temer al subir a un
vehículo, desconfiad: en realidad no os quiere, y espera que os
muráis para quedarse con la herencia.
Yo de vosotros cogería a ese alguien, lo ataría y amordazaría, lo
metería en un saco y lo tiraría en la cuneta. Algún sopapo extra
nunca está de más.
La cuestión no es si va a producirse un accidente, sino cuando. Las
leyes de la probabilidad y la estadística están ahí para usarlas.
Si se conoce que un 0.001% de los vuelos se estrellan, entonces procurad
estar dentro del 99.999% restante.
Cada vez que se produce un accidente, el contador de probabilidades
vuelve a ponerse a 0. ¡Si coges el avión al día siguiente en que
otro se la pegó, las probabilidades de que le pase algo a tu aparato
serán casi nulas!
Entonces, todo se
reduce a saber cuando se la va a pegar un avión, ¿no? Bueno, pues
te daré una pista: no hay que esperar. Si no quieres sufrir un
accidente, provoca uno tu mismo el día anterior.
17 de setembre, 2015
30 d’agost, 2015
27 de juliol, 2015
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (eventualidades de los viajes 2ª parte).
Quinta: atracos a mano armada. Cuando los cacos pasan al
siguiente nivel y van armados, lo primero que hago es repasar su
arsenal en el catálogo de mi mente. Entonces yo saco el mío y
empieza el tiroteo. No suele durar más de 20 minutos, pasados los
cuales, si veo que los asaltantes llevaban algún elemento digno de
figurar en mi colección, me lo agencio.
Sexta: secuestros. Son siempre un contratiempo que puede
llegar a hacerte perder alguna conexión. Recuerda que un
secuestrador siempre quiere dinero. Siempre hay que llevar un fajo de
billetes o dos a mano para hacer el trámite lo más rápido posible.
Para eso, tener contactos en el tráfico de drogas, de órganos, de
armas o de pipas saladas, ayuda bastante. También el haberse
fraguado una cierta reputación en dichos ambientillos.
Séptima: terroristas. Los reconocereis facilmente: uniformes
militares, armamento como para conquistar un país pequeño, mucha
mala leche y tendencia insana a destruirlo todo, incluyendo
vehículos, personas, sus propios compañeros y, lo peor de todo: mi
pasaporte.
Contra un ataque
terrorista, lo que hay que hacer es no perder la calma. Nada hay que
altere más a un terrorista como comprobar que sus acciones no
consiguen su objetivo primordial: despertar el terror. Y entonces es
cuando empiezan a cometer errores: en cuanto el uso de granadas,
bombas, metralletas y subfusiles deja de tener efecto, entonces
intentan razonar. Y ahí, seguro que les pillas.
15 de juliol, 2015
29 de juny, 2015
27 de maig, 2015
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #43) (1ª parte).
Entrada 43.
¿Porqué nos gustará tanto viajar? Viajar es terrible.
¿Sabeis cuantas cosas pueden ocurrir durante un viaje? Yo sí. Las
he contado. Es más: las he experimentado. Todas. Dejad que os cuente
tan solo las más importantes:
La primera: el stress. Vas siempre con stress. Estás
pendiente del reloj porque siempre hay un horario que cumplir, un
tren que coger o un vuelo que perder.
Segunda: pérdida de equipaje. Esto quizá sea lo de menos. Yo
viajo con varios seguros e intento no separarme de mis cosas. Y si
todo falla, cojo al empleado del aeropuerto y le encañono con la
magnum en el agujero derecho de la nariz. Os aseguro que el tipo
suele volverse muy colaborativo.
Tercera: overbooking. Si no tienes prisa, esto puede
convertirse más en una ventaja que en un inconveniente: te alojan en
un hotel mejor, vuelas en primera, te dan dinero... Si tienes prisa,
siempre se puede aplicar la misma solución que al problema anterior.
También suele ir bien en este caso...
Cuarta: hurtos.
No comprendo la extraña razón que impulsa a tantos amigos de lo
ajeno a hacer de los turistas sus víctimas. Contra eso, nada como
unos buenos reflejos de combate. Cualquiera que se aproxime a menos
de un metro de mi espacio vital, sufre automáticamente una luxación
traumática y terriblemente dolorosa que le deja el miembro inútil
durante no menos de 48 horas.12 de maig, 2015
30 d’abril, 2015
19 d’abril, 2015
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #42)
Entrada 42.
Al final de cada etapa siempre vivimos un momento de
máxima incertidumbre. Se escucha cierto redoble de tambores cada vez
que preguntamos al llegar al hotel “¿Tienen habitaciones libres?”.
Invariablemente, las personas que encontramos en recepción nos miran
con cara de pasmo, como si no supieran de qué les hablamos, como si
ni siquiera tuvieran claro que regentan un hotel. Nos regalan la
misma expresión que si les hubiéramos preguntado si tenían una
berenjena en el culo. ¡Mecachis! Hombre, si tuvieran decenas de
clientes... Pero me da la impresión que los hoteles a los que hemos
ido, no hemos visto indicios de que hubieran ocupadas muchas mas
habitaciones aparte de la nuestra.
Bueno, pues hoy, harto de la cara de berenjena, me he abalanzado
sobre el tipo, lo he cogido por la solapa, lo he alzado en vilo...
Y el estampido de un
trabuco ha roto el tenso silencio. Me ha cosido a perdigones. He
comenzado a perder sangre por 15000 agujeros. Me he desplomado
mientras mi señora le entregaba el DNI para empezar a rellenar la
ficha. El dolor era terrible. He empezado a arrastrarme con las uñas
hasta el hospital más próximo, el que está a 95Km. Tal vez, si
llego a tiempo, podré conservar la vida. Si no, puede que esto pueda
suponer el fin del diario.
25 de març, 2015
18 de març, 2015
Diario de Jack Murphy (el de la ley de Murphy) por el camino de Santiago (entrada #41).
Entrada 41.
A la salida de uno de tantos pueblos leoneses de cuyo
nombre ya no consigo acordarme, hemos visto cierto cartel que nos ha
llamado la atención: “PEATÓN: en carretera circula por la
izquierda”.
Debo decir que estoy
completamente de acuerdo con la advertencia. Es mas: muchos
peregrinos guiris tienen el puto vicio de circular por la derecha. Me
pregunto porqué es así. ¿Acaso en sus paises de procedencia se
circula por el lado contrario? En fin, creo que la campaña de
información viaria del cartel va en la buena dirección, si bien se
ha quedado un poco corta en cuanto a contundencia. Si dependiera de
mí, hubiese puesto algo como “PEATÓN, ve por la izquierda, no
seás MAMÓN”, o “PEATONES, caminando por la derecha, sereis unos
CABRONES”, o tal vez “CAMINANTE, circula por donde toca, no seas
TUNANTE” o quizás “PEREGRINO, si te pillo a la derecha, te voy a
dejar FINO”, o incluso “EXCURSIONISTA te voy a dar un palo si te
sales de tu PISTA”.
14 de febrer, 2015
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